Cuaderno

El gol perfecto

Posted by Juan Carlos Y√°√Īez Velazco

Domingo en casa. El silencio solo se rompe con el viento que mece los √°rboles en la calle. Es temprano a√ļn. Tal vez lo mejor ser√≠a volver a cama y reanudar el sue√Īo. Espanto la idea. La tarea por delante impone exigencias ineludibles y gana la batalla de la responsabilidad. Caliento agua para caf√© mientras busco en el iPad algo que no me lleve m√°s de los diez minutos que durar√© en los preparativos. En Youtube encuentro un programa grabado dos d√≠as atr√°s en la televisi√≥n argentina. En realidad no lo eleg√≠. El final de un concierto de Jorge Rojas en el Gran Rex me lleva a un panel de espect√°culos. Antes de esquivarlo, inicia cuando me levant√≥ para revisar el estado del agua y servirme az√ļcar en la taza. El alboroto inunda la cocina. Anuncian que tendr√°n el gol perfecto con la narraci√≥n perfecta. S√≠, lo adivino: el gol de Diego Armando Maradona a los ingleses en el Mundial de M√©xico 1986. Vuelvo a la silla y espero paciente. La jugada magistral arranca en la media cancha de los argentinos que atacan de derecha a izquierda. Diego va sembrando ingleses en la cancha, como sus compatriotas cayeron en las Malvinas cuatro a√Īos antes. La narraci√≥n de V√≠ctor Hugo Morales corre a la fren√©tica velocidad que va tomando el barrilete c√≥smico en que se convirti√≥ el 10 argentino. Diego no para hasta ser frenado por sus compa√Īeros mientras grita desaforado el gol. V√≠ctor Hugo agradece y pide perd√≥n por las l√°grimas en su cara.

Mi asombro es igual que la primera vez. La emoci√≥n no cambia. A veces es mayor, pero nunca merma. Me quedo perplejo cada vez que lo vuelvo a observar. Me cimbra aquella majestuosa demostraci√≥n de ingenio futbol√≠stico y coraje. Los argentinos ten√≠an frescas en la memoria las consecuencias de la estupidez de su gobierno cuando pretendieron recuperar Las Malvinas. El partido de f√ļtbol no es una revancha de las decisiones pol√≠ticas y la cat√°strofe militar, pero esta vez, de por medio, hab√≠a m√°s que un marcador, una eliminatoria o una copa del mundo. El honor y la dignidad de los sudamericanos estaban puestos en la cancha. El primer gol de Diego hab√≠a sido hecho con la mano, la mano de Dios, mancha arbitral imposible de borrar; el segundo fue una obra maestra que se hundi√≥ mortal en la arrogancia inglesa. S√≠, fue el gol perfecto, la narraci√≥n perfecta. Inolvidables.

Hoy Diego, el ni√Īo pobre de Villa Fiorito, cada vez que aparece en p√ļblico exhibe la miseria de su presente y futuro, pero de su pasado es imposible olvidar aquella memorable tarde en el Estadio Azteca. Johan Cruyff, el genio holand√©s, afirmaba: el f√ļtbol se juega con la cabeza y se practica con los pies. En traducci√≥n muy libre, dir√≠a: el gol de Diego se anot√≥ con millones de pies, se inspir√≥ y se cant√≥ con el coraz√≥n.

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