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Placeres egoístas

Hoy tenía que enviar mi opinión radiofónica quincenal. Es la octava. Hace dos meses estoy al aire. A diferencia de los ocasiones previas, ahora no tenía ni avances ni idea. El fin de semana lo pasé integrando los capítulos de un nuevo libro y el agotamiento me venció pronto. Este lunes desperté temprano para concluir mi compromiso y, por suerte, la madrugada me regaló las líneas iniciales. Lo demás fluyó relativamente fácil. El resultado ya lo juzgarán los escuchas o sus lectores mañana.

Reconfirmé que me gusta tener un espacio en radio y por eso vale la pena el esfuerzo de intentarlo, a pesar del cansancio. El reto desamodorra, expulsa de la conformidad y viene bien.

Escribir para radio es un ejercicio distinto a hacerlo para un periódico o portal informativo. Las palabras tienen sonoridades distintas, se engarzan diferente si las pronunciaré o el lector se las verá con ellas en silencio. Tengo la impresión de que no hay muchos escuchas, pero con absoluta sinceridad ya me importa poco.

Hay un momento donde la escritura es un ejercicio para salvarse a sí mismo. Como hoy.

Programa Sectorial de Educación: ¿a dónde vamos?

Tarde se publicó el Programa Sectorial de Educación 2020-2024, sin justificación del retraso. Roberto Rodríguez, en su columna para Campus Milenio, escribió que el programa se entregó a finales del año pasado y probablemente lo detuvieron en las instancias donde deben aprobarlo: Secretaría de Hacienda y Comisión Nacional de Mejora Regulatoria.

El documento que leí, de 176 páginas en formato PDF, desarrolla seis objetivos prioritarios, 30 estrategias prioritarias y 274 acciones puntuales.

Inicia con un diagnóstico incompleto titulado “Análisis del estado actual”, sin datos, sin evidencias, solo con enunciados que afirman intenciones y descalifican a las administraciones pasadas. Después, en la explicación de las prioridades de cada uno de los seis objetivos, ya agregan indicadores en los renglones donde colocan la atención, en especial, en materia de inequidad de acceso, resultados y condiciones.

Emitido cuando el gobierno cumplió 18 meses pudo contener el resumen de las acciones emprendidas (supongo que habrá) para subsanar o comenzar a atender problemas; ruboriza leer, por ejemplo, que no hay un censo de las condiciones físicas de las 12 mil escuelas públicas de educación media superior y mil escuelas de educación superior. Eso ya lo sabíamos, debieron saberlo ellos hace un buen rato: ¿qué hicieron en estos meses?

El mismo déficit aparece cuando aluden al objetivo prioritario 5: garantizar el derecho a la cultura física y la práctica del deporte, para combatir los graves problemas de sobrepeso, sedentarismo y obesidad infantil, que colocan a México como campeón del mundo. Afirman que la SEP y la CONADE “trabajarán conjuntamente en el diseño e implementación de programas que fomenten la actividad física y el deporte…”. Desarrollarán también, expone, un modelo integral y multisectorial por nivel educativo para propiciar hábitos saludables en tres componentes: alimentación, hidratación y actividad física. De nuevo, confiesa no disponer de un inventario de infraestructura deportiva e instalaciones.

¿Cuándo vamos a tener dichos programas? ¿Cuándo los aplicarán? ¿A la mitad del sexenio? ¿Era tan complicado haber presentado ya primeros avances de dicha tarea? Ya sé que es un programa y no un informe, pero como digo, nos acercamos al primer tercio, y hace dos años comenzaron los trabajos del equipo que hoy dirige la Secretaría de Educación Pública.

Las lagunas son notorias en uno de los renglones donde se supone que los gobiernos que se declaran progresistas no darán pasos atrás: la infraestructura para hacer válido el derecho a la educación. Denunciado el abandono y la corrupción, traducido en carencia de condiciones, afirman que el recurso será insuficiente y, además, estarán concentrados en resolver los problemas derivados de los sismos de 2017 y 2018. ¿Entonces?

“El marco normativo que ha regido al SEN no ha estado a la altura de los retos resultantes de los constantes cambios sociales y mucho menos de los desafíos del siglo XXI”, afirma al explicar la relevancia del objetivo 6. Aquí la pregunta se desliza sola: con la nueva Ley General de Educación y las leyes secundarias adoptadas, ¿ya tenemos el marco para el siglo XXI?

El Programa pondera en todos los casos la búsqueda de la equidad y la inclusión; el énfasis es loable. Hay repetición de propuestas inconclusas, como la creación de un espacio común de educación superior; y otras interesantes, como la “democratización de la lectura” o “garantizar el derecho a gozar de los beneficios del desarrollo de la ciencia y la innovación tecnológica”. También omisiones tremendas: a punto de cumplir 100 años, las misiones culturales fundadas por José Vasconcelos no tienen una mención siquiera: ¿desaparecerán?

Vimos y seguiremos observando la congruencia entre las herramientas, condiciones, recursos y las pretensiones del Programa, porque algunas parecen inalcanzables, como el combate al grave problema del abandono escolar en media superior con distintos programas de tutorías y acompañamiento, en escuelas donde no existen profesores de tiempo completo o pagados para realizar esas actividades.

Las metas son, como es habitual, ambiciosas, pero luego se acompañan de una nota: “el cumplimiento de la meta está sujeto a la disponibilidad presupuestal”. Hay algunas deseables pero desmesuradas, como aumentar la cobertura de educación superior de 39.7% en 2018 a 50% en 2024, por tres razones, al menos: por el financiamiento que se precisaría, por la ampliación de cupos y la solución del grave problema de abandono en ese tipo educativo.

