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El Diego es eterno

Posted by Juan Carlos Y√°√Īez Velazco

Primer tiempo
Hace algunos meses, cuando la pandemia nos hab√≠a robado el futbol en vivo, la televisi√≥n, pr√≥diga en satisfacer deseos e inventarnos otros, repiti√≥ partidos de todas las calidades y para variados gustos. S√≥lo uno vi completo. Fue por azar dominical. En el calor del mediod√≠a, harto del trabajo semanal, me plant√© frente al aparato, encend√≠ el ventilador y puse los pies sobre otra silla. Busqu√© y busqu√©, hasta encontrar la voz de uno de esos viejos narradores que fueron habituales en la televisi√≥n p√ļblica de otras d√©cadas. En la primera impresi√≥n cre√≠ que la imagen fallaba, por la nitidez de la transmisi√≥n. Mir√© el control y luego frot√© los ojos. No mejoraba la se√Īal. Enseguida, fui reconociendo de a poco a los futbolistas, el p√ļblico, los equipos, el sonido ambiental. Era la final del M√©xico 86, el trepidante Alemania contra Argentina, jugado a las 12 del d√≠a en la altura del entonces llamado Distrito Federal.

¬°Este es, este quiero! Apenas hab√≠an sonado los himnos y comenzaban a rodar las emociones de dos naciones futboleras en el m√≠tico estadio Azteca, el √ļnico escenario donde ganaron una copa del mundo los reyes del f√ļtbol: Pel√©, en 1970, coloc√°ndose solo la corona mientras levantaba la Jules Rimet, y Diego Armando Maradona, el Diego, 16 a√Īos despu√©s, ech√°ndose encima al equipo y a un pa√≠s incr√©dulo.

Busqu√© a Juan Carlos, de 10 a√Īos, en el improvisado sal√≥n del quinto grado grupo B, en el huequito de la escalera. Ah√≠ estaba, infaltable, con los pies encima de la mesa blanca, sus aud√≠fonos y jugando en la tableta. Le llam√© de inmediato. No escuch√≥. Repet√≠. ¬°Ven, por favor! De mala gana se sent√≥ a mi izquierda. Con emoci√≥n le cont√© qu√© partido era y que ah√≠ estaba el Diego. Me hizo tres preguntas casi de golpe: ¬Ņy c√≥mo quedaron? No te dir√©, le contest√©. Velo conmigo. Hizo un gesto de resignaci√≥n y luego le ped√≠ que observara el partido. ¬°Ah√≠ est√°, ah√≠ est√°, ese es Diego! ¬ŅMaradona, ese es Maradona? S√≠, ese es. Su gesto fue de sorpresa; remach√≥: ¬Ņy qu√© le pas√≥? Seguramente hab√≠a visto las im√°genes m√°s recientes del Diego, en las condiciones tan lastimosas que aparec√≠a ya desde su paso por Dorados de Sinaloa. As√≠ era Diego, hijo, as√≠ era cuando Dios baj√≥ a la cancha para hacernos felices.

Segundo tiempo
Leo Messi, poco afecto a gastar palabras, escribió una despedida a Diego y su mensaje en Instagram se replicó por todas partes: Nos deja, pero no se va, porque el Diego es eterno.

Leo es argentino, pero no porte√Īo; es rosarino, como el Che Guevara, Roberto Fontanarrosa y Fito Paez. Diego, de barrio pobre bonaerense, verbo prolijo, ingenioso dentro y fuera de la cancha, generoso hasta el exceso; por eso vivi√≥ al l√≠mite la fiesta y el f√ļtbol, la pol√≠tica y sus convicciones. Pero Diego es ya universal.

La frase de Leo, genio definiendo la inmortalidad del genio que tuvo como ídolo, es una de las que quedarán para siempre en esta canchita de la vida, el futbol, que parece menor, pero conmociona y atrapa sin igual la atención mundial, como constatamos ahora.

Por eso, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, escribi√≥ un texto impecable por la partida del Diego, que la Casa Rosada tiene en su portal. Por eso, los textos bell√≠simos que hemos le√≠do en estas horas, de Juan Villoro, por ejemplo; y las palabras que le dirigieron algunos de los personajes may√ļsculos del f√ļtbol, como su compatriotas Diego Simeone y Jorge Valdano, Pep Guardiola y Zinedine Zidane, o el mensaje de Pel√©, quien lo despidi√≥ con el deseo de encontrarse en el cielo para jugar al bal√≥n. O el papa Francisco.

Diego, ave tempestuosa, vivi√≥ entre el Olimpo de la victoria y el lodo de los esc√°ndalos por drogas o sus relaciones sentimentales, pero en estas horas la unanimidad se centra en su legado al futbol de cancha y contra los poderes que lo gobiernan. De lo otro, ¬Ņqui√©n tiene la autoridad moral para juzgar al pr√≥jimo?

Quiz√° la mejor despedida para el Diego, adem√°s de lo dicho por Leo Messi, es una pancarta que encontr√≥ Pep Guardiola en Buenos Aires el a√Īo pasado y lo cont√≥ ayer: ‚ÄúNo importa lo que hayas hecho con tu vida, Diego, lo que importa es lo que has hecho por las nuestras‚ÄĚ. Ese es el Diego, el Diego de la gente, como titula a su autobiograf√≠a.

¬°Gracias, Diego!

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