COLIMA Y LA PANDEMIA

Los domingos de esta cuarentena interminable opté por disminuir casi a cero mis actividades laborales para la Universidad. Hoy no fue la excepción. La tesis del equipo de Gabriela, Elías y Uriel me espera a mañana, para revisarle detalles finales y expedirles la carta de aprobación; así será con las tareas que me enviaron los estudiantes del curso. Muy temprano me desembaracé del compromiso de la columna semanal y por la noche solo quedaba un par de revisiones finales.

Los domingos es el único día que descanso todo lo que puedo, pero no me desparramo en el sillón a ver la tele o tirarme selfis. Es divertido y respeto a quienes lo hacen, pero les envidio: me aburro.

Descanso como me gusta y recupero energía: en silencio, a veces meditando, mirando el cielo o leyendo en territorios lejanos a la academia. Las películas no son mi afición favorita. Escuchar y ver música sí, eso me gusta. En ello estaba esta noche, cansado ya, cuando abrí Twitter. Me arrepentí. La cifra de muertos y contagiados por COVID-19 en Colima no para. Leí varias notas al respecto, y recordé mi salida más reciente a Soriana, con el alboroto en las calles como un día cualquiera; recordé el viernes que Mariana y yo debimos pasar a su colegio para recoger libros y materiales, con el lleno del estacionamiento en Walmart al mediodía. Entonces, solo me queda cerrar los ojos, esperar que la noche termine y que la curva se aplane de una puta vez.

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