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MUNDO FACEBOOK

facebook-twitter4.jpg_640_640Conozco muchos aficionados-adictos a la red social Twitter, tuiteros, se autodenominan, que suelen apalear a los feisbukeros, aficionados-adictos del Facebook, con cuestionamientos a veces denigrantes sobre su capacidad intelectual, al grado extremo de su fundamentalismo, que ponen en tela de juicio la pertenencia a la selecta clase del “homo sapiens” donde caben, entre otros ejemplares, personajes como Laura Bozzo, George Bush, Bin Laden, el Chapo Guzmán, diputados, senadores y los conductores de los programas de chismes, abundantes en México y Argentina.

Aclaro de una buena vez: me tienen sin cuidado los tuiteros y sus expresiones groseras, aunque no pocas veces carecen de fineza en el estilo o en el lenguaje. En otros tiempos probablemente me enzarzaría con ellos en discusiones sin otro afán que desenvainar espadas y discutirles: bizantinos serían los intercambios, por supuesto. Como lo tengo muy claro, no lo he hecho ni lo haré jamás de los jamases.

Cada quien es cada cual, canta el maestro Serrat. Cada cual tiene derecho a decir lo que le plazca, y a criticar a quien le pegue la gana, pero a mí, por lo menos, me fastidia el trato denigrante para personas bienintencionadas que usan esa red social para lo que fue creada. No defiendo, ni falta que les hace, a Facebook, una empresa fundada lejos de la búsqueda de la paz y hermandad entre los seres humanos. Ya vimos el papelón que juega Facebook y todas esas empresas como agentes (involuntarios, tal vez) del espionaje norteamericano. Pero eso lo hicieron con Facebook y sin Facebook, y lo seguirán haciendo cuantas veces se les hinche el deseo.

También tengo muy claro que la tecnología no es ingenua ni angelical, así que tampoco defiendo a las redes sociales. Nada más las uso como me son útiles. Lo que me enfada, repito, es que se denigre a las buenas personas que también abundan en esa red social. Ni Facebook es una caterva de retrasados mentales y cursis, ni Twitter es el olimpo de la inteligencia, la ecuanimidad y el ingenio más agudo. ¡Por favor!

Como no tengo intenciones de extenderme, me abstengo de presentarles una lista de los buenos amigos y amigas feisbukeros, en México y varios países, que gozan de más estatura intelectual que muchos tuiteros y tuiteras que conozco; moribundos en la comparación. Así que cierro aquí mi exabrupto repitiendo que cada uno usa las redes como quiera, bloquea a quien quiere, lee lo que se le pega la gana, a quien quiere, y si no, a otra cosa mariposa.

Entre Santa Fe y Córdoba

 

FINANCIAMIENTO DE LAS UNIVERSIDADES

En vísperas de la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2014, de nuevo se pone en la palestra el financiamiento para la educación en general, y de la universidades públicas en especial. Se reconfirma la enorme distancia entre los discursos demagógicos del gobierno federal, el de Enrique Peña Nieto ahora, y su representación en el instrumento central de la política pública: el gasto o la inversión en la materia. 2013 no es distinto a los regímenes panistas. Otra vez el proyecto de presupuesto es insuficiente.

Hace algunas semanas la organización “Mexicanos Primero” presentó su informe “(Mal)Gasto: Estado de la educación en México 2013”. En el documento se incluye la entrevista a Javier Mendoza, personaje clave de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) en el tema del financiamiento educativo. El investigador de la UNAM y asesor de la ANUIES revela buena parte del fondo del problema: sigue ausente la reforma estructural que dé certidumbre a las instituciones de educación superior. Los actores políticos (principalmente los gobiernos) le dan la vuelta.

“Un nuevo pacto en materia de financiamiento público para la educación” es indispensable, dice Mendoza. Propone cuatro cambios para mejorar el gasto:

1) Que se cumpla lo establecido en el Artículo 25 de la Ley General de Educación; es decir, que la inversión del Estado-federación, las entidades federativas y los municipios “no puede ser menor a ocho por ciento del producto interno bruto del país”. En 2011 el presupuesto nacional para educación representó el 6.64% del producto interno bruto. Considerando sólo la inversión pública fue de 5.23%. La operación matemática es simple. Para cumplir lo que dicta el artículo citado se precisa un incremento superlativo de la inversión pública en los años por venir.

