LA COSTUMBRE DE MENTIR

El 15 de junio en su cuenta de Twitter Alfredo Llorente, director general del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), escribió: “México es el único país del mundo que brinda servicios educativos a sus connacionales en el exterior”. Me sorprendió la afirmación y la leí una, dos veces. No es una ligereza lo que dijo: es una mentira.

¿Cómo se puede mentir con esa desfachatez? Pensé. Y heme aquí, intentando responderme.

No sé cuál es la fuente en que se basó, si es un dato de alguno de sus asesores, si lo informaron mal o si nada más se le ocurrió descubrir el hilo negro. Un sólo ejemplo de otro país en el mundo sería suficiente para demostrar la mentira. Se lo mostré en Twitter pocos minutos después con el caso de Argentina, del cual supe por comentarios de usuarios reales. Desde la página principal de su Ministerio de Educación se puede abrir una liga que orienta sobre los servicios que tienen los argentinos en cualquier parte del mundo. Allí está a la vista.

En Ecuador conocí el caso de la Universidad Técnica Particular de Loja, una institución privada de educación superior con sedes en Nueva York, Madrid, Roma y Bolivia, para la atención de sus ciudadanos que viven fuera de su país. No necesito más ejemplos.

Me sorprendió la mentira, lo confieso. Por su tamaño y por su naturalidad. Pero no debí sorprenderme, creo. El mundo de la educación en esta país está repleto de funcionarios que van brincando puestos (no conozco el caso del referido), que son expertos del tema que les pongan, a partir del nombramiento; que se convierten en líderes de la noche a la mañana. Y cuyos resultados, como cabe suponer, difícilmente serán dignos del recuerdo agradecido.

Tampoco me habría sorprendido, lo digo con sorna, si hoy los medios, ciertos medios, titularan una nota con lo mismo que leí anoche. Es decir, que esos medios informativos que sólo funcionan como oficialía de partes hubieran tomado un boletín o hecho un boletín, y luego difundido sin averiguar la veracidad, sin preguntar, sin contrastar, sin pensar un momento antes de reproducirla. Porque esos muchos políticos que hacen de la mentira un hábito tienen complicidades en un sistema político que los creo, pero también, en medios y pseudoperiodistas que denigran su oficio por flojera, incompetencia o corrupción.

Pero la solución no son los políticos ni los medios, son los ciudadanos los que tenemos la obligación de creerlo o no, de desmentirlo o no, de exhibir las impudicias o no, de seguir confiando o no… en los medios y en los políticos. Y no puedo menos que recordar las palabras magistrales de Fernando Savater en el Teatro de la Universidad de Colima: si los políticos que gobiernan lo están haciendo mal, peor lo estamos haciendo nosotros que los votamos.

 

 

 

 

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