Diario de cuarentena dominical

La basura miserable con tintes políticos (nótese el enfado) que circula en redes sociales a propósito del COVID-19 me llevó a la decisión de perder el menor tiempo entre estupideces de esa materia, eludiendo sumarme a la epidemia de insultos y descalificaciones abundantes en Twitter.

A cambio, decidí que mis comentarios, entradas del blog y artículos periodístico, en la medida de lo posible, estarán enfocados a exponer asuntos gratos, reflexivos o entretenidos. No trato de eludir el traumático peso de la realidad, menos, de idealizarla, pero sí, de no alimentar a los agoreros de la catástrofe o la salvación por designios divinos o terrenos. Es propósito apenas. Veré al final el resultado.

Con ese ánimo, evito cualquier película que aborde los asuntos que hoy nos tienen en vilo. En mi tarde dominical decidí abrirle la puerta al tío Netflix. De series no soy partidario, porque dedicarle horas y horas a una trama no va conmigo, me cansa o aburre; repetir los partidos del Nexaca contra Alejibres me aflojera de solo pensarlo; así que le pedí películas de “Aventuras”. Y me tiró un puñado de opciones chafas e innombrables.

Seguí en la línea de aventuras y acción, o algo así, hasta que en la búsqueda encontré “Lorena, la de los pies ligeros”, la historia de la mujer rarámuri que corre y corre y corre y corre y corre y es un ejemplo increíble. Sin dudarlo, la elegí y vi con gusto.

Evitaré los comentarios. Si tienen tiempo y ganas de descubrir una lengua mexicana distinta, o por lo menos de escucharla, se las recomiendo. La historia es un ejemplo, ya lo confesé.

No vamos a salvar a nadie, ni haremos una buena obra, pero tendremos un rato de esparcimiento sano y, tal vez, una lágrima nos limpie los ojos.

Deja tu comentario