Después de algunos años volvà a la Uni, la Universidad Autónoma de Nuevo León. La semana pasada participé en un coloquio de investigación educativa en educación media superior, en la Biblioteca Raúl Rangel FrÃas, donde estuve 25 años atrás, cuando conocà esa institución educativa.
Volver al sitio del primer aterrizaje era motivo que celebraba previa e internamente, cuando hice cuentas. Entre aquella noche nevada y ahora, pasaron un cuarto de siglo, varias visitas, montón de experiencias y la amistad generosa de colegas que me invitaron en distintos momentos para estar en otros tantos encuentros académicos.
Después de la pandemia y los años aciagos en que parecÃa cambiar ese mundo de viajes, congresos, aeropuertos y aviones, cada vez que me invitan, tengo razones para la alegrÃa. A ellas sumo ahora otras: el coloquio al que asistÃa, de la Preparatoria 8, en donde estuve ya dos veces; la publicación de la revista Presencia, magnÃfica, que publica un artÃculo mÃo, solicitado por su editora, la maestra Teresa RamÃrez, asà como la ocasión única y siempre grata de compartir reflexiones con colegas.
El viaje fue largo. De Colima a Ciudad de México, un par de horas de tránsito entre las terminales 1 y 2 del aeropuerto, luego otro vuelo, y a descansar todo lo posible. Salà de casa a las 10:10 horas y llegué al hotel sobre las 19. Pero todo eso, con emoción, es detalle nimio.
Mi conferencia fue el viernes. A primera hora. El calor del ambiente era menor al de mis emociones. Antes de empezar, disfruté el momento. Asà hago cada vez. Nunca sé si volveré, si esta será la última vez y, sobre todo, si los asistentes y organizadores quedarán satisfechos. No hay más que darlo todo. Entregarse. Eso pensé, eso intenté.
La tarde posterior al congreso fue jubilosa, al lado de un querido colega y amigo, Ricardo Oziel, con quien pasé horas memorables que terminaron en su casa, con un par de tequilas. Si la mañana académica habÃa sido plena, la tarde fue vida pura.
El domingo, pasado el momento, sólo tengo recuerdos para sonreÃr y agradecer el privilegio de mi profesión y de un puñado de colegas que aderezan la vida profesional con el privilegio de la amistad y la hospitalidad. ¡Gracias a todos ellos por estar!
¡Gracias a la comunidad de Prepa 8 de la Uni! ¡A su director, Ricardo MartÃnez, a Tere, a Cecy! ¡A mi amigo Guillermo Hernández!
