Me gusta regar el jardín

Con frecuencia dedico tiempo de cada día a regar las plantas del jardín de casa. Lo hago temprano o en la noche. Disfruto el clima fresco, el viento que penetra los pulmones y reanima. Lo hago con ropa cómoda, con calzado descubierto, sin prisa, ligero de vestido. Es un ejercicio silencioso, ideal para la reflexión, ordenar agendas o balancear hechos.

Me gusta regar cuando sobra tiempo. Disfruto el sonido del agua al salir de la manguera, ver un retoño en los árboles o plantas, los mil tonos del verde.

Es una hora, o poco menos, de reposo productivo. Pero lo que más disfruto, lo recomprobé hoy, es disparar el chorro del agua hacia las hojas una vez que inundé las raíces.

Me gusta pensar que las hojas disfrutan el chorro del agua, que se mueven caprichosas y se agitan alegres. Imagino que las hojitas tienen conciencia y piensan, que sonríen cuando las despierta el agua. Que por las mañanas les encanta prepararse para los rayos del sol, o por la noche, para la frescura de la noche.

No sé cuánto hay de delirio y cuánto de realidad, pero importa poquito. Me gusta regalarles una alegría a las hojitas de mis árboles.

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