La educación también es buena noticia

La publicación de un libro es, casi siempre, una buena noticia. Un texto sobre educación es una muy buena noticia, pero cuando ese libro sobre temas pedagógicos está escrito por profesores que viven del oficio docente, entre alumnos, escuelas y aulas, la noticia es excelente.

Esta semana presentamos un libro así. Se llama Cuando enseñamos y aprendimos en casa. La pandemia en las escuelas de Colima, editado por Fundación Cultural y Editorial Puertabierta, con el Gobierno estatal.

La obra es testimonial, con registros personales y ensayos académicos.

Cada uno de los 17 autores de capítulo eligió estilo y enfoque. Se trata de un ejercicio colectivo desde la memoria y para la memoria, que nos permite re-conocer, en el sentido de identificar a otros colegas haciendo lo mismo, y de reconocer, como admiración por la forma en que se ejerce un oficio tan desafiante en tiempos pandémicos.

Son 17 capítulos breves, escritos por profesores, directores y supervisores de distintos niveles educativos, de varios municipios de Colima. Publicado en un tiempo muy corto que ya se puede descargar de manera libre.

La obra invita a la reflexión sobre los desafíos de la escuela en estas circunstancias y el porvenir.

Tengo dos ideas para comentar. Una, es que las crisis son oportunidades. Oportunidades para reinventarse y encontrar soluciones distintas que mejoren los sistemas o las instituciones; o bien, oportunidades para repetir fórmulas, simular o desdeñar las complicaciones.

Entre una y otra, no hay opción. Debemos elegir la reinvención del sistema educativo. El peor resultado de esta pandemia es fingir que todo está bien y lo vivido pasará pronto y volveremos a la escuela de nuevo, como en la tierra de los ositos cariñositos.

La segunda idea es que estas circunstancias nos imponen desafíos intelectuales también, no sólo prácticos, y que entonces, debemos preguntarnos, más que nunca: ¿qué escuela tenemos y a qué escuela queremos volver? ¿Qué sistema educativo requerimos para estar a la altura del desarrollo económico, democrático y cultural que nos permita dejar de ser la eterna e incumplida promesa de bonanza y equidad para todos?

Me preocupa, lo digo sin cortapisas, que repitamos trágicamente la cruel y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, es decir, que vivamos condenados a la mediocridad y la esclavitud moral por los siglos de los siglos.

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