Diario 2015

EL ROSTRO DE LA MUERTE

Posted by Juan Carlos Y√°√Īez Velazco

Hoy vi dos veces el rostro de la muerte. O la muerte en el rostro. La muerte, como todos sabrán, en nuestros culturas es un temor casi universal. Un poco inexplicable, dicen algunos filósofos, pues cuando llega, nosotros ya no estamos. Así que las posibilidades de coexistir con ella vienen por terceras personas que nos abandonan.

Pero mi reflexión no tienen tintes gozosos, tampoco filosóficos, ni quiero que lo parezca. La alimentan la indignación e impotencia.

Esta ma√Īana estuve en mi antigua casa, limpi√°ndola de la ceniza volc√°nica que la ba√Ī√≥ hace unos d√≠as. De paso, aprovecho para preparar mi refugio de trabajo. Un cuarto de buen tama√Īo, claridad ideal para leer sin luz el√©ctrica y un ventanal que lo refrescar√° cuando sea necesario. Pas√© all√≠ dos o tres horas. Luego sub√≠ al cuarto de los ni√Īos, a ordenar juguetes y recoger basura. Me sorprendi√≥ ver el tama√Īo de las cacas en el piso, de un volumen superior al de una cucaracha o una besucona. No le di mucha importancia. Las varias semanas de abandono habr√°n procurado esos efectos.

A punto de terminar la faena, una estilizada figura apareci√≥ en el mueble del pasillo, a menos de un metro. Era ella la autora de aquellos desechos. ¬°Verde! Una iguana verde de espectacular tonalidad me miraba con ojos fijos, o eso cre√≠ imaginar. Unos instantes estuvimos as√≠. Discreto mir√© a los lados buscando con qu√© atraparla. Sin perderla de vista, paciente, encima de una bolsa blanca. Una escoba rosa y el recogedor a la mano fueron providenciales. Mi mano fue m√°s veloz que se movimiento sorprendido. La atrap√© con la escoba y la puse sobre el recogedor. Ten√≠a que apresurarme para evitar que escapara, as√≠ que camin√© hacia el balc√≥n para dejarla all√≠. Se cay√≥ una vez, pero resbalando en el piso cer√°mico pude atraparla de nuevo y subirla. Apenas sentir el viento de la puerta abierta salt√≥ al vac√≠o. Segu√≠ su vuelo con la mirada tres metros abajo. Un instante no perdi√≥ el control, o eso imagin√©. Cay√≥ suave y despu√©s de inclinarse a su derecha, cre√≠ que podr√≠a tener la pierna rota o lastimada. Se irgui√≥ de nuevo. Mir√© sus extremidades sim√©tricas, sin da√Īo aparente. Busc√≥ orientarse. Avanz√≥ en el empedrado. Mi vista advirti√≥ una sombra veloz en ca√≠da. Un p√°jaro de tonalidades amarillas la persigui√≥ treinta cent√≠metros y en el primer intento la levant√≥ y cambi√≥ el sentido de su vuelo hacia el lado de donde hab√≠a irrumpido. El azoro me dej√≥ sin respiraci√≥n. La rapaz se par√≥ en un cable telef√≥nica. La iguana estaba aprisionada por el pico en la mitad del cuerpo. Su tama√Īos eran semejantes. Congelado y sorprendido me estremeci√≥ ver la ferocidad letal con que el ave movi√≥ su cabeza hacia la derecha para estrellar la de la iguana dos, tres, cuatro veces, y luego, al percatarse o sentir que se mov√≠a lo hizo una vez m√°s. Fue suficiente. Mis sentidos me enga√Īaron o escuch√© el golpe de la cabeza contra el cable a seis metros de m√≠, a la misma altura.

Con la presa inanimada, emprendió una vez más el vuelo hacia un árbol frondoso en la esquina contraria. En menos de un minuto la iguana verde, bella, había pasado de juguetear entre los muebles de mi casa abandonada, al pico que ya la tendría servida para comer ella o sus pajarillos. Un sentimiento de culpa me invadió. Pensé que pude dejarla allí, aunque sus desechos resultaban inadmisibles entre camas y juguetes. Cerré la puerta. La película se rebobinaba incesantemente ante mis ojos.

Sí, ese rostro de la muerte me desconcertó. No puedo decir que me dolió. Sería un gesto de ridícula sensiblería. Pero mi participación en la cadena alimentación natural me dejó un hoyo en el estómago que no era hambre.

Hoy vi otro rostro de la muerte. Esa otra expresi√≥n me conmocion√≥ hondamente. La fotograf√≠a en primera plana de La Jornada es cruda, terrible, desoladora: el rostro infantil del futuro guerrillero o autodefensa (dir√°n los que todo lo justifican) que recibi√≥ un impacto brutal entre los ojos y le estall√≥ la vida que apenas empezaba. Fue Ostula, Michoac√°n, el sitio del crimen de un o unos aguerridos soldados valientes y perfectos hijos de puta. Las noticias hablan de dos muertos, uno de doce y otra de seis a√Īos. ¬ŅHay explicaci√≥n que valga?

De la peque√Īa iguana de verde bello y cuerpo estilizada nadie se acordar√° ma√Īana, ni siquiera la rapaz ave amarilla que le quit√≥ la vida en forma letal. Nadie. Pero ¬Ņcu√°ndo, c√≥mo podr√°n hacer que una madre, un padre, unos hermanos olviden la despiadada manera en que asesinaron a su hijo, a la ni√Īa? ¬ŅCu√°ndo podr√°n arrancarle esa imagen de la memoria a su madre? ¬ŅC√≥mo resta√Īar√°n la herida de una madre hu√©rfana de hija muerta por balas criminal? ¬ŅLo olvidaremos nosotros, ciudadanos que lo vimos esta ma√Īana o supimos ayer?

Hoy he visto dos rostros de la muerte. Uno, paradójicamente, para vivir, en una cadena natural por los siglos de los siglos. El otro, la enésima expresión de la maldad, la irracionalidad y la brutalidad de unos que se dicen seres humanos.

Related Post

1 Comment

  1. 1J Aylin A. Hern√°ndez Reyes

    1. It is amazing how with the passing of time is more common to see news about deaths, not men but children, innocent people, among others.

    2. But it is more amazing to see i am not surprised by this.

    3. The death can come when you least expect and of the way that I never imagined.

    4. We must value our lives, live and enjoy these every day and at all times.

Leave A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.