75 años de Serrat

Olvidé donde comenzó mi gusto por Joan Manuel Serrat. A diferencia de lo que sucedió con Joaquín Sabina, a quien recuerdo desde la primera vez, como si no hubieran pasado 27 años, con Serrat la historia es más vieja, unos cuantos años más. Debió ser en la época de estudiante universitario, y es posible que las primeras canciones sean Para la libertad y Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández, otro poeta excepcional para quien tengo sitio aparte.

A Serrat lo conocí en la Plaza de Toros México hace 20 años, en su concierto El gusto es nuestro, junto a Ana Belén, musa entre mis musas, Víctor Manuel y Miguel Ríos, en un concierto que hoy, cuando lo escucho, vibro como entonces.

Joan Manuel, Juan Manuel, Serrat cumple años 75 años y no quería dejar de recordarlo en este Diario. Una compañía musical y anímica entrañable, tanta, que mi tesis doctoral, en un gesto un poco extravagante, tiene escrito su nombre, con gratitud por las horas que estuvo conmigo durante incontables madrugadas, avanzando en una faena que pesaba como losa y urgía a concluirla.

Me pregunto ahora, si tuviera que elegir, cuáles serían mis canciones favoritas, solo por ejercitar la memoria. Encuentro muchas, pero destacan algunas, como Canço de matinada, Palabras de amor, Esos locos bajitos, Aquellas pequeñas cosas o Pare; y un disco, 1978, del cual puedo recitar todas las canciones. La lista es parcial e injusta.

El cumpleaños del Nano es motivo de regocijo. Muchas felicidades para el prodigio del Poble Sec, el yerno perfecto, como lo calificó Sabina, con quien disfrutó tanto y tanto en aquellas memorables giras de la Orquesta del Titanic y Dos pajaros de un tiro.

¡Gracias, maestro!  ¡Visça el Barça y visça Serrat!

Posdata consternada

La tarde se ensombreció. Al mediodía hablé por teléfono con mi querido amigo Pedro Vives, y con cierto esfuerzo me contó de un serio problema de salud que tuvo antes de la Navidad. Convalece en Guadalajara y confía en volver pronto a Colima. Estoy dolido y triste, pero esperanzado en la recuperación de su salud, para sentarnos de nuevo en la mesa de su casa y conversar de Argentina, de México, del fútbol, de tangos o de la vida, esta vez, lejos, bien lejos de los cigarros y el vino tinto.

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