Lecciones desoladoras

En las semanas recientes dedico menos tiempo de la jornada a las noticias sobre el coronavirus. Leer tanta desgracia ensombrece el ánimo.

Confieso sin rubor: ojalá el subsecretario López Gatell acertara una de sus predicciones, o que ya estuviéramos en el paisaje que dibuja el presidente en sus discursos. Tristemente la realidad no se moldea a base de conferencias.

Sigo las noticias con discreción y advierto señales en el horizonte. La pandemia ya deja muchas lecciones de la sociedad que somos, de dónde vinimos y podría augurar rumbos. Circunscribo mi opinión al ámbito colimense.

Los gobiernos demostraron ineficacia en comunicar sus mensajes. A la credibilidad del gobernador, reiterada en distintas mediciones de aprobación, se suma la falta de creatividad del aparato de comunicación, con boletines hechos en la pereza absoluta.

Los gobiernos municipales cantan muy mal las rancheras. Y si el mariachi es mediocre, sus voces no lo mejoran ni un poquito.

Antes me pregunté y me sigo cuestionando por la eficacia gubernamental en encarar el problema. ¿Tenemos suficiente o carecemos de la mínima? No tengo elementos para sustentar un juicio, sólo crecientes sospechas.

La ciudadanía es como es. Hay quienes sí colaboran, hay muchos que no. Hay quienes asumen conscientes, hay exceso de irresponsabilidad. Tampoco somos una raza culturalmente única: lo mismo pasó y pasa en otros países. Lo lamentable es que en este examen vital, donde nos jugábamos tanto, primero, miles de vidas, la calificación difícilmente será aprobatoria.

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