DE VACACIONES CON UN PUÑADO DE LIBROS

Cuando se vive cada día al límite, o lo más próximo, es decir, cuando se disfruta el cotidiano trajín, con sus penas y alegrías sin exageraciones; cuando se vive igual el domingo o el viernes sin sufrimientos excesivos, ni gozos ficticios, entonces las vacaciones no son el oasis en el desierto, o la isla en el horizonte del naúfrago: las vacaciones son un paréntesis.

Primero, no hay que perderlo de vista, las vacaciones no son un derecho universal efectivo, sino de quienes tenemos un empleo y ciertas condiciones, circunstancia que no se cumple en todos aquellos que tienen un salario regular.

Pasar por la vida sufriendo cuatro meses para luego tener derecho a un par de semanas de felicidad parece un costo alto. Eso creo. Porque entonces la vida se disfruta sólo dos o tres meses en el año, y se tiran por la borda los otros nueve o diez meses. Es demasiado desperdicio. Así es, más o menos, como pretendo vivir las vacaciones.

Soy bastante austero para divertirme y no necesito demasiado para pasarlo bien. Alguna vez leí que entre más superficiales somos más dinero necesitamos para divertirnos. Me gusta ese argumento, a riesgo de parecer fatuo.

En este periodo preparé mi maleta de vacaciones con un puñado de libros. Estoy seguro que no terminaré de leerlos en los días restantes, pero sí que los empezaré todos; y ya comencé. No me equivoqué en la elección. Concluí un par de novelas de Stieg Larsson y Nicolas Barreau. Distintas, un poco disparejas, pero igualmente las gocé. Estoy ahora con “Figuraciones mías. Sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar”, de Fernando Savater. Por cierto, después de haber tenido la suerte de pasar varias horas en amenas conversaciones con el filósofo español frente al mar de Armería o en el restaurante de su hotel, ahora, cuando lo leo, en algunos momentos me sorprendo con su imagen frente a mí, más que leyéndolo, conversándolo.

Junto a Savater sigo leyendo otra voluminosa biografía de Joaquín Sabina, “Pongamos que hablo de Joaquín” y, como acostumbro en Semana Santa, “El Evangelio según Jesucristo”, de José Saramago, uno de mis más entrañables escritores. En turno aguardan Leonardo Padura, mi colega y maestra Rosa María Torres, otro par de novelas y un informe sobre el derecho a la educación. Tengo que confesar que no cabía uno más, así que dos mujeres esperarán próxima ocasión: la estupenda Almudena Grandes y la no menos grande Rosa Montero.

No es que sólo lea y nada más que lea en vacaciones, pero sí es que buena parte de los días los paso y pasaré entre libros. Por ahora les dejo aquí, a estas líneas y en las lecturas, pues mis hijos me urgen para caminar por la playa y disfrutar el sol de una mañana espléndida.

Comentarios

  1. 2B Celso Alejandro Maldonado Mendoza dice:

    I like the phrase “the more superficial we need more money for fun” with which I totally agree, we need more than enthusiasm for fun. It is completely true that books can make us happy, but more than that, you read the right book transmit a lot the happiness, sadness, despair. There is a phrase of Edgar Allan Poe that says “During the time of the reading, the soul of the reader is subject to the will of the writer”.
    I really liked the article 🙂

  2. 2B Salvador Alejandro Corona Silva dice:

    It is unfortunately true what you say
    everyone enjoyed the holidays only
    why not enjoy forever? so you see we are busy, but you have to enjoy
    you made me think differently after reading this article
    thank you.!

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