De libros y buenos amigos

Desde hace algunos años, cuando decidí que mi vida profesional transcurriría entre universidades, aulas, profesores y estudiantes, confirmé que los libros serían compañía permanente. Así ha sido. Los libros fueron, son placer, inspiración, desafío, cobijo, complicidad y aliento. Me gustan los libros, incluso físicamente: disfruto con uno nuevo, lo huelo, lo siento con los ojos y los dedos. Los viejos, sólo por eso, merecen respeto.

Desde entonces, cuando decidí mi vocación, leo no sólo pedagogía, sino de aquello que se liga a la educación, y allí cabe casi todo. No leo de todo, ni lo pretendo, pero sí he podido abrevar en muchas disciplinas y disfrutar de la literatura.

En mi periplo los libros, además de una herramienta para el trabajo cotidiano, son pretexto para confirmar amistades o iniciarlas. Es paradójico: un objeto material ha sido causante de amistades profundas y, en algunos casos, el vínculo que mantiene vivos los lazos con colegas-amigos más allá del Atlántico.

Fue una amistad franca e incipiente la que –supongo- llevó a Alberto Llanes a invitarme a comentar su libro, su nuevo libro de autoría colectiva. Dudé en aceptarla porque su libro era literatura y no pedagogía, ciencia social o humanidades. Pero la amistad y la confianza de Alberto pudieron más que el reconocimiento preciso de límites personales.

Cuando Alberto me entregó el libro dos sentimientos vinieron de inmediato: fascinación por el producto, que es lindo sin duda. Después, la confirmación de los temores por haberle dicho sí. No voy a contarles toda la historia. Salto capítulos.

Llegó la fecha de la presentación: viernes 2 de julio, Casa de la Cultura. Por la tarde había preparado algunas notas en un pequeño cuaderno; no estaba seguro si valían la pena, menos con las presencias que iban ocupando las sillas del patio central y el escenario montado. Pasó el evento felizmente, creo.

Me congratulo de haber aceptado, sobre todo me alegro por la aparición de la obra, de Zanaterio, una idea y hechura editorial de Rosalba Esparza, un cuento de Alberto Llanes y grabados de la propia Rosalba, de Mine Ante y Carlos Giffard. Un libro de artistas, como lo definió Esparza. Para ellas y ellos un aplauso de quien se presentó esa noche apenas como un esteta, es decir, como alguien para quien el arte, los artistas, la imaginación y el genio son -por lo menos en buena parte- el agua y el oxígeno del espíritu, de los sueños y la esperanza.

Con una edición de 50 ejemplares financiados por la Secretaría de Cultura, Zanaterio es una obra magistral que aprecio casi tanto como la amistad del autor de la historia. Twitter@soyyanez

Fuente: Periódico El Comentario

Comentarios

  1. Nayely dice:

    Fascinante es que los libros no solo te introduzcan a mundos inimaginables, sino que sean el eslabón perfecto para relacionarnos con los demás.

  2. Exacto, los libros son un vínculo con otros mundos y otras personas.

  3. Arthur Edwards dice:

    Aparte de mi familia y alguno amigos, los libros son mi mejor compañía. Me abren la mente a nuevos mundos, nuevas posibilidades y, a veces, hasta abren camino a donde quiero llegar. El camino que quiero seguir está adoquinado con libros que he leido a través de mi vida. Y ahora con Internet para parcialmente trazar el camino a futuro….casi no me aguanto!

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