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De paso en Ciudad de México

Estoy de paso en Ciudad de México. Apenas 26 horas respiraré los aires ahora frescos y menos contaminados de la capital. Contra los pronósticos, no había lluvia al tocar tierra; el clima es benigno para el visitante tropical.

El traslado del aeropuerto al hotel fue paseo. Cansado de las horas de espera y de estar sentado en un espacio diseñado para personas de unos 130 centímetros de altura, aproveché el final de la tarde y salí a caminar por Insurgentes hacia el sur, en territorios conocidos y algunos entrañables.

Frente a los restaurantes Saks saqué el teléfono del pantalón, sin precaución, y quise tomar una foto al camellón de tonos verdes, para recoger el contraste con las luces amarillas que comenzaban a iluminar el pavimento negro mojado.

Unas llamadas me distrajeron poco antes de la foto. Un chico joven, vestido de negro y chamarra para tiempos más fríos, me estiraba la mano con un billete. Se le cayó, me dijo. Sorprendido, apenas agradecí cuando él ya enfilaba a su kiosco en la diagonal.

He vivido y caminado muchas veces estas calles. Jamás vi o viví algo semejante. En mi anterior parada en el mismo hotel, a 350 metros en sentido contrario, presencié un asalto de tres tipos en moto a un par de ancianos esperando el semáforo en verde, a centímetros de la avenida que atraviesa la ciudad. Así nomás, mientras todos mirábamos y los barbajanes con sus pistolas forcejeaban con el anciano que salía tras ellos desesperado y tratando de pedir auxilio.

Pues ahí mismo me sucedió este milagro de la honestidad, que me hace creer que por cada uno de aquellos tres sátrapas existen muchas buenas personas, que, por ejemplo, te devuelven un billete y de paso una sonrisa. ¡Más nos vale que así sea!

Otro foro sobre educación

Esta mañana estuve en el Archivo Histórico de la Universidad de Colima en el foro convocado por la delegación Colima de “Maestros por México”, para recoger aportaciones que sirvan a las leyes secundarias en materia educativa.

Fue una jornada interesante, de aprendizajes variopintos. En principio, esperaba mayor asistencia; los organizadores no, supongo, porque las sillas para las mesas de ponencias fueron justas. La ceremonia de apertura fue un poco más larga de lo habitual, con una intervención extensa del dirigente regional de la organización convocante, centrada en la agenda para la aprobación de las leyes secundarias y el compromiso político que les demanda. El discurso de la diputada federal Rosi Bayardo me resultó fresco e interesante. Lamento que ambas, ella e Indira Vizcaíno, no tuvieran más tiempo para atender un tema que es de la máxima importancia, cuando de discursear se trata.

La conferencia magistral de Gabriel Romero fue una excelente pieza de oratoria magisterial, salpimentada de humor, con mezcla de novedades, anécdotas y puntadas para la discusión. Un buen pretexto para reflexionar, aunque luego de la también muy larga disertación, solo aceptara preguntas que los asistentes no formulamos. No tenía preguntas, solo contrapuntos, pero obediente, no levanté la mano. Es un rasgo característico de algunos que se asumen muy progres y abiertos: hablan, hablan y hablan, pero tienen poco ánimo de escuchar a los otros.

Las mesas de ponencias fueron ricas en otros aprendizajes. En la mía, la 3, solo hubo 1 ponencia. Vinieron las aportaciones, mezcla de críticas, sugerencias, anécdotas. Escuché y tomé nota. Nada más. Así terminó el foro y me vine con un mar de preguntas, muchas dudas y algunas certezas.

Fin de cursos

El jueves pasado tuve mi última clase del semestre escolar en la Universidad. La semana siguiente los alumnos prepararán su trabajo final y lo presentarán ante su maestra de Práctica pedagógica y conmigo.

Es el momento de balances. El mío es satisfactorio. Siempre hay manera de mejorar lo que hacemos: eso pudo ser distinto, pude cambiar ese tema, incluir una actividad o una lectura allá. Siempre. De la revisión crítica saldrán propuestas para la nueva ocasión.

Luego de tres años en que estuve más concentrado en las tareas del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, este semestre volvió a la docencia con alegría y asumiendo el desafío de impartir un curso inédito para mí, de una práctica que desarrollé durante dos décadas: la gestión educativa. Tenía ganas de un curso así, para compartir experiencias e intenciones, para incursionar con los estudiantes en un campo urgido de visiones frescas, de renovados compromisos, como la conducción de las escuelas.

Disfruté la experiencia y creo que logré aprendizajes en el grupo, de la misma forma en que estoy seguro de los aprendizajes que me sembró el semestre y las relaciones pedagógicas.

En la semana también se presentó en un seminario de avances la primera de las tres tesis que elaboran los estudiantes del último grado; la próxima semana será turno de las restantes. De todas también he aprendido por el nivel de avance y porque los temas profesionalmente me interesan mucho.

¡Un fin de cursos mejor de lo que imaginé en mis buenos pronósticos!

El chasquido de Trump

El entonces candidato presidencial de Morena, AMLO, había dicho que pondría a Donald Trump en su lugar. Cumplió su promesa y amenaza. El presidente de los Estados Unidos es un negociador virulento y con sus chasquidos, en forma de tuits, va colocando la soga donde se asfixia el margen de negociación de los gobernantes de la cuarta transformación.

Trump, con mucha mano izquierda y un poquito de derecha, chasquea sus dedos y en pocos días nos arrodilla. Lo peor no es que ocurrió una vez, es que es apenas el principio. Peor, también, es que se celebre tomar solo un poquito de cicuta, sonrientes, hasta que el agente naranja diga lo contrario.

El placer de leer a los estudiantes

Quiero evitar generalizaciones abusivas o bondadosas. No sé si otros profesores experimentan placer cuando leen los trabajos de sus estudiantes. Yo puedo afirmarlo ahora.

Explico. Encargué a los estudiantes de pedagogía, desde la primera semana del semestre escolar, realizar una experiencia colectiva, familiar, que llamé: La universidad en casa. Se describe breve y simple, creo: que los alumnos tomen por asalto la sala de su casa o el comedor, para compartir con sus papás o hermanos, principalmente, un tema de los que solemos abordar en las aulas universitarias, a partir de una noticia, un libro, una lectura, un tema, un video. Luego, hecha la actividad, la escriban e, idealmente, lean lo escrito frente a la clase.

El experimento resultó fantástico. Los resultados estuvieron por encima de lo esperado gracias al compromiso mostrado por los muchachos y la acogida familiar a la iniciativa. Algunos de los testimonios los fui escuchando en palabras y rostros emocionados, cuando desgranaban las anécdotas y luego recibían los generosos comentarios de sus compañeros.

La escucha de los reportes, sobre todo sus expresiones emocionadas me produjeron sensaciones gratísimas.

En días pasados leí los 25 reportes casi sin parar, rutina que en otro tipo de tareas es poco menos que imposible, pues obliga a tomarme respiros y dedicarme a otras. Esta vez no, pasé de uno a otro, conocí un poco de la intimidad de sus familias, de sus ambientes, de las emociones y, en muchos casos, las inéditas sensaciones despertadas.

No sé para ellos, para mí, las narraciones personales y la suma me produjeron aprendizajes valiosos, casi tanto como si hubiera participado en cada situación.