Reuniones escolares de madres de familia

Tengo ya las primeras reuniones de padres (y madres, que son mayoría) de familia en las escuelas de mis hijos. Hoy comienzo. Escribo estas líneas justo antes de partir.

Probablemente por las demasiadas expectativas en el bucle que deberíamos formar las familias y la escuela, pienso que lo hecho es claramente insuficiente. En general persiste una visión sobre las reuniones, sintomática de su arraigo: los padres somos depósitos de información.

Las familias son desaprovechadas por la escuela en su potencial pedagógico. A lo más que llegamos es a recibir la invitación para asistir un día a leer un cuento o escuchar una conferencia. Con excepción de la lectura, todo lo demás nos concede el triste papel de consumidores resignados.

Es una pena que suceda así. Es verdad que muchos padres no podrían implicarse durante la jornada, por sus otros compromisos adultos, pero podrían encontrarse espacios edificantes en momentos cruciales del calendario.

La investigación demuestra que el peso de las familias en la posibilidad de alcanzar mayores logros de aprendizaje puede ser muy alto, o no favorecer en modo alguno. Es decir, que si la escuela incentivara a que la familia se convirtiera en socia, y no solamente en cliente o rehén, los resultados podrían ser superiores.

En una de las escuelas que visité dentro de mi trabajo de investigación en campo, las mamás de los niños de una comunidad pobremente escolarizada se encargaron de impartir un club de cocina a los niños, sus hijos. Ellas eran participantes activas, protagonistas. No sé si debo decirlo o ya se insinúa: los resultados son extraordinarios.

Las mamás y los papás podrían ser más importantes para la escuela. Pero es necesario construir una relación diferente, convertirlos en un agente pedagógico. ¿Me tocará verlo pronto, y contarlo?

Comentarios

  1. María del Rosario dice:

    Es verdad, y cuando maestras jubiladas somos parte de esa comunidad mejor saludos, lo comparto

Deja tu comentario Juan Carlos Yáñez Velazco