Lecturas provocadoras

Eugenia Rico, escritora española, en su cuenta de Twitter preguntó: ¿qué pasaría si los autores tuvieran que leer sus obras?

Provocación pura. Podríamos agregar otras interrogantes: ¿comprarían esa novela, ese libro de poesía si otro lo hubiera escrito?

La idea me gusta para extrapolarla al ámbito académico. ¿Qué sucedería si los profesores e investigadores tuvieran que leer sus libros, reportes de investigación, artículos científicos? ¿Los comprarían?

Lecturas para el silencio

Soy reacio a los libros de superación personal (incluyendo novelas de autores famosísimos). Pero no opino mal de quienes los leen. Por respetables razones lo harán y algo positivo obtendrán.

En cambio, soy más o menos asiduo a otros que convocan a la reflexión sobre la condición humana. Adviértase: no intento comprender al homo sapiens o su incierto futuro, menos tengo deseos redentores, por nadie o nada, aunque mi vocación educadora obliga a cierto optimismo.

Así llegó a mis manos Fluir. Una psicología de la felicidad, de Mihaly Csikszentmihalyi. Esta mañana, mientras escucho a lo lejos una máquina de podar pasto, encuentro muchas ideas que obligan a la reflexión. Y desearía seguir leyendo si no me esperaran varios compromisos laborales. Comparto tres de esos pensamientos inquisitivos:

¿Cuántas personas que usted conoce disfrutan con lo que están haciendo, cuántas están lo suficientemente satisfechas con lo que les ha tocado en suerte, cuántas no se lamentan del pasado y miran hacia el futuro con confianza?

Las raíces del descontento son internas…

Mientras que la humanidad ha incrementado colectivamente sus poderes materiales cientos de veces, no ha avanzado mucho en términos de mejorar el contenido de su experiencia.

Detengo la lectura unos minutos en cada párrafo para rumiar ideas, para responder (o tratar) las preguntas.

Espero que quien me lea, haga lo propio. Y para no interrumpirlos, callo, es decir, termino.

 

 

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