Perfume de mujer

Anoche, extraviado entre opciones vanas y cansancio, encontré en Netflix la película Perfume de mujer, que a sus casi 30 años me sigue pareciendo joven. La elegí sin dudarlo, luego de muchos años. Recordé, maldita sea, que no he visto la peli original, Profumo di donna, que guardo en alguna parte de mis libreros, probablemente sin abrirla siquiera.

La tengo tan metida en la memoria y la piel, que algunos pasajes los recordaba como si la hubiera visto antier, pero no dejé de reír cuando volvía a escuchar los retruécanos del teniente coronel Slade, interpretado magistralmente por Al Pacino, como sabrán los más viejos.

De la peli, desde la primera vez, atesoré y ahora reviví las escenas sublimes: el tango de Slade con la bellísima Donna (mujer de mis sueños juveniles) y el juicio de Charlie, con el discurso genial de Pacino.

La sesión me recordó también aquellos tiempos y, en algún momento, confieso, ablandó emociones hasta fronteras insospechadas. El buen cine, ni duda cabe, es una dimensión tan real como la vida. O más.

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