LA VERDAD DE GARY LINEKER

DiadlaIndpedenciaNunca fue más cierta la afirmación del centro delantero inglés que rescató el honor de su país en el Mundial de México 86: el futbol es un juego donde 22 hombres corren durante 90 minutos detrás de un balón y al final siempre ganan los alemanes.

Luego de la copa mundial realizada en su país (2006), donde fueron testigos adoloridos de la coronación de Italia, los alemanes iniciaron un camino que podrían culminar este domingo en el mítico estadio de Maracaná, una de las catedrales del deporte universal. En 2006 a los alemanes les ganó la juventud extrema de sus promesas, y no tuvieron el oficio suficiente. En Sudáfrica carecieron de la inteligencia para defenderse de España, y fueron eliminados por el equipo que mejor jugó durante varios años en todo el orbe.

A Brasil 2014 llegaron en plenitud, jóvenes pero probados, con un entrenador que continuaba un proyecto, y con la mitad del seleccionado titular jugando en el Bayern Munich a las órdenes de otro mito de este siglo futbolístico: Pep Guardiola. Los nombres del equipo germano serán recordados por varias generaciones.

Alemania, por su desempeño general durante la copa realizada en Brasil, es el peor de los contendientes, es decir, el más temible de todos, el que mejor juega, el que ofrece más variantes, con espíritu indomable y orgulloso. Un equipo que juega a campeón.

En Argentina uno de los caricaturistas del periódico “Página 12” el día en que jugaban Argentina-Holanda escribió en su cartón: Holanda y Argentina disputan la batalla… para no enfrentar a los alemanes. Así podría leerse en clave inversa el duelo de estrategias.

El peor de los rivales de una copa del mundo es Alemania; sus números lo avalan. Pero Argentina tiene en su haber ingredientes que lo convierten en el peor de los equipos que habrían querido enfrentar los alemanes, el más peligroso de todos los aspirantes reales al campeón del mundo en el futbol. Argentina es un equipo compacto, sólido, con una defensa férrea, con un inconmensurable Mascherano en mitad del campo, también con un espíritu combativo y el orgullo como pocos pueblos; con una oleada de argentinos que por decenas de miles llegaron a Río de Janeiro para apoyar desde cualquier parte a su selección, tantos como para llenar el Maracaná. Y como si no fuera suficiente, el mejor futbolista del mundo nació en Rosario, canta y siente el himno nacional argentino. Si el enano frota la lámpara, como dicen sus compañeros a Messi, el mundial se quedará en Sudamérica.

Si la justicia existiera en el mundo del futbol, el domingo Alemania debería ser campeón, y me haría feliz que en el deporte, como en la vida, ganaran siempre -o casi siempre- los que primero piensan en la victoria y no en evitar la derrota. Pero estoy acostumbrado a ir a contracorriente, y tengo afectos inmensos por la patria de San Martín, Evita, Perón, Che Guevara, Maradona, Messi, y por los muchos amigos que conocí y me abrieron puertas en su tierra o en México. No tengo duda: ¡con Argentina, hasta la victoria siempre!

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