Relevancia de las tareas escolares

Las semanas previas presenciamos, vivimos y, en algunos casos, sufrimos una situación inédita. Las casas se convirtieron en espacio de la escolarización formal, es decir, sustituyeron a la escuela por la cuarentena.

No tengo elementos para juzgar la experiencia colectiva, más allá de comentarios en redes sociales. Es evidente que el sistema educativo no estaba preparado, como tampoco lo estamos en casa para enfrentarnos a un forzoso experimento social.

El análisis de la contingencia y sus implicaciones educativas podría comprender varios temas; entre ellos, las tareas. Debate antiguo pero vigente, polémico en distintos países que lo han discutido en las más altas tribunas políticas: ¿es recomendable encargar tareas para casa?, ¿sí, cuántas?, ¿qué relevancia tienen esas tareas?,¿cuál es la calidad de la retroalimentación que hacen los maestros? Y la crucial: ¿qué aprenden los niños con tareas?

Hace un siglo, Adolphe Ferriére, uno de los creadores del movimiento conocido en el mundo como la Escuela Nueva, escribió un texto para la reflexión. Escúchenlo.

Y según las indicaciones del Diablo, se creo el colegio. El niño amaba la naturaleza: lo recluyeron en salas cerradas… Le gustaba moverse: lo obligaron a quedarse quieto. Le gustaba manejar objetos: lo pusieron en contacto con las ideas. Le gustaba usar las manos: solo pusieron en funcionamiento su cerebro. Le gustaba hablar: lo relegaron al silencio. Quería razonar: lo hicieron memorizar… Le hubiese gustado entusiasmarse: inventaron los castigos. Entonces los niños aprendieron lo que nunca hubiesen aprendido sin esto: supieron disimular, supieron hacer trampa, supieron mentir.

Con abril llegaron las vacaciones. Los niños tendrán descanso de tareas y clases en línea.

A mí me gusta sacar provecho de las circunstancias. Sigo añorando un mensaje de las escuelas a las familias, una pregunta, una petición: ¿cómo salimos adelante juntos de la contingencia pedagógica?

Escuelas que preguntan, padres que participan y se comprometen de otras formas, niños que aprendan felices podría ser la gran lección de este año funesto.

Soy Juan Carlos Yáñez Velazco. A partir de hoy nos encontraremos aquí cada quince días para conversar de temas educativos.

 

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