Cuaderno del Mundial 2026

Cuaderno del Mundial: Italia ‘90

Posted by Juan Carlos Yáñez Velazco

Italia ‘90 dejó una resaca severa. Equipos echados para atrás, armados para defender. Sistemas de juego que preferían no perder, antes que perseguir la portería enemiga. El promedio de goles por partido fue apenas superior a dos. El más mezquino de todos. Un segundo Mundial en el país merecía mejor espectáculo en la cancha.

Argentina llegó como campeón, pero su máximo gladiador estaba en condiciones lastimosas. Diego Maradona jugó con problemas físicos, infiltrado, y como había sido en los mundiales previos, con un equipo poco talentoso para el baile perfecto. Empezó terrible, perdiendo el partido inaugural ante una sorprendente selección de Camerún. Francois Omam Biyik, autor del único gol, pasaría algunos años cultivando amistades y anotando goles en México. Camerún fue una de las primeras sorpresas provenientes del continente africano.

El torneo marcó una línea peligrosa: de insistir en esos estilos de juego, el negocio tendría poca fortuna, pues nadie quiere ver partidos de futbol donde los resultados sean 0-0, 0-1, 1-0… sin emociones.

Así fue Italia. Ni siquiera Brasil pudo desplegar el futbol maravilloso, y de nuevo fueron eliminados, esta vez, en una jugada genial de Maradona, de contragolpe, para no fallar a la norma del torneo. Holanda, que había jugado las finales de 1974 y 1978, había encontrado otra generación fantástica de jugadores: Gullit, Van Basten, Rijkaard y Koeman… creadores de un estilo singular, pero no pudieron superar el muro germano.

Luego de dos eliminatorias en penales, que convirtieron en héroe a Sergio Goycochea, un portero de desempeño normal, pero excepcional en los tiros de once pasos, los argentinos llegaron a la final. La suerte no alcanzó para más. Fueron derrotados en los minutos finales por Alemania, en una jugada que todavía los argentinos siguen pensando que fue injusta, que “no era penal”, y el verdugo, además, fue un árbitro uruguayo nacionalizado mexicano, dos países con los que Argentina ha construido una rivalidad deportiva irreconciliable.

En la final, Alemania ganó 1-0, el mismo marcador del partido inaugural. En uno de los partidos que no pasará a la historia de los más brillantes, pero que tiene su significado histórico: la misma final de cuatro años atrás, en el Estadio Azteca. La misma que se replicaría en Brasil 24 años después.

Italia ´90 dejó pocas buenas sensaciones. En mi memoria escasean. Una es el mejor recuerdo de todos. La medalla de oro de todas las canciones de un Mundial: Un’estate italiana (Un verano italiano), interpretada por Gianna Nannini y Edoardo Benoato. Cada quien tendrá su opinión, pero a mí, la mezcla de voces, el ritmo y, sobre todo, la letra, me resultan un poema a la mejor definición del futbol. La campeona de todas las canciones.

Italia ’90 premió la mezquindad, la tozudez, la maquinal actitud alemana, pero después de eso, ya era imposible seguir el descenso del espectáculo. El siguiente campeonato se realizaría en un país sin cultura ni tradición futbolera, principio de una imparable mercantilización del deporte más universal y popular del mundo.

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