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Letras y dibujos con Juan Carlos

Hace algunas semanas regalé a Juan Carlos un libro: Cuentos para niños que se atreven a ser diferentes, de Ben Brooks.

Comenzamos con entusiasmo a leer las historias de cada personaje en apenas dos hojas: una imagen y un texto brevísimo que resume logros, motivaciones y un poco de su vida. Luego lo dejamos a un lado y nos enfrascamos en la cotidianidad.

Aprovechando estos días de cuarentena, para comenzar la semana le pedí que eligiera dos personajes cada día. No es mucho, pero es que también ya tiene sus tareas de escuela y hasta clases en línea, así que es lo justo para no matarle el interés de elegir sus propias aficiones y divertirse como quiera y pueda. Aceptó gustoso y cumplió. Esta mañana le cambié el reto; me subí al suyo, mejor dicho. Hagamos algo juntos, le reté: leemos la historia, luego, yo escribo un poquito y tu preparas un dibujo, el que quieras. De nuevo aceptó.

Aquí va la primera entrega. No les diré el nombre del personaje. Juguemos a las adivinanzas a partir del dibujo y algunas palabras clave.

Qui est le personnage ?

Su invento se convirtió en ventanas maravillosas a otros mundos. Con su esposa creo una fundación que ahora está decidida a combatir el COVID-19. Es estadounidense y uno de los más ricos del planeta.

Diario del martes

En un martes normal, como hace dos o tres semanas, a esta hora habría llegado cansado de las tres clases que imparto, de la tensión de esos 180 minutos, del calor y la jornada del día. Hoy es distinto, como se sabe, aunque estuve trabajando en mis quehaceres docentes: por la mañana entregué la planeación que nos solicitaron de la Universidad para esta temporada, luego califiqué algunos de los proyectos de los estudiantes y leí los comentarios que escribieron sobre un video que les subí a la plataforma de Google Classroom. Fue una jornada distinta a la habitual en martes, pero deseo que haya sido de aprendizajes también para el grupo.

Hoy desperté muy temprano; de madrugada, y desde entonces estuve en pie, enterándome de las noticias en el mundo y luego, en las tareas pedagógicas descritas. Por la tarde caí rendido. No soy habitual a la siesta, pero hoy el cuerpo no pudo ya y dormí más de una hora. Después, aturdido y desorientado, con un pequeño accidente emocional, estuve a punto de arruinarme la tarde, el día o la semana. Por suerte, creo, enderecé el rumbo.Desde que escapó el sol retorné a la pantalla y el teclado. Trabajo en un libro que debe estar terminado, si todo va bien, en diciembre de este año. Hoy sumo 170 páginas. Con otras treinta o cuarenta estará listo.

No fue el mejor martes posible, aunque un despertar amargo podría culminar en noche inspiradora.

Anoche soñé…

Anoche hablé con Mariana Belén y le pregunté a qué hora teníamos que despertar para sus clases en línea. A las 8, me dijo, a las 8 comenzamos. ¡Anotado! Llegué a la cama cansado y sin mucho ánimo de leer. Apenas un par de páginas de Mark Twain y abandoné la dimensión de la realidad que nunca me pareció más irreal.

Por el calor, por el temor del coronavirus o alguna extraña desazón, tuve un sueño. Los sueños, no tienen por qué saberlo ni debería contarlo, son una especie en extinción para mí. Pero soñé y fue muy grato. Soñé que el país, el sistema educativo o las autoridades correspondientes, tomaban una gran decisión frente a la parálisis que tiene a muchos entre la desesperación, el temor y la irritación, y a otros, como yo, disfrutando con esta vida que parece idílica, si no fuera porque en cada momento nos podríamos estar jugando la piel.

El sueño era del mundo pedagógico. Es sencillo de contar. Las escuelas en México, atrasados en su incorporación al mundo virtual pedían opiniones a las familias y a los estudiantes. ¿Cómo? A través del whatsapp, de Facebook… Y las familias opinaban. Sí, por primera vez en serio las familias opinaban cómo haríamos todos, escuelas, autoridades, maestros, padres y estudiantes, para diseñar las estrategias que nos permitieran salvar la contingencia con acierto, aprendiendo sin fastidiarnos la vida mutuamente. ¡Fue un lindo muy lindo sueño!

