El desafío de los profesores ante el nuevo semestre

Esta semana comenzamos el semestre escolar en la Universidad de  Colima. Tercer ciclo lectivo en modalidades remotas, con los mismos retos y en un contexto con variables nuevas.

Para la Universidad el desafío es doble: primero, retener a la mayor cantidad de estudiantes, a contracorriente de lo que calcula la UNESCO para América Latina, y de las estimaciones que a cuentagotas proporciona la Secretaría de Educación Pública, pero que dibujan un abandono de proporciones descomunales.

El segundo desafío es consolidar una serie de plataformas y condiciones que no lastimen las oportunidades de aprendizaje, especialmente de los estudiantes con peores carencias familiares, culturales y socioeconómicas.

El reto para los maestros es extraordinario. Nuestro papel va más allá de transferir archivos digitales o asignar tareas. Tenemos que lograr, en la medida de lo posible, que cada sesión didáctica sea una experiencia provechosa, que cada contacto tenga sentido para los alumnos, que cada tarea sea ocasión de aprendizajes.

En la película de Ratatouille, el chef Gusteau habría escrito una teoría sobre la cocina: cualquiera puede cocinar, pero no cualquiera puede ser un buen chef.

Nunca como ahora es más claro también en la docencia: cualquiera puede dar clases, pero no cualquiera será un buen maestro, si no se compromete con su preparación y se entrega con generosidad al oficio magisterial.

Si en un salón de clases los estudiantes necesitan y merecen buenos maestros, en tiempos de confinamiento, los profesores no podemos eludir el compromiso social, profesional y ético con los estudiantes. No podemos olvidarlo: en cada experiencia pedagógica, nosotros somos la cara de la Universidad. La cara positiva o la pésima.

La docencia no es sólo un empleo. Lo aprendí hace muchos años con Federico Mayor Zaragoza, cuando recibió el doctorado honoris causa en la Universidad de Colima, siendo él director general de la UNESCO. No. La docencia no es una chamba: es una misión de transformación social y no puede ser epidérmica. Esa misión empieza en el mismo maestro.

Ese es el reto que tenemos las maestras y maestros de la Universidad y de todas las instituciones educativas. Ni más, ni menos.

 

Deja tu comentario