2) Revisar los criterios y las fórmulas de distribución entre las entidades federativas del Fondo de Aportaciones para la Educación Básica y Normal (FAEB). Explica: “Se requiere un nuevo acuerdo entre el gobierno federal y los gobiernos estatales” y reasignar responsabilidades de cada uno.

3) El tercer cambio es “Realizar una programación presupuestaria efectiva para dar cumplimiento a la obligatoriedad de la educación media superior”, de acuerdo con los tiempos marcados en la reforma constitucional de 2012. Con los presupuestos inerciales la reforma aumentará cada año los millones de excluidos del bachillerato y profundizará las desigualdades e injusticia social.

4) Finalmente, reformar la Ley General de Educación y la Ley para la Coordinación de la Educación Superior “a fin de establecer una política de financiamiento de las instituciones públicas de educación superior con visión de Estado y transitar hacia presupuestos plurianuales”.

En la conclusión de la entrevista Javier Mendoza es contundente: o se efectúan reformas a fondo o seguirán las inercias y remiendos. A lo cual podríamos agregar la persistencia de las negociaciones oscuras, la ineficiencia, la inequidad, la corrupción y la mala educación.

David Calderón, de “Mexicanos Primero”, apunta los rasgos que todavía no tiene el presupuesto en México y por los que habría que pugnar: eficaz, equitativo, participativo, eficiente, transparente y honesto. Una obligación de los gobiernos y una exigencia también a las instituciones. Déficit de nuestra raquítica cultura democrática.

En la negociación en puerta no hay elementos para el optimismo. No se necesita una bola de cristal para adivinar lo que sucederá este año y, tal vez, el resto del sexenio.

ESTACIÓN SANTA FE

Hace tres días llueve en Santa Fe. El espléndido cielo azul del inicio de semana dio paso a otro, de tonalidades grises, cargado de nubarrones. El clima es agradable, fresco, sólo con momentos de calor húmedo que empapa al caminar algunas calles. Hoy domingo apenas se abrió el cielo durante el mediodía y aprovechamos para pasear en compañía de nuestros anfitriones. Conocimos pequeñas poblaciones de las cercanías y atisbamos la avenida de los siete jefes. Regresaré en las próximas horas para fotografiar el monumento a uno de los más grandes ídolos santafesinos, el boxeador Carlos Monzón. Es un regalo para el autor de la escultura, un colimense por adopción, el maestro y artista Mario Rendón, eximio colega.

Fue nuestro último fin de semana en Córdoba. La mudanza en proceso. En las habitaciones del departamento 5º D de Marcial Candioti 2795 están los preparativos a la vista. Los boletos del próximo viaje tienen fecha. La noche del jueves dormiremos en otro departamento temporal. De nuevo viviré en Nueva Córdoba, un barrio lindo y populoso. Me emociona la idea del retorno a esas calles y a sitios entrañables.

Me despido contento. Solo me queda la impresión de que pude aprender un poquito más. Pero muy satisfecho con los resultados del plan de trabajo. Los artículos que debía escribir están escritos, uno ya publicado. El libro que tengo por meta terminar este año acumula material suficiente. Para las fiestas navideñas tendré el primer borrador. Otro soplo vital. Escribí también el ensayo más extenso que recuerdo, lo que al principio sólo era un divertimento. El libro que culminaré en 2014 tiene una centenar de páginas, unas más acabadas, otras emborronadas, todas por corregirse una y otra vez. Eso, entre otras experiencias, personales y profesionales, cierran un capítulo especial en esta aventura que tuvo la fortuna de contar con la mejor compañía. Sus risas, juegos y cantos no fueron distracción durante las horas de trabajo, sino inspiración y aliento.

Lo hecho estos meses, entre Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires alimentará muchas ideas y páginas en los próximos meses y años. ¡Valió la pena, vale la pena continuar la ruta a Ítaca! 

