Cuaderno

Los gimnasios y yo

Posted by Juan Carlos Y√°√Īez Velazco

1002043_651284174935961_2138016641_nNo soy afecto a los gimnasios. Tal vez tengo una impresi√≥n equivocada, pero como no busco casi nada de lo que creo que all√≠ abunda, prefiero seguir mis modestas caminatas matutinas o vespertinas, persiguiendo un poco de orden, un momento de reposo en el traj√≠n, alg√ļn ejercicio para el cuerpo y otro para el esp√≠ritu.

Solo una √©poca asist√≠ consuetudinariamente al peque√Īo gimnasio del edificio de Derqui 33, en C√≥rdoba, Argentina. El edificio de departamentos ten√≠a uno en el √ļltimo piso. Me volv√≠ habitual por las ma√Īanas o noches. Casi siempre estaba solo, y disfrut√© las semanas que all√≠ pas√©, porque adem√°s ten√≠a la fortuna de mirar a trav√©s de sus ventanas buena parte de la ciudad, por una vista privilegiada hacia el bell√≠simo edificio del Paseo del Buen Pastor.

Sin intenciones de reventarme el coraz√≥n, mis rutinas improvisadas e instintivas me llevaban una hora, luego bajaba por el ba√Īo y a lo que segu√≠a. A veces no recordaba las actividades que hac√≠a, porque enfrascado en el movimiento empezaba a poner ideas en claro, encontraba una palabra, una oraci√≥n, y varias deb√≠ contener la tentaci√≥n de bajar de la bicicleta fija para sentarme a escribir el alumbramiento.

El ejercicio del cuerpo fue, en realidad, una terapia para cazar y aclarar ideas.  A pesar de esas ventajas, en Colima ni siquiera me ronda por la cabeza la posibilidad de inscribirme.

En mi nueva agenda laboral, con algunos viajes cortos pero más o menos frecuentes, he optado por combatir el sedentarismo, la inmovilidad y el estrés visitando los gimnasio de los hoteles. Aunque preferiría caminar las calles, la inseguridad y el desconocimiento obligan a la prudencia. El gimnasio de hotel es, entonces, un reducto propicio, no siempre en óptimas condiciones, pero suficiente para estirar las piernas, sudar un poco y, con suerte, encontrar lo perdido o la orientación.

Fue en el gimnasio de un hotel en el sur de la ciudad de México donde anoche me vinieron estos párrafos y la tentación de escribirlos para reconocer, contra mi natural aversión, que fuera de casa se me están volviendo casi indispensables y más pertinentes que sus restaurantes donde, casi con seguridad, encontraré comida de menor calidad a la que me gustaría y desorbitada en precios.

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