Divagaciones

Resignación es un verbo que no suelo usar, más bien rehuyo invocarlo, pero las vacaciones son uno de esos momentos en que es imposible no conjugarlo, especialmente a la hora de decisiones sobre la agenda personal, por ejemplo, cuando preparo mi programa de actividades, pues las dos semanas han de repartirse, caprichosamente, entre las tareas domésticas, la vida familiar, el descanso, el ejercicio físico (un poco, allí no abuso), el relajamiento y algunos horas para trabajo pendiente. Con tal curriculum, las horas disponibles para la lectura se acortan y han de elegirse con esmero los libros.

Este año decidí que buena parte de mi tiempo de lectura estará destinado a leer a grandes educadores, a los celebres pedagogos que construyeron el pensamiento pedagógico relevante; a ellos y sobre sus vidas. La larga lista obliga a discriminar y excluir. En eso estoy ahora mientras hago esta pausa para escribir las líneas siguientes, obligado por una inquietud que me despertó la primera lectura, la de la única mujer en la lista, María Montessori, la primera mujer italiana que obtuvo su certificado como médico, luego creadora de un método controvertido y cuestionado por figuras como Dewey o Piaget.

La historia y la teoría pedagógica son lecciones de inestimable valor en la formación de los futuros profesores, o un magnífico pretexto para la reflexión de quienes ya ejercen el magisterio. Pero una sombra me pasa cerca y distrae. Pienso que, infaustamente, hay una tendencia que apunta a excluir dichas enseñanzas del curriculum de las carreras de pedagogía y ciencias de la educación. Ejemplos abundan: Paulo Freire, el más grande educador en el continente, es un tema prescindible en las carreras universitarias en México; y en las escuelas normales, de las que ignoro casi todo, no albergo mucha esperanza de una situación distinta.

Bajo las “nuevas” concepciones en nuestro medio, como las “competencias”, ese componente formativo se pierde para dar paso a la ilusión (en el sentido más desfigurado de la palabra) de formar profesores competentes (en la preparación de estudiantes para responder exámenes PISA y Enlace, y cosas por el estilo), mientras se aleja la posibilidad de cimentar una sólida formación docente. Con esas decisiones pienso que seguimos en aquella pantanosa visión de formar buenos “prácticos”, como si la práctica no se informara y retroalimentara de la buena teoría, o como si los ejemplos de perseverancia no constituyeran alguna especie de norte (o de sur), cuando parecemos haber perdido la brújula en educación y no sabemos a dónde dirigirnos, o peor aún, dónde estamos.

 

 

 

Comentarios

  1. Buenos dias Doctor! Me causa una inmensa alegria leerle. Yo se que no tod@s nacemos con mente de intelectuales, que solo algun@s disfrutamos de los libros, y esto tendria que ser tomado en cuenta de modo exagerado en las instituciones formativas, sobre todo de quienes tiene a su cargo el moldeamiento de las habilidades cognitivas de los futuros profesionistas: nuestr@s maestr@s.
    Seria (y sin la intencion utopica) ideal, que tod@s tuvieramos la grata costumbre de leer, la ansia de aprender y por ende, la dicha de compartir el conocimiento

  2. Julián Granados del Toro dice:

    Dr. Juan Carlos…buenas noches. Indudablemente añoro esos tiempos de la Teoría Pedagógica, la Filosofía de la Educación, la Sociología y la Historia de la Educación….entre otras asignaturas, módulos o ejes temáticos…. Actualmente, ante la necesidad de alinearse a modelos curriculares basados en competencias, se buscó la “integración conceptual” de dichos campos disciplinares, pero intuyo (no tengo argumentos sólidos) que se ha dejado de “mirar” y analizar con detenimiento a ciertos autores que, en mi época de estudiante y luego durante mi intervención docente en el aula, se convertían en un excelente pretexto para entender lo educativo…..Como se dice desde el movimiento de la escuela Nueva o Activa ( a propósito de Montessori),”no todo lo viejo en educación es malo, ni todo lo nuevo es bueno”…..Quizá sea necesario “reconstruir” un módulo optativo donde se puedan abordar con “parsimonia verbal” ( lo dice Freire: “aquello que se encuentra en el punto medio entre la paciencia y la impaciencia”)a los clásicos de la literatura pedagógica. Por supuesto que solo se inscriban los estudiantes que tengan una preocupación real por asumir que la pedagogía es un estudio filosófico, teórico, histórico….de la educación. Saludos cordiales

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