Argentina, argentinos y Luis Porter

14522844_10153962872328595_3379434824534377_nDesconozco dónde nacieron mis afectos por Argentina. Tengo varios recuerdos y aparecen con frecuencia.

La primera imagen nítida es del mundial de fútbol de 1978, que ganó la selección albiceleste comandada por la bravura del matador Mario Alberto Kempes, mientras su pueblo luchaba hasta la muerte contra la dictadura que los masacraba.

Luego, varios años después, llegué a la institución donde soñaba estudiar cuando contemplaba en el atardecer los bellísimos cañaverales en mi pueblo. Sentado en la azotea de casa paterna, las espigas de la caña alimentaban mis ilusiones. La UNAM fue el alma mater generosa; allí encontré la paternidad intelectual que deben regalarte las universidades, o que uno busca más allá de su patio hogareño. Juan Carlos Geneyro, mi profesor argentino de filosofía y luego amigo, fue el primero gran maestro; después llegaron argentinos y mexicanos por quienes tengo gratitud y admiración, como Alfredo Furlán, entre una lista amplia a quienes debo algunas ambiciones intelectuales.

Luis Porter se define en Facebook como “argentino por nacimiento, mexicano por trayectoria de vida, canadiense por buena suerte del destino”. Llegó a mi periplo profesional más tarde. Creo que fue otro inolvidable maestro, Juan Eliézer de los Santos, quien lo trajo a Colima para presentar La universidad de papel, su magnífico libro. Estuve en la Pinacoteca Universitaria para escucharlo, conseguir el texto y su firma.

Luis se volvió compañía y aliento frecuentes, y con el paso de los años, tan amigo, que propuso a mis hijos adoptarlo como tío una tarde que viajábamos a Tonila para comer juntos y compartir la tarde fresca.

El “tío Luich”, como le decía Juancarlitos, es presencia cotidiana en casa: dos grabados de su madre, Margarita Galetar, reciben a los visitantes: de frente, el que Luis regaló a Mariana Belén; al costado izquierdo, en sitio diseñado ex profeso, otro bellísimo.

Si eso no es privilegio ya, en Buenos Aires tuvimos ocasión de admirar la magistral exposición de Liliana Porter, la artista argentina viva más importante hoy, en el MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Por supuesto, la hermana querida de Luis. Y conocemos también, contado por el hijo, algo de la historia de su padre, Julio, a quien Luis en estos días ha recordado recientemente en el centenario del natalicio.

Desconozco dónde abrevan mis afectos por Argentina, su gente, su cultura, su música, sus vinos, su comida, sus goles pero, entre esas razones, las personas que conocí en México, las que me acogieron en Argentina, son las más entrañables. Y Luis, en casa y en nuestros corazones, tiene sitio especial.

¡Felicidades en tu cumpleaños, querido Luis!

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