Días intensos. Lejanía de casa. Una habitación extraña, cuarto de hotel, apenas levemente acondicionado para no sentir la frialdad que afuera cala por inhabitual. Jornada laboral distinta,
Esta madrugada desperté a las cuatro, traicionado por el cambio de horario, el cuerpo desorientado y las emociones de una maravillosa velada nocturna. Lo más a la mano para recuperar el sueño era
Tengo muy pocos enemigos. Poquísimos. Podrían ser suficientes los dedos de una mano. De aquí para allá, claro. Si para algunos cuantos más lo soy, no es problema mío. No se me juzgue por ellos.
Aunque a veces el falso orgullo nos hace caer en extremos grandilocuentes, los mexicanos no somos una raza de otro planeta. El “Como México no hay dos”, analizado con un poquito de cabeza y sin
Después de una sesión de trabajo de cinco horas en la Escuela Vasco de Quiroga, llegué a casa un poco cansado pero contento. Creí que sería un buen viernes, preludio de sábado intenso. Cené
