Dos horas perdidas

Esta mañana he perdido dos horas de mi tiempo esperando ser atendido por una empleada bancaria. 120 minutos de espera y dos minutos de atención apenas, para un trámite que no puedo realizar de otro modo.

Salí temprano para estar media hora antes de la apertura de la sucursal. Otros, igualmente avispados, pero más rápidos, llegaron primero, así que fui el 12 de la fila. Calculé la espera y supuse, ingenuo, que no sería tan lento. Una hora después de abrir la sucursal los diez primeros todavía no salían, porque los primeros primeros son esos muchachos con pequeñas valijas que llegan para realizar montones de trámites. A las dos horas, justamente, cuando miré el reloj del teléfono me percaté de la coincidencia entre el inicio y el fin de la expedición.

No sufro tanto los bancos ya, en las pocas ocasiones que acudo. Llevo un libro conmigo, un bloc de apuntes y aprovecho. Pero no dejan de ser el día más infausto de cada mes o cada dos meses que me corresponde vivir la ansiedad de la impaciente espera.

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