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La educación también es buena noticia

Las buenas noticias en educación merecerían doble atención: por ser menos de las deseables, porque la escuela necesita más comprensión y no juicios sumarios contra sus resultados y actores, y porque existen esos hechos pero atraen menos interés que las notas escandalosas.

Esta mañana leí en “Educación Futura”, portal especializado en periodismo educativo, que los egresados de la Universidad Iberoamericana, institución privada de enseñanza superior, lanzó un programa dirigido a los albañiles para que puedan estudiar y concluir su formación básica y media superior.

Según la nota, once mil trabajadores ya recibieron los beneficios del programa, llamado “Misión Construyendo y Creciendo”. La iniciativa requiere que los constructores de la obra destinen un espacio para habilitarlo como aula y puedan dedicar dos horas al día a su alfabetización, cursar la primaria y secundaria, capacitación tecnológica, hasta cursos de crecimiento personal, como autoestima, salud sexual o violencia intrafamiliar. El Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), por su parte, provee de los asesores capacitados para dirigir el trabajo en los grupos, actualmente 16, confiesa el líder del proyecto, José Shabot.

La iniciativa me parece encomiable. Estoy seguro que, como esa, muchas otras se realizan en todas las entidades del país, pero se conocen poco, se alientan con menos fortuna y no se potencian.

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Lotería fatal

Aunque la Declaración Universal consagra los derechos humanos, las realidades de miseria, los esquemas económicos inmisericordes, las visiones políticas y la atroz voracidad se encargan de pulverizar la libertad, igualdad y fraternidad, junto con todos esos discursos que ponderan las bondades de los años que corren.

Hoy, las posibilidades de vivir con dignidad, alimentarse, educarse y rebasar la barrera de los 35 años dependen de la región del mundo donde se nace. En una lotería extraña, los poquitos que nacen en algunos países, en algunas regiones dentro de esos países, y en ciertas colonias de aquellas regiones y países, vivirán como ciudadanos de primera. El resto, la gran mayoría, sobrevivirá apenas. El horizonte es negro: los hijos parecen destinados a vivir peor que los padres; circunstancia inédita en la historia.

Distintos informes mundiales, aunque pretenden ser optimistas, no pueden esconder terribles imperfecciones. Por ejemplo, el informe de la UNICEF 2009, “Estado mundial de la infancia”, es cruda expresión de la terrible inequidad en el planeta. Nacer en un país pobre entraña un riesgo 300 veces mayor que quienes nacen en países industrializados. 10, 20, 50, 300 veces es éticamente inaceptable; ni siquiera políticamente parece sostenible una sociedad mundial con esas grietas. Mientras en Níger el riesgo de morir en el parto es de uno entre siete, en Irlanda es de uno entre más de 47 mil. De esa forma, eran cuatro millones los niños recién nacidos (hasta 28 días) que morían al año por causas evitables.

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Trump: ¿próximo presidente de Estados Unidos?

trump_flicker_face_yessMe extraña la candidez de algunos bien intencionados que se alarman por el probable triunfo de Donald Trump en la carrera republicana por la presidencia de su país. A mí, no. No me extrañaría que se convirtiera en el sucesor de Obama. Tampoco es mi deseo, pero los deseos de los mexicanos en México no definirán la elección, ni siquiera un poquito.

El dispendioso mundo político hace tiempo (¿siempre?) nos regala desfiguros a raudales. La lista puede ser larguísima y hasta trágica. Baste recordar ejemplos cercanos en el civilizado mundo occidental: Silvio Berlusconi en Italia; el “loco” Abdalá Bucaram en Ecuador; Alberto Fujimori en Perú; los Nicolás, Sarkozy en Francia y Maduro en Venezuela; México, con Vicente Fox y Martha Sahagún, o José López Portillo. A Mauricio Macri en Argentina habrá que darle un poco más de tiempo. En fin.

En Estados Unidos no podemos olvidar el oprobio de que su actual presidente recibiera el premio Nobel de la Paz, y menos la talla intelectual (sic) de algunos de sus ex presidentes, como Ronald Reagan o los George Bush, padre e hijo.

Pero ya no nos extrañamos, claro, porque la imbecilidad se instaló majestuosa entre nosotros tiempo atrás, como el tango Cambalache cuando canta: “Todo es igual. Nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor… Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón.”

Vuelvo del paréntesis en el arrabal porteño. En esa secuela, repito, nadie tendría que extrañarse si Trump triunfa y se convierte en el presidente más poderoso del mundo.

Puestos a mirar el presente con sentido crítico, habría que preguntarse: ¿con Obama el trato que recibieron los mexicanos fue distinto, es decir, mejor?

