Cuaderno, Viajes

Momentos irrepetibles

Posted by Juan Carlos Y√°√Īez Velazco

Apenas comienza el tercer cuarto pero el partido entre Cavs y Warriors dejó de interesarme en la pantalla muda del restaurante. La catástrofe del equipo de LeBron es imparable; su gesto de guerrero victorioso revela la impotencia de jugar, de nuevo en la final, batallas solitarias contra un rival que, con un poco de vértigo, mantiene o crece la ventaja.

Regreso a la ma√Īana en el Centro Cultural Bicentenario de la Universidad Aut√≥noma de San Luis Potos√≠ con pensamiento dividido. Por un lado, la tristeza por la fecha de nacimiento de mi madre me sumerge en un tobog√°n de emociones. Quiz√° por eso, la conexi√≥n an√≠mica conduce a momentos de la conferencia que present√© y al comentario del primero de los asistentes que tom√≥ el micr√≥fono en la sesi√≥n de preguntas.

Intento rehacer el hilo de su discurso, pero como estela en el mar se disuelven fragmentos. Permanece lo esencial de su intervenci√≥n: la emoci√≥n y la gratitud por lo que escuch√≥. Mis palabras, en la primera parte de la conferencia, lo zambulleron en situaci√≥n vivida con un hijo al cual consideraban un fracaso, pero que una maestra con sensibilidad descubri√≥ su gusto y habilidad para las matem√°ticas, hasta llevarlo a una olimpiada de conocimiento y ganarla. Me conmueve ahora recordarlo, atr√°s, de pie, con ojos h√ļmedos y voz quebrada, cimbrando a varios en el auditorio silencioso.

Nunca podría imaginar que esa perspectiva, de no condenar el error y convertir al fracaso en una lección pedagógica, produciría aquella reacción. Agradecí su gratitud y la apertura a la intimidad familiar.

¬°Me siento afortunado! Ligo lo vivido a otro momento igualmente maravilloso que hab√≠a perdido y brot√≥ de alg√ļn sitio ignoto donde lo almacenaba la memoria.

Cuando presentaba¬†La escuela que so√Īamos¬†ante un auditorio de maestros, desparram√© elogios para las educadoras, a partir de la experiencia de mis hijos en su paso por el preescolar. Contada la experiencia, una maestra madura se levant√≥, agradeci√≥ y narr√≥ breve: estaba a punto de jubilarse, pero al escuchar las palabras con las cuales describ√≠ la vocaci√≥n de las maestras (pasi√≥n, alegr√≠a, compromiso, generosidad, amorosidad), decidi√≥ que no, que esa tarde hab√≠a reencontrado las razones por las cuales hab√≠a elegido su profesi√≥n, que no renunciar√≠a a la misi√≥n formativa.

Bebí un sorbo de la copa, miré a la izquierda la debacle de LeBron, ya en la banca, con la toalla en la cabeza, y decidí escribir los dos momentos, para compartir la enorme alegría que ambos maestros me regalaron, distantes en tiempo, geografía y circunstancias, pero que produjeron estímulos que dan sentido a la profesión educadora y me reconfirman (lo que no dudo ni en momentos de apremio), que la esperanza, como las ilusiones, son asideros para evitar el desencanto o la frustración en una tarea que, a veces, parece imposible.

San Luis Potosí, junio 8 de 2018

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