La deducibilidad de las colegiaturas

El anuncio del presidente Calderón sobre la deducibilidad de las colegiaturas desató polémica. Aplausos en algunos sectores y una salva de críticas recibieron la decisión presidencial.

Se estima que la medida podría beneficiar a un millón y medio de familias. En su conjunto, una matrícula en escuelas privadas de tres millones de estudiantes, poco más del 10 por ciento del total del jardín de niños a bachillerato.

Entre las aristas del tema una me preocupa: la justificación de que se estimulará el sacrificio, lo dicen así, de quienes pagan colegiaturas. Entonces, pregunto: ¿quién envía a sus hijos a la escuela pública no se esfuerza?

Hay una peligrosa suposición muy discutible: sólo en las escuelas privadas se hacen esfuerzos dignos de reconocimiento y, por tanto, ameritan ser recompensados. ¿Y el otro 90 por ciento de los mexicanos que estudian en las miles de escuelas públicas, muchas de ellas en condiciones paupérrimas?

En un contexto de enorme pobreza hay otras interrogantes: ¿cuántos mexicanos y colimenses tienen condiciones económicas para pagar colegiaturas y demás gastos que implican las escuelas particulares? ¿Es la escuela privada una opción al alcance de todos los mexicanos?

La discusión obliga de nuevo a la afirmación de que un estado democrático tiene el deber de proporcionar educación pública de calidad.

Finalmente, según cálculos oficiales el costo de la medida será de 13 mil millones de pesos. Dicha cantidad, dice el rector de la UNAM, representa la mitad de los recursos para acabar con el analfabetismo en el país. Pregunto: ¿desde hace décadas no habría válido la pena tal inversión para que seis millones de mexicanos aprendieran a leer y escribir?

Fuente: Ángel Guardián

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