Desde el voluntarismo y la declaración de buenas intenciones alcanza para resolver algunas cuestiones, pero no los problemas estructurales. Ojalá las etapas porvenir sean más convincentes en lo que prometieron la transformación más profunda del sistema educativo.

 

 

Tarde de cine: Metegol

Esta tarde vi por séptima u octava ocasión la película “Metegol”, el fenómeno cinematográfico argentino que dirigió Juan José Campanella, el mismo de “El secreto de sus ojos”, basada en la novela de Eduardo Sacheri, con la cual ganó el Oscar a la mejor película extranjera.

Nunca vi una película más veces que “Metegol” y, supongo, no habrá otra. La ocasión desempolvó lindos recuerdos. La primera vez fue en agosto de 2013, en el cine Gaumont, un recinto emblemático de Buenos Aires, frente a la plaza del Congreso. Recién llegábamos a Argentino y nos hospedábamos a unos metros de la sede del poder legislativo. Al pasar rumbo a Plaza de Mayo vimos la cartelera y como estaba muy cerca, no dudamos en comprar las entradas para la función nocturna. Al finalizar, con la maravillosa canción de Calle 13, mientras las luces se encendían, los aplausos de la gente en la sala nos sorprendieron. Aquello parecía un teatro, no una sala de cine. Salimos sorprendidos y contentos. Luego, en la esquina, en uno de esos restaurantes típicos cenamos antes de volver al hotel para pasar la noche y preparar la salida a Santa Fe, siguiente destino.

En Santa Fe, luego en Córdoba, y después en México, vi otras tantas veces la película, siempre con mi hijo. Cada vez con gusto, sin enfado, sin aburrirme de la misma historia de Amadeo y Matías, basada en un cuento de Roberto Fontanarrosa.

Ahora fue Juan Carlos, de nuevo, quien me pidió verla. Ayer me contó su descubrimiento: ¡papá, Metegol ya está en Netflix! ¿La vemos? Bueno, le dije complacido. La vimos de nuevo y disfrutamos casi como la próxima vez. Al final Mariana, incorporada al público, me preguntó si ya buscaba otra película; no, le atajé, quiero escuchar de nuevo, por milésima vez, Nos vieron cruzar.  Así cruce una linda tarde en este primer día de vacaciones.

Viernes fatal

La contabilidad funesta de la pandemia fue demoledora este viernes para Colima. Leo que se sumaron 58 nuevos infectados y ocurrieron 6 fallecimientos, entre ellos, un bebé de 5 meses.

Las advertencias de la Secretaría de Salud y del propio gobernador no calan suficiente, o es que deben revisarse los mecanismos de comunicación con la sociedad, incluso la propia credibilidad gubernamental. Por otro lado, de poco sirven mensajes que en momentos parecen súplicas, cuando las discrepancias en los distintos órdenes de gobierno son tan grotescas.

En esta cosecha de fatalidades están aflorando también lo bueno y lo peor entre quienes tienen más responsabilidad: alcaldes en campaña en otros municipios, alcaldes eludiendo funciones, omisos ante el cumplimiento de la ley, quizá sólo orientados por las decisiones que consultan al tipo que les mira en el espejo.

Me pregunto: ¿quién toma decisiones en los ayuntamientos o en el gobierno estatal? ¿Tenemos personal preparado para comprender y tomar decisiones? ¿Hay órganos colegiados o son decisiones unipersonales? ¿Están exhibiendo incompetencia técnica o científica? ¿No sería hora de que los gobernantes entiendan que un cargo, de presidente de la nación a diputado local, no te vuelve experto de todo lo que desees en automático? No lo sé. Son preguntas que me dejan las cifras escalofriantes.

Los ciudadanos no merecemos tampoco un premio por buen comportamiento. Aunque no sé cómo se mide, a juzgar por la autoridad federal, en Colima la población nunca dejó de moverse en la contingencia; no lo hizo cuando veíamos la pandemia de lejos, no lo hace ahora.

¿Y ahora, quién podrá defendernos?

Nostalgia de la Universidad

Estuve hoy en la Universidad. En días pasados recibimos la indicación de pasar a nuestros cubículos para verificar el estado de los equipos de cómputo y desconectarlos de corriente eléctrica y la red interna ante la temporada de lluvias, así como para verificar el cierre seguro de puertas. Es habitual la petición en estas fechas.

Es la segunda ocasión en que estoy ahí en estos meses de confinamiento y trabajo en casa. Llegué preocupado por el temor de haber olvidado la contraseña de mi computadora. Salí con nostalgia por los recuerdos que se me desbarrancaron durante la media hora que permanecí limpiando un poco, probando, conectando-desconectando y revisando lo que podría traer conmigo. Por suerte, solo hice dos intentos y al tercero acerté con la clave, así que no se me dificultó la encomienda.

Entre el ambiente desolado y descuidado, y la fealdad de las escuelas vacías, extrañé los años y los días que he vivido ahí.

Mañana es nuestro último día de labores y vienen dos semanas de vacaciones, que espero con una alegría extraña. ¡Vacaciones para estar en casa luego de cuatro meses sin salir de ella! Serán vacaciones para hacer a un lado los compromisos del trabajo universitario y dedicarse a otros. Las vacaciones más extrañas de mi vida.