El estudio en penumbra apenas se iluminaba con la pantalla de la computadora en la mesa de trabajo. La ventana recibÃa en sus cortinas el tÃmido viento fresco. Los cantos de las aves en las ramas
Y cada loco con su diario. Cuando desperté, el diario seguÃa aquÃ. El diario justifica los medios (y los fines). ¿O viceversa? Penélope con su diario de piel marrón. Solo es peor el diario no
350 páginas después el objetivo está (casi) cumplido y empiezo los balances. La escritura cotidiana se convirtió en un ejercicio desafiante, habitualmente gozoso; no pocas ocasiones, fue el
Antes de leerme, entiéndase lo siguiente: mis hijos son perfectamente normales. No son los más guapos o inteligentes, ni los más simpáticos o chispeantes. No los juzgo asÃ. Son como todos:
Cada vez soporto menos el Facebook. Y cada vez me soporto menos cuando digo algo semejante. Solo un buen número de amigos, lo confieso, son la razón de continuar allà Si ya me costaba trabajar