Cuando desperté, todavía paladeándolo, preparé mi bebida caliente con limón, como hago todas las mañanas, luego vine a mi correo electrónico y encontré el mensaje con los horarios escolares impecablemente diseñados para Mariana. Entonces, solo entonces, pensé que vale la pena seguir soñando ese sueño.

Diario de cuarentena

Anoche, luego de terminar la tarea autoimpuesta, busqué sin interés concreto algo en Netflix. Juan Carlos, en un sillón, con su tableta, audífonos y Legos no atendía. Estábamos solos, cada cual en lo suyo; él sin mí, yo sin él.

Casi vencido, observé una foto de Gabriel García Márquez. Gabo, se llama la película documental. Casi 90 minutos. Calculé la hora y pensé que aguantaría sin problema el embate del sueño. Acerqué dos toronjas, mi cena, recosté el cuerpo y apreté el Play.

Habían pasado pocos minutos cuando se acercó Mariana, se sentó al lado y me hizo dos o tres preguntas sobre la pantalla; luego, silencio. El programa avanzó y ella permaneció. La vi de reojo atenta, solo de vez en cuando preguntaba cualquier cosa. El olor de la toronja le despertó las ganas y me pidió. Empezamos a comer, mirando en la misma dirección. Su hermano seguía igual, en sus diálogos íntimos.

A punto de terminar, falló internet y nos desconectó. Hablaba el amigo de Gabo, Plinio Apuleyo. En la pausa le conté a Mariana que tenía dos libros de Plinio sobre Gabo. Uno debe estar aquí, le dije. No me contuve, fui al estudio y se lo traje. Lo tomó, hizo una expresión de alegría y luego lo abrió para ojearlo. Volvimos a conectarnos y terminamos los dos minutos que faltaban, con las notas melancólicas por la muerte del Gabo.

Tal vez es el momento de que leas al Gabo; le solté el comentario. La invité a mi espacio y por primera vez, confieso con rubor, le llevé a la biblioteca casi de la mano. Aquí están todos los libros del Gabo; le mostré al fondo. Y le fui sacando uno a uno, especialmente los que aparecieron en el documental. Luego buscó alrededor, y arriba de Gabo leyó “José Saramago”.

Si la noche, la cena frugal y la peli fueron un momento especial, la visita breve al mundo de mis libros fue única. Ojalá, a partir de pronto, empiecen a desaparecer algunos de esos libros para luego, un día, sin buscarlos, descubrirlos entre los suyos.

Un día más en cuarentena

Un día de cuarentena como esta, con salario asegurado, comida, agua y techo, es un privilegio, lo digo sin fatuidad. Para un lector es el paraíso, por las muchas horas que se pueden invertir sin prisa y casi sin pausa.

Soy consciente y asumo la responsabilidad pública que implica. Por eso, no dejo de trabajar en aquello para lo que me paga la Universidad. Hoy preparé el trabajo de los estudiantes de mi curso para la siguiente semana, y la mayor parte del tiempo lo dediqué a mi proyecto de investigación en su faceta de escritura.

Cuatro días después de comenzar la reclusión forzosa, terminé el sexto capítulo del proyecto, eventualmente un libro. Empecé con dudas, por las circunstancias que rodeaban estas fechas. Luego, escuchando las entrevistas que hice en el Telebachillerato 8, me fui motivando, recuperando el color. Hoy, por fin, puedo decir que logré insuflarle el ánimo que pretendía. Descansará por unos días, mientras yo giro la brújula en otra dirección.

Los infectados del coronavirus ya rebasan los 250 en México. Las muertes en Italia me conmueven; los españoles miran con temores el desbordamiento de un sistema sanitario del que se sentían (siguen sintiendo) orgullosos.

Ojalá el fin de semana y la siguiente rompan las tendencias y no alcancemos cifras ya más dolorosas.