MUJER QUE CHATEA EN BICICLETA BAJO EL SOL

Si tuviera en mi genio el arte de la pintura y debiera pintar la imagen que vi esta mañana parado en un semáforo, la llamaría así: Mujer que chatea en bicicleta bajo el sol del mediodía. O algo semejante.

No sé si la imagen es clara o debo ilustrarla con palabras. Es sencillo, o eso presumo.

Antes del mediodía, parado en la esquina entre las pizzas del sombrero (de malas a muy malas, si quieren una apreciación culinaria; carísimas, si la cruzamos con el precio) y City Club, esperaba el verde sin prisa y sin orden. Tranquilo nomás. Frente a mí, o exactamente a la izquierda, vi atravesar una bicicleta con mujer montada. Se notaba diestra, preparada con casco y aditamentos. Entre los autos su figura pasó rauda y reapareció al costado, con una sonrisa casi escandalosa. La seguí con los ojos y entonces, sorpresa, advertí la razón de su buen humor: la mano izquierda sobre el manubrio, firme de conducción, y la derecha con un teléfono inteligente, a juzgar por el tamaño. Leía y chateaba. Fue un instante apenas, el que tardó en pasar su bicicleta mientras esperaba el siga.

La reacción inicial fue de sorpresa; la segunda y la tercera, también. Primero, porque transitar en la “ciclovía” es un gesto de buena voluntad con el ex alcalde de esta ciudad, o un acto suicida que no mide las consecuencias del pésimo trazado y la peor instrucción vial de sus conductores. En segundo lugar, porque al acto bienintencionado o solidario hay que sumarle la irresponsabilidad de hacerlo con un teléfono en la mano y distraído en su lectura.

En fin. Cada uno es cada cual. A mí, por eso y otros miles de ejemplos que no vienen al cuento, no me vendan a las mujeres (en abstracto) como el paradigma de nada. Conozco mujeres maravillosas, increíbles y otras, menos, como la chica que vi circulando con su bicicleta y teléfono en mano, chateando bajo los rayos del sol de mediodía.

Deja tu comentario