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Educación: desafíos para el 2021

La mirada aguda, apertura y humildad serían ingredientes para que las autoridades educativas realizaran una valoración rigurosa de lo sucedido en el año en que enseñamos y aprendimos en casa.

Muchas lecciones de la pandemia saltan a la vista. Una de ellas, fácil de enunciar y complicada de emprender por tradiciones, es que la transformación más profunda de la escuela requiere tocar otras áreas de la acción gubernamental y las políticas públicas.

Es verdad que los cambios pedagógicos deben ocurrir en las aulas, porque muchas reformas no se acercaron al entorno escolar o carecían de estrategias para intervenir en los salones; fueron reformas de papel. Pero muchos cambios son posibles por lo que sucede fuera de ellas, no sólo en tiempo presente, sino como resultado de acciones acumuladas a lo largo de periodos más amplios.

La Secretaría de Educación Pública y las autoridades educativas de los estados podrían examinar con cuidado qué nos enseña la pandemia, los logros y desaciertos, para trazar nuevos escenarios y construir lo que en el discurso llaman la Nueva Escuela Mexicana, todavía un cascarón sin contenido.

Para 2021 ya la SEP anunció otra versión de Aprende en casa, en un momento complicado, porque la pandemia no cesa, porque las vacunas todavía están lejos de las escuelas y por la extraña transición que observamos entre un secretario en funciones y una secretaria designada.

El periodo de Esteban Moctezuma deja algunos resultados positivos, como una nueva Ley para la educación superior, que incluye el derecho de los ciudadanos a cursarla en forma gratuita y la obligatoriedad para el estado de garantizarla. Es un avance, pero insuficiente ante los retos y retrocesos.

Rebasado el primer tercio del gobierno federal, nadie podría esperar saldos espectaculares en educación, porque mover un sistema tan robusto es complicado, pero ya cabría exigir señales más claras del rumbo.

A este paso, con la pandemia encima, no veremos ni el proyecto para la transformación del sistema educativo y cabría, apenas, conformarse con que no zozobre la nave.

El nuevo gobernador(a) y la educación

Hace algunas semanas, en este mismo espacio, escribí sobre los candidatos al gobierno del estado de Colima y la relevancia que podría tener para ellos la educación. Entonces, sólo sabíamos quiénes tenían interés por ocupar una candidatura. Hoy, con las cartas sobre la mesa, es posible reflexionar con algunos elementos adicionales.

En la baraja muchos aspiran y algunos serán ungidos por sus partidos; pero con posibilidades de contender seriamente por la gubernatura, las opciones se reducen a los dedos de una mano, según creo.

En el orden que vienen a mi cabeza: Indira Vizcaíno, Mely Romero, Joel Padilla, Leoncio Morán y Virgilio Mendoza. Como sabemos, uno será descartado entre Joel y Virgilio; también, que Mely debe jugarse la nominación con Martha Sosa.

Sus trayectorias no se fraguaron cerca de la educación, con excepción de Joel Padilla, por el trabajo desarrollado en los Cendis, las prepas Tierra y Libertad y ahora la Universidad José Martí. Conoce el medio educativo local y de otros contextos, a través de las redes del Partido del Trabajo y su participación actual en la Comisión de Educación del Senado.

Indira, desde su cargo en la delegación de programas sociales, estuvo cerca de la apertura en Armería de la Universidad Benito Juárez, pero poco sabemos de lo que ahí sucede. Hace un año prometió que estaría listo el edificio en tres meses. No sucedió. Luego anunció que estaría en octubre, pero no hay registros en prensa al respecto.

En los otros candidatos no encuentro algún hecho relevante. De Virgilio y Locho Morán, como alcaldes, no hay algo digno de contar en sus gestiones. En general, los municipios se abstienen de participar en la función educativa, aunque el artículo tercero de la Constitución Política los hace corresponsables. La mira de Mely ha estado en otros terrenos, próximos a su origen partidario.