Es verdad, con Trump y sus desquiciadas ideas la situación puede empeorar, pero eso no lo decidiremos, ¿o acaso permitiríamos que ellos pretendieran decidir por nosotros?

 

Retos para la educación en Colima

El 29 de febrero de 2008 asistí a un foro organizado por la Fundación Colosio con el tema de la educación en Colima. Para escribir esta semana sobre las perspectivas de la educación colimense, revisé la ponencia preparada para aquella ocasión y, sin asombro, descubrí que las ideas y retos planteados persisten. Intencionalmente me abstuve de actualizar ese documento; solo extraje y ordené algunos párrafos para compartir ahora.

Se afirma que el presente de las escuelas es el futuro de los países. Si estamos de acuerdo, pensar el futuro obliga a revisar el presente, observar críticamente el aquí y ahora, para imaginar escenarios posibles en función de tendencias e impacto probable de las políticas públicas. En esa perspectiva advierto un conjunto de retos que habrán de enfrentar la educación media superior y superior en la entidad; aunque resulte indispensable mirar el panorama nacional y al resto del sistema. Son retos del presente que podrían seguirlo siendo en el futuro, con mayor nivel de gravedad, si no existen voluntades políticas, conjunción de esfuerzos entre actores implicados, políticas de Estado, firme decisión gubernamental y participación presupuestal creciente.

Los cinco retos son parte de la problemática educativa, pero si se incide en ellos, muchos de los otros podrían amortiguar efectos, lo que permitiría convertir a Colima en una entidad con enorme potencial formativo, comparable con otros países del mundo semejante y, sobre todo, que hace efectivo el derecho constitucional -y universal- a una educación capaz de transformar las vidas de los hombres y mujeres que la habitan, así como a lograr que tan trascendente función social cumpla los cometidos de la educación a principios de nuestro siglo: contribuir a la construcción de una sociedad democrática, económicamente desarrollada y socialmente justa.

Los cinco retos son: analfabetismo y rezago educativo, la necesidad de una visión estatal, cobertura en educación media superior y superior, expansión regulada de la enseñanza privada y financiamiento educativo. A continuación, un brevísimo repaso.

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La evaluación educativa como espectáculo

Los anuncios recientes sobre la aplicación de las pruebas del PLANEA (Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes), reavivaron un conflicto incesante: el lugar de la evaluación en la realidad educativa y política del país.

Cuatro actores están en medio de la batahola: la Secretaría de Educación Pública, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), organizaciones de la sociedad civil y un frente disperso de académicos e investigadores críticos que, con relativa facilidad, desnudan las falencias de la reforma e intenciones que se van desplegando.

La próxima edición del PLANEA difiere de las anteriores, grosso modo, porque la aplicación (y los aplicadores) serán internos y los fines solamente diagnósticos para las escuelas; eso provocó que algunos sectores, como Mexicanos Primero, se revuelvan furiosos para denunciar que no es el camino y precisa enmendarse la decisión como está marcado en la normativa: que los aplicadores sean externos y los usos de los resultados, públicos.

De la consejera presidenta del INEE, Sylvia Schmelkes, solo espero mesura e inteligencia; y ahora fue así. Inicialmente dijo lo que cualquier persona medianamente informada en el tema sabe: que los cambios educativos no se observan en lapsos cortos.

La decisión es sensata (si hubo recorte presupuestal es tema de discusión aparte): devolver a la escuela la confianza y la responsabilidad de que sean los maestros quienes apliquen las pruebas y utilicen los resultados para introducir cambios. ¿Con controles? Los indispensables, por supuesto. Hacerlo es un gesto que hoy no existe hacia los maestros, a quienes se dispara a la cabeza sin piedad con generalizaciones abusivas. Obvio reiterarlo: eso no descarta la exigencia de rigor y profesionalismo a los implicados, pues el autoengaño dañaría severamente el proceso.

Por otro lado, la obligación de transparentar resultados es irreversible; como lo es mejorar escuelas, diseñar políticas apropiadas, contratar maestros o formarlos adecuadamente, pero las auténticas transformaciones no vendrán dadas por los sesudos informes de Mexicanos Primeros o México Evalúa, o con periodistas exhibiendo sin análisis ni contextualizaciones. La educación no es un partido de fútbol ni un programa televisivo de chismes.

Los informes nacionales o estatales, las aplicaciones reiteradas de pruebas o resultados en rankings no resuelven problemas estructurales. Son coartadas para campañas propagandísticas o notas amarillas en prensa. Nada de eso falta. Lo que modificará la educación es lo que hagan los maestros con los alumnos en los salones de clases, en la escuela toda. Esa debe ser la prioridad. Lo que necesitamos es el máximo uso pedagógico de la evaluación, no convertirla en espectáculo mediático.

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