FIGURACIONES 2

En Montevideo encontré una sucursal del Banco Santander Río cerca del hotel, en el barrio de Pocitos. Aquella mañana, temprano aún, toqué el botón para abrir la puerta. Solo una persona en el cajero automático: un hombre mayor, alto, encorvado, con dificultades en sus movimientos. Octogenario, creo. Duró varios minutos, como forcejeando con la máquina. Parecía desesperado. Quitó los ojos de la pantalla y sus manos hurgaron en los bolsillos del pantalón. Sacó sus pertenencias, entre papeles y algunos billetes, y luego los regresó. Volvió al cajero y siguió. Me entretuve mirando los autos a través de los cristales, sin prisa. La mañana era fresca, agradable. En el horizonte, el Río de la Plata, más gris a esa hora. El hombre se fue y acerqué mis pasos. Un sonido me desconcertó desde el cajero. Apareció un mensaje: ¿Necesita más tiempo para su operación? Vi rápido hacia la puerta. El hombre mayor, encorvado, de andar lento se acercaba a la salida. El sonido del cajero al regresar la tarjeta me espabiló. ¡El hombre dejaba su tarjeta! Tal vez era lo que buscaba entre sus bolsillos, olvidando que ya la había insertado. Quizá buscaba entre su pantalón la contraseña. Tal vez. Tomé su tarjeta de prisa y corrí cuando ya cerraba la puerta. A mis palabras, con parsimonia, giró la cabeza. Me miró a los ojos y volteó a mis manos. Su mirada duró unos instantes. Ojos cansados, brillo apagado, alguna vez azules, o grises, como el Río. Me impresionó su mirada. No supe interpretarla. Cansancio, gratitud, asombro, duda, tranquilidad. O la mezcla de todo ello más el peso de las décadas. Quedé atónito mientras él bajaba la escalera. Sentí compasión por mí, no por él, cuando me miré dentro de algunos años.

Montevideo

MÉXICO EN ROSARIO

IMG_1608 copiaNoviembre 6. Estamos en Rosario, la tercera ciudad más importante de la República Argentina. Rivaliza con Córdoba y superó, tiempo atrás, a la capital provincial, Santa Fe. Estación obligada de paso si uno vive por estos pagos. Si en Santa Fe se firmó la Constitución (en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral), en Rosario fue Manuel Belgrano quien izó por primera vez la bandera, creación suya, el 27 de febrero de 1812, a orillas del río Paraná.

A Rosario se le conoce como la Cuna de la Bandera. Una ciudad que se moderniza, con el mayor puerto de carga, con pujante desarrollo económico y una pasión futbolera que vive buenos momentos. Rosario Central, “El canalla”, ascendió para esta temporada, mientras que su equipo insignia de los últimos años, Newell’s Old Boys, “La lepra”, es el actual campeón, dirigido hace cinco meses por el hoy director técnico del Barcelona y en algunos años, posiblemente, la casa donde paseará Lionel Messi sus glorias finales. Los mismos colores que vistió Diego Maradona un día.

Rosario es cuna de argentinos universales, como Ernesto Che Guevara, Roberto Negro Fontanarrosa o Fito Páez. Un lugar para conocer, aprender y disfrutar.

Sin mucho tiempo elegimos pasar la mañana en el Monumento a la Bandera, inaugurado el 20 de junio de 1957, en un imponente conjunto arquitectónico asentado en el mismo sitio donde ocurrió el izamiento inicial. Paseamos bajo un sol inclemente y con la algarabía de niños y jóvenes de distintas escuelas; una práctica común y saludable en las escuelas argentinas.

IMG_1584 copiaA un costado del Monumento, en el subsuelo, hay una galería de banderas de América y las de España e Italia, encabezadas por la enseña de la Organización de Estados Americanos. Cada país tiene su sitio: su bandera, la flor nacional, la letra completa del himno y una pequeña caja con tierra natal. Apenas entrar Mariana Belén y Juan Carlos preguntan por la bandera de México. Dalia es la flor nacional, nos enteramos con alguna sorpresa.

Confieso que me emocionó ver nuestra bandera y leer nuestro himno completo. No porque crea que es la más linda del mundo o el himno más bello. ¿Quién puede afirmarlo? Esa clase de concursos me parecen ociosos. Cada uno siente lo propio y, en todo caso, que cada cual juzgue. Para ser sincero, me tiene sin cuidado que la selección nacional gane o pierda en el fútbol, que vaya o no al mundial, que un boxeador famoso pierda o sea de nuevo campeón. Tampoco me emocionan el Grito o los desfiles patrios, y sí tengo resquemores con los usos políticos de los desfilantes.

Pero ver la bandera nacional en un sitio tan imponente, al lado de las otras de América, y sentir la emoción de los niños argentinos por su bandera, y de nuestros hijos mexicanos por la suya, me hizo experimentar un sentimiento hundido en los recuerdos. En otras palabras, vine a Rosario a redescubrir la emoción por unos colores y una bandera, en el espectacular Monumento a la Bandera argentina.

Rosario