Por supuesto, a Joel su cercanía con la educación no le concede ventajas con el sector magisterial, ni a los otros los castiga en el mismo sentido. Sí tengo claro, en cambio, que la educación ha sido el trampolín desde el cual se ha proyectado el actual senador Padilla, y que difícilmente veríamos un menosprecio al gremio y a la educación.

Es temprano todavía para más juicios; primero, veremos el arranque de las campañas y los pronunciamientos. Ojalá ahí los candidatos (y candidatas) ofrezcan propuestas frescas e innovadoras, capaces de transformar al sector, porque Colima puede ser un estado modelo en educación. Y ella puede ser detonante del desarrollo en distintos ámbitos. Veremos si se aprovecha o perderemos una década crucial después de la pandemia.

Volver a las escuelas: cómo y cuándo

El debate por la vuelta a las escuelas en estos tiempos de pandemia tiene dos posturas firmes: no a la presencialidad, hasta que haya condiciones sanitarias y laborales o vacuna; la otra, prolongar la modalidad remota de educación perjudicará más las posibilidades de los que menos tienen, es preciso, por lo tanto, volver a las aulas, pues distintas evidencias muestran que los niños no son el foco de propagación supuesto.

Se discute el tema en distintas latitudes; en México menos, pero ocurrirá en algún momento con fuerza.

Esta mañana leí el pronunciamiento de un grupo diverso de educadores argentinos; proponen un “acuerdo de concertación educativa” para que el 2021 sea mejor que 2019 y logremos el retorno seguro y con los aprendizajes adquiridos de estos meses.

Mariano Narodowski, uno de los promotores de la iniciativa, en su cuenta de Twitter plantea una idea sugerente para invitar a la lectura: proponer la vuelta a clases sin ideas y criterios concretos, para funcionarios concretos y escuelas concretas, no parece muy productivo. Así lo creo. El debate debe superar la grieta o fractura entre posiciones políticas y pedagógicas e instalarse en otra perspectiva. En México también aplica.

A continuación, por su valía para un debate con ideas, comparto en forma breve los 12 puntos de la iniciativa suscrita por un abanico creciente de personas con posturas divergentes, pero que suman a la necesidad de superar la situación que enfrentan Argentina y otros países del continente.

1. Todos queremos que las escuelas reabran y así regresar a la educación presencial.
2. La educación debe ser prioridad real, no una mera declaración.
3. La vuelta a clases requiere un consenso que incluya a todos los actores de la educación.
4. No queda margen para seguir descuidando la infraestructura sanitaria básica en las escuelas.
5. Es urgente garantizar las condiciones de conectividad y equipamiento para los sectores que no cuentan con ellas.
6. Es preciso mapear y movilizar todos los recursos para garantizar el derecho a la educación, priorizando a los sectores desfavorecidos.
7. La vuelta a la escuela no puede ser improvisada.
8. Los docentes conocen como nadie el territorio real. Es imprescindible que las decisiones incluyan también a directivos y docentes en los ámbitos de gestión y decisión, dado que las respuestas deberán ser diversas, según las características de cada institución.
9. El peor escenario es la autonomía escolar perversa, en la que cada institución y cada docente resuelven los problemas aisladamente y con muy escasos apoyos y acompañamiento
10. La escuela es también ese lugar en el que se detecta y actúa ante la vulneración de derechos.
11. Los problemas socio-pedagógicos emergentes requieren un abordaje que articule macro y micro políticas educativas.

La número doce la copio completa por su valor y convocatoria: “2021 tiene que ser mejor que 2019. No hay certezas; hay desigualdades y problemas socioeducativos que se arrastran desde hace mucho tiempo. Pero contamos, por un lado, con una enorme experiencia pedagógica y didáctica acumulada gracias al gran esfuerzo que realizaron los docentes este año en todas las escuelas del país, y por el otro con investigación en territorio desde universidades públicas, privadas e institutos de formación docente. Con esa materia prima se pueden dar respuestas nuevas para los desafíos que se nos imponen, esperando que la política educativa las promueva, las apoye, las acompañe y las potencie”.

