Diario 2019

Museo de la Memoria

Posted by Juan Carlos Y√°√Īez Velazco

Ayer llegamos temprano al hotel en calle Madero, coraz√≥n de la Ciudad de M√©xico. Deb√≠amos aguantar cuatro horas para tener la habitaci√≥n; el lobby no era un sitio amplio ni agradable para tan larga espera. La Feria del Libro tambi√©n estaba cerrada, as√≠ que opt√© por caminar las calles aleda√Īas. Sal√≠ con mi mochila en la espalda, como si estuviera en mi ciudad y mis calles, y anduve de un lado para otro, sin destino. Perd√≠ la noci√≥n del reloj. El edificio de Bellas Artes apareci√≥ de pronto, par√© en la esquina, un espect√°culo masivo callejero, y enfil√© hacia la Alameda. Reconoc√≠ sitios y descubr√≠ nuevos, solo cuid√°ndome de no chocar con los transe√ļntes raudos. Una voz femenina me tir√≥ de la nube: ¬ŅAsesor√≠a jur√≠dica?, o algo as√≠ me pregunt√≥ sol√≠cita. La mir√© sorprendido, mov√≠ la cabeza negando su petici√≥n y la tarjeta. A la izquierda me atrajo una multitud de uniformes escolares. Poco dado a las masas, esta vez mis zapatos me llevaron curiosos. Era el Museo Memoria y Tolerancia. Hab√≠a pasado antes pero nunca tuve inter√©s. Observ√© la pantalla del tel√©fono: las 12. Faltaban por lo menos dos horas, as√≠ que pens√© en matar el tiempo en ese sitio y detener la caminata extraviada. En el acceso a las taquillas una empleada me detuvo para explicarme las opciones. Eleg√≠ una con audio para evitarme la lectura y hacerla m√°s relajada. Las filas para comprar boletos, recibir aud√≠fonos y paqueter√≠a eran considerables, pero flu√≠an r√°pido. Me form√© donde indicaron y fui el primero en subir al quinto piso, inicio del recorrido. Seg√ļn la gu√≠a, dos horas era el tiempo previsto; el tiempo justo que quer√≠a perder. Ecuaci√≥n perfecta. La sala de bienvenida son pantallas en las paredes y un enjambre en el centro, en tres niveles de subtitulado: el primero en espa√Īol, segundo en ingl√©s, tercero en franc√©s. Escuch√© atento y trat√© de leer en franc√©s. La visita comenz√≥; oprim√≠ la lecci√≥n 101, y empec√© la ruta. La primera de las dos √°reas del Museo est√° dedicada a la memoria; la segunda, a exaltar la riqueza de la diversidad. La primera me dej√≥ los ojos irritados desde las salas iniciales en el horrendo siglo XX vivido en la materia: la lecci√≥n nazi es espeluznante, por las im√°genes, las cifras mortales, los textos que inevitablemente le√≠ sin apagar aud√≠fonos. Me impresionaron muchas salas, pero me conmov√≠ cuando entr√© en el vag√≥n de madera en que trasladaba a los jud√≠os a los campos de concentraci√≥n. Ah√≠ me qued√©, escuchando las voces, o imagin√°ndolas, la desesperaci√≥n y desesperanza, la perversidad de aquellas mentes torcidas que conviene recordar siempre, aunque las lecciones nunca fueron suficientes, como lo constatan el resto de las salas, con los genocidios en √Āfrica, Europa, Asia y Am√©rica.

Hoy por la ma√Īana, con un fr√≠o intenso, estuvimos parados en el autocar antes de tomar el avi√≥n. Con las puertas cerradas, medio hacinados, los vidrios empa√Īados, el calor empez√≥ a desesperarnos; entonces record√© aquel vag√≥n de la muerte, respir√© hondo y aguant√© sin chistar los minutos restantes hasta que encendieron las luces y ordenaron ascender de cinco en cinco. ¬†Aquellas im√°genes de ayer, 24 horas despu√©s, siguen danzando en mi cabeza.

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1 Comment

  1. Rosario

    Que valiente, caminar dolo tarde por la cd de México, saludos cordiales

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