Cuaderno

El hacedor de goles ha muerto

Posted by Juan Carlos Y√°√Īez Velazco

I. Cuando me acercaba al silbatazo final de la novela, exactamente en el cap√≠tulo 36, p√°gina 349, detuve la lectura, beb√≠ lento y me pregunt√©: ¬Ņc√≥mo diablos va a resolverse el caso, es decir, c√≥mo van a atrapar al Nathan, tan escurridizo como el Leo Messi de los slaloms prodigiosos o el Diego Armando Maradona del partido Argentina-Inglaterra en el mundial de M√©xico 86?

El final es inesperado. No hay desenlace totalmente feliz, no por ahora. Tampoco es empate. Tal vez, una suerte de tiempos extras en la batalla entre Mike León y Andrés Garnica contra el feroz y lastimado asesino a sueldo. El final es un punto y aparte, o puntos suspensivos: la promesa de una nueva historia en camino, escrita o escribiéndose. El reto es complicado: después de leer esta historia, no podemos esperar menos, ni el autor puede rebajar nivel.

II. Durante muchos a√Īos escond√≠ mi afici√≥n al f√ļtbol en el mundo acad√©mico, un poco fatuo y no menos superficial en gustos y poses. La cosa vergonzante no dur√≥ mucho. Pronto descubr√≠ que muchos hombres que admiraba, en canchas de mi afecto, hab√≠an practicado f√ļtbol o escrito sobre el deporte m√°s hermoso del mundo, como le bautiz√≥ el inimitable narrador chileno Luis Omar Tapia.

Jos√© Alfredo Jim√©nez, Albert Camus o Eduardo Galeano, por mencionar algunos cracks, me ofrecieron la autoridad para aceptar mi afici√≥n al f√ļtbol sin pudores. Pero no a cualquier f√ļtbol, tengo que advertirlo. Soy, como Eduardo Galeano, limosnero del buen f√ļtbol, ese que hoy navega a contracorriente de directores t√©cnicos que pasar√°n a la historia pero personalmente no me gustan, como Jos√© Mourinho o Diego Simeone, partisanos, a veces heroicos, tambi√©n austeros y tramposos cuando el empate o la victoria urgen, incluso por una derrota parca.

Con su primera novela, El hacedor de goles ha muerto, Alex Berber sella un ciclo de su etapa periodística y abre otra, literaria en la cancha que tanto ama. El hecho es buena noticia. Entre el medio periodístico colimense, no solo deportivo, Alex anota un golazo. Sus dos virtudes merecen aplausos de la hinchada: pasión y buena escritura. Esas que, perdonen la sinceridad, escasean entre las plumas periodísticas de Colima, aficionadas al boletín de prensa y la burocratización del oficio, o la modorra intelectual y literaria.

Con novelas como la de Alex, o los aportes entra√Īables de escritores como los argentinos Eduardo Sacheri u Osvaldo Soriano, o nuestro Juan Villoro; con la lucidez y genio estrat√©gico de Pep Guardiola, el f√ļtbol no ser√° una joya literaria o intelectual; pero no importa. Los aficionados a la literatura y al f√ļtbol, a la cancha donde rueda el bal√≥n de la literatura futbol√≠stica, disfrutaremos con las historias que surjan de sus im√°genes.

III. La novela de Alex me sorprendi√≥ desde el silbatazo inicial. Empec√© a leerla el s√°bado anterior, dos horas despu√©s de que el Bar√ßa ganara una liga que pudo conquistar f√°cilmente, pero esa alegr√≠a no empa√Īa mi juicio de aficionado que solo se sienta a mirar un partido donde olfatea emociones y generosidad en el talento.

Hace dos d√≠as, el jueves por la noche, un tinto franc√©s reserva 2011, mezcla de Grenache y Syrah, no empa√Ī√≥ mi juicio. El hacedor de goles vale un campeonato, seguro.

Quiero pensar que este debut de Alex es el primer partido estelar de larga temporada hacia la conquista de una imaginaria Champions de las letras vestidas de pantalón corto y zapatos con tachones.

Felicidades y el mejor de los deseos para el debut. Esperamos larga carrera en este memorable teatro de sue√Īos.

* Texto leído  durante la presentación del libro de Alex Berber el 21 de mayo, en el Centro Cultural Cervantes.

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