Un debate educativo razonable, informado y al margen de las posturas pro o contra el gobierno federal (para salvar la “grieta”, dicen los colegas argentinos), es indispensable para que en el regreso a las escuelas aprobemos el examen de las lecciones que no está dejando, a manos llenas, la pandemia.

Candidatos a gobernador y la educación

En noviembre se aceleraron los pronunciamientos de quienes pretenden gobernar Colima los próximos seis años. También las encuestas que preguntan por las preferencias si ahora fueran las elecciones. Esos juegos que entretienen y, con frecuencia, embaucan.

Algunos aspirantes comenzaron su campaña desde cargos públicos hace meses o años. Es momento, ya, de que los ciudadanos examinemos mensajes, analicemos trayectorias y hechos para tomar buenas decisiones.

Los rebaños sólo tienen rutinas, porque así están programados, a seguir a su pastor, pero los ciudadanos tenemos libertad y voluntad para decir no, o sí, como juzguemos razonable.

No hay que tener bola de cristal para imaginar los dos grandes temas que ocuparán la atención: violencia e inseguridad y economía. Tiempo atrás lo padecemos, como el país, claro.

Lejos aparecerán otros, como la educación, más distantes la cultura o la construcción de una civilidad distinta para una entidad con características para ser ejemplar.

No es que la educación sea la solución directa de los problemas económicos o de la violencia, pero sí que la educación está en el fondo, junto a otros factores, para construir una economía vigorosa y lo más justa posible, y que son la educación y la cultura las que construyen la paz en las mentes y corazones de las personas, como así postula la Unesco. No hablo de abrazos y no balazos.

Es entendible el tercer o cuarto lugar que puede ocupar la educación para políticos como los que padecemos. Porque ella, la educación, no ofrece resultados inmediatos, como embellecer un jardín o develar una placa. La educación es siempre una apuesta por el futuro, es decir, por el mediano y largo plazos. Y los políticos no miran más allá de las próximas elecciones.

Por supuesto, hay que pensar un poquito y encontrar los proyectos que, repito, en mediano y largo plazos, redunden en la mejora de las condiciones de vida y desarrollo social.

Pienso, por ejemplo, convertir a Colima en una auténtica ciudad universitaria, reconocida en el país (no por nosotros mismos ni por nuestros invitados) porque aquí están las mejores facultades universitarias de, por ejemplo, Medicina, Bellas Artes, Arquitectura, Oceanología, Agronomía, y se vuelve un destino atractivo para los mejores estudiantes del país y de otros.

El mercado de los estudiantes de movilidad antes de la pandemia era uno de los más jugosos en la economía mundial. Tiene múltiples beneficios: calles peatonales, bares de estudiantes (no antros ni sitios para emborracharse), comedores, sitios para ejercitarse, residencias estudiantiles, museos, bibliotecas, centros digitales de aprendizaje, cineclubes, más valor a las personas y menos a los vehículos, transporte público limpio y eficiente, en fin.

No es fácil, pero tenemos esa opción, otras opciones. Usémoslas o sigamos así, en la medianía, en el Colima que vive más en nuestras fantasías e ilusiones, que el que pisamos cuando salimos a las calles.

Día negro para la educación

Otro día negro para la educación. Temprano recibí un comunicado firmado por el Consejo Nacional de Autoridades de Educación Normal, lamentando que el dictamen de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados no haya atendido la solicitud de reconsiderar el presupuesto para las 265 escuelas normales públicas. Explican razones y pesares.

Es inaudito. Sí. Mientras un brazo delgaducho del gobierno aplaude y reconoce el esfuerzo magisterial, en voz del secretario de Educación, ensalzando la más grande transformación educativa del país, el otro, el rebaño de diputados del presidente sin piedad acata instrucciones.

Día negro, negrísimo. ¿Qué sistema educativo avanzó sin mejorar a sus profesores y futuros profesores? Después de las aprobaciones y los festejos de los siervos, ¿alguien lo puedo explicar?