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De luto por Joan Margarit

Cuando buscaba libros del poeta catalán Miquel Martí i Pol encontré a Joan Margarit. Leí tres o cuatro poemas, una entrevista y vi varios videos. La fuerza de su figura, su voz teatral y la carnalidad de sus poemas me deslumbraron. Hice a un lado la búsqueda inicial y conseguí la poesía completa del premio Cervantes 2019, que no recibió en acto público por la pandemia.

Arquitecto y profesor, era considerada el mayor poeta vivo catalán, autor, además, de una obra escrita simultáneamente en español y la lengua de Cataluña; no son traducciones, defendía él, son poemas que se escriben en sus propios idiomas.

Hoy me desperté con la triste noticia de que murió Joan Margarit. Fue inevitable recordar aquellos versos del libro escrito a su hija, Joana, mientras se iba muriendo frente a sus ojos. Poemas desgarradores, de amor y dolor.

Por Joan Margarit, entre otras razones, empecé hace algunas semanas a estudiar catalán. Quería leerlo en su idioma y, de paso, a Miquel Martí i Pol, quien me condujo, involuntariamente, al territorio de su poesía. Lo haré un día, no sé cuando, pero estará frente a mis ojos.

Nuevo semestre en la Universidad

Comienza un nuevo semestre en la Universidad de Colima. Como desde hace tres años, coordinaré el curso de Gestión y administración de la educación superior con un grupo de estudiantes de tercer año de la carrera de Pedagogía.

Son 24 los inscritos en este ciclo y espero que el trabajo vía remota, mejorado con la experiencia de los meses del largo confinamiento, produzca aprendizajes valiosos para los muchachos.

Me parece que el semestre anterior los resultados fueron más positivos que cuando volvimos después del parón, así que ahora, en un horizonte igualmente complejo, confío en que sigamos avanzando.

En estas semanas, cuando abrimos nuevos cursos y conocemos otros estudiantes, con la expectativa del semestre naciente, me gusta pensar cosas distintas a lo que tenemos. Ahora, entre las ideas que acaricio, es que los cursos universitarios pudieran estar abiertos a personas interesadas en tomarlos, sin ser alumnos regulares, como estudiantes de otras instituciones, personas dedicadas al ámbito laboral próximo, entre otros.

En esa opción de flexibilidad aprecio ventajas: interés por aprender y no por pasar materias, una enfermedad que a veces padecen los estudiantes; la riqueza de conocer otras perspectivas, nutridas por la práctica laboral o diversas disciplinas y carreras. Pero también, la concreción de la educación universitaria como un derecho, entendido en su sentido más amplio.

Estoy seguro que ganaríamos todos: estudiantes regulares, maestros e interesados en volver a las aulas o ingresar desde otras instituciones. Las universidades, por supuesto.

Ojalá un día sea posible.

Mañana de saudade

13 de febrero. La mañana fue distinta. Por la inauguración del 36 aniversario de la Facultad de Pedagogía asistí a un panel virtual con dos de las primeras directoras, Sara Lourdes Cruz y Sara G. Martínez.

Poco más de una hora duró la sesión en pantalla, con evocaciones personales desde los lugares que ambas mujeres ocuparon en la Facultad, una como fundadora y primera directora; la otra, como estudiante, luego profesora y directora.

El relato de la Facultad es, en parte, el de la película de mi vida profesional. A la distancia, estos 36 años no se pueden recorrer sin la saudade. Fue una placentera forma de recordar, es decir, de volver a pasar por el corazón.

Minicolumnas: nuevo reto

Esta semana comencé un ejercicio inédito en mi actividad bloguera: columnas breves, con menos de 150 palabras, sobre temas de la vida pública.

Aunque el año pasado intenté varios microrrelatos, esta vez es distinto. Se trata de un desafío de síntesis de ideas y concisión de palabras, para que en tres párrafos con pocas líneas quepan tema y conclusión o pregunta. Escribí dos ya y no me corre prisa por la siguiente. Irán saliendo de a poco. Espero.

Para mucha gente las columnas breves acusan flojera o falta de ideas del autor. Puede ser el caso, pero la brevedad clara es virtud en la redacción. En tiempos de redes sociales y predominio de pantallas es un guiño al lector.

Inexplicable

Después de contagiarse de COVID-19 es inexplicable la negativa del presidente a usar cubrebocas. Es otra prueba de esa cerrazón que eructa júbilo entre fanáticos, pero desautoriza la cordura. Alguna vez dijo que lo usaría si se lo recomendaba Hugo (López-Gatell). Ahora dice que respeta al subsecretario de Salud, pero no lo hará. ¿Por qué la terquedad?

El conductor o líder de un grupo tiene que ser ejemplo. El presidente así se asume: como modelo de honestidad, franqueza, austeridad. Se aplaude. Pero negarse a usar el cubrebocas es la renuncia a asumir que su conducta debe ser imitable, en un momento donde el número de infectados y muertos en el país no admite medianías ni abstenciones. Es cierto, al usarlo no hay garantía de no infectarse, por eso debe intentarse todo lo que su propio gobierno, con tibieza tardía, promueve.

Con su conducta y negación irracional cruza a la acera de la irresponsabilidad. No es admisible ni disculpable. En su persona y en cualquiera que tenga una tarea pública y una autoridad moral que compromete a hacerlo de la mejor forma.