CARTA A UN MAESTRO

En esta semana de vacaciones el insomnio ronda mi cama. Decidido a dormir más de lo habitual, cuando logro empezar la travesía más temprano, a las tres o cuatro de la mañana el cuerpo reclama pararse. Por la geografía del colchón no tengo más remedio que tomar mi ipad, paciente al lado, y retomar la lectura. Anoche sucedió de nuevo. Fui a buscar en mi biblioteca. Dos libros abiertos esperaban. Viajar sin ver, de Andrés Neuman, singular relato del viaje latinoamericano emprendido por el autor cuando ganó el premio Alfaguara de novela en 2009. Ad hoc para fechas en que sobra tiempo. El otro, Yo soy Malala, la historia de la joven paquistaní que este año recibió el premio Nobel de la Paz. Primero fui a Neuman y recorrí la ciudad de México, Monterrey y las pirámides de Teotihuacán, y luego a Malala. Aquí encontré fragmentos de la carta que enviara Abraham Lincoln al maestro de su hijo. No la conocía y por eso vine a este Cuaderno para dejar constancia y compartir la pedagógica sabiduría del presidente estadounidense:

Enséñele, si puede, la maravilla de los libros… Pero dele también tiempo para pensar sobre el eterno misterio de los      pájaros en el cielo, las abejas al sol y las flores en la ladera verde. Enséñele que es mucho más honorable fracasar que engañar.

 

 

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