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Lo que aprendimos con la pandemia 2

La semana pasada, en este espacio, les conté que había invitado a los estudiantes de la licenciatura en Pedagogía del sexto semestre grupo C, de la Universidad de Colima, a compartirnos sus reflexiones a partir de la pregunta que titula la columna: Lo que aprendimos con la pandemia. Aquí va la segunda parte de sus comentarios, mezcla de apuntes pedagógicos, valoraciones personales y hasta dolorosas confesiones. Por eso, y otras razones, sigo creyendo que las autoridades educativas tienen que abrir ojos y oidos para escuchar y observar a los más importantes protagonistas de las escuelas. No es un favor, es un derecho y una obligación.

Brizuela Padilla Jesús Omar
La pandemia nos ha permitido flexibilizar el proceso de enseñanza aprendizaje, desde otro espacio y con mediación tecnología nos obliga a aprender, pero nos da la oportunidad de crear nuevas alternativas y de innovar la forma en que decidimos llevar nuestro ritmo de vida.

Bernardino Cervantes Paulina Guadalupe
En lo personal yo puedo describir a la pandemia como “la situación que me ha quitado todo y me ha enseñado mucho”. Creo que la pandemia me robó mucho, pues yo perdí a mi padre, que ha sido el mayor tesoro que la vida me había dado; perdí la oportunidad de seguir con mis estudios de manera presencial, de realizar mis prácticas en las diferente áreas que pedagogía nos brinda, pero la pandemia me enseñó a valorar a las personas que tengo a mi alrededor, a las clases que los docentes nos proporcionan con mucho amor, al aprendizaje y los momentos felices que nosotros como compañeros podemos compartir, los aprendizajes que adquirimos dentro del aula, por medio de exposiciones, anécdotas e, incluso, por simples charlas que solemos tener antes o después de clase.

Ahora puedo valorar más el esfuerzo de los profesores al planear las clases. La pandemia me ha enseñado a valorar los distintos escenarios de aprendizaje, pues antes disfrutábamos de las clases en el salón, en el patio, en laboratorio, bibliotecas y en estos tiempos todo es en Internet, donde no se disfrutan las clases como antes, donde no nos vemos físicamente, donde, en algunas ocasiones, la mala calidad de conexión nos hace perder el ritmo de la clase.

Cortés Araujo Paola Montserrat
Con la pandemia aprendimos a apreciar realmente la vida, a valorar los pequeños momentos de felicidad y unidad familiar. A saber que lo más importante será siempre la salud, porque sin ella no podemos estar bien. Nos enseñó a conocernos a nosotros mismos más a profundidad y la manera de adaptación que tenemos como seres humanos a los cambios que se nos presentan. A saber que no tenemos seguro nada y puede pasar algo que nos haga volver a empezar o hacer las cosas de manera diferente a como las hacíamos. La escuela también dejó de ser como la conocíamos maestros y alumnos. Tuvimos que ajustarnos a la transformación que sufrimos y adaptar los planes y actividades con ayuda de los medios tecnológicos para llegar a todos los hogares.

Martínez Quintero Nayeli Alejandra
Con la pandemia aprendí que la vida nos puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, por lo tanto, deberíamos vivir cada instante como si fuera el último; agradecer lo que somos, lo que tenemos y demostrarnos amor, mucho amor. En lo personal, el aislamiento social me ayudó a empezar a valorar la compañía y las muestras de cariño que compartía con mi familia y amigos. Extrañar y valorar a mi escuela, a mis maestros, a los compañeros de clase e incluso a las personas que me encontraba por la calle cuando me dirigía a la Facultad de Pedagogía y a quienes amablemente saludaba con un “buenos días”, acompañados de una sonrisa; una sonrisa que hoy no se puede ver con el uso del cubrebocas. Además, aprendí a conocerme, aceptarme, tener paciencia y, en cierta parte, no hacer planes a futuro, pues comprendí que la vida es muy incierta, no sabemos lo que nos tiene preparado el destino.

De Niz Velazquez Dania
Con la pandemia aprendimos a ser más empáticos, a ayudar al otro sin esperar nada a cambio, pues todos nos encontramos en el mismo barco que va navegando hacia un futuro incierto, donde no sabemos quién estará mañana. Aprendimos a valorar y extrañar cada uno de los momentos que vivimos en el pasado, a apreciar y reconocer el gran valor de un abrazo, un beso, del estar cara a cara con nuestros compañeros, maestros, amigos, familia y expresarles lo que sentimos, que claramente no es lo mismo hacerlo frente a una pantalla donde todo es más frío.

Aprendimos la gran importancia de trabajar en equipo para lograr metas y aportar nuestro pequeño pero gran valioso granito de arena para seguir avanzando. Y uno de tantos aprendizajes que hemos tenido en esta época de confinamiento es el de reinventarnos, de buscar lo mejor de nosotros, de probar cosas nuevas que nunca nos habíamos animado a hacer por miedo y que hoy, gracias a eso, hemos roto con esa barreras que nos han enseñado a aprender de todo y de todos.

Gutiérrez Flores Blanca Alejandra
Con la pandemia aprendí a valorar a mi familia, el esfuerzo que hacen mis padres para poder continuar con mis estudios, que aunque no haya trabajo buscan la manera para que no me faltara nada; me demostró en realidad quienes son las verdaderas amistades y que la familia siempre será primero, además de crear hábitos buenos a mi rutina, ser una persona más organizada y solidaria con mis vecinos.

 

Lo que aprendimos con la pandemia

Soy profesor en la Universidad de Colima. Lo saben buenos amigos que me conocen o siguen desde hace tiempo. Ahora imparto un curso en la licenciatura en Pedagogía a estudiantes del sexto semestre; mujeres, la gran mayoría. Hace algunas semanas les propuse escribir un artículo colectivo, experiencia que ya viví con resultados fantásticos. A la iniciativa respondieron con moderado entusiasmo al principio. Los primeros días recibí pocos mensajes en nuestro grupo de Classroom, pero después aparecieron en abundancia.

Aquí les comparto la primera parte de sus aportaciones a la provocación inicial, que era sencilla: con la pandemia aprendimos… En cada párrafo aparecen los nombres de sus autores, a quienes agradezco la generosidad.

González Rocha Victoria Sinahi
Con la pandemia aprendimos a valorar más nuestra vida, a invertir nuestro tiempo en actividades que nos apasionan y hacen felices, aprendimos a disfrutar cada segundo con nuestros seres queridos, a disfrutar risas y anécdotas de los abuelos, a extrañar y valorar a nuestros verdaderos amigos. Aprendimos a invertir tiempo cuidando nuestra salud física y mental, pero sobre todo aprendimos a valorar lo que tenemos y lo afortunados que somos al seguir disfrutando de la vida.

Manzo Montelongo Daniela
Con la pandemia aprendimos que es importante limpiar cada rincón de manera minuciosa, puesto que de pronto podemos encontrarnos con una formación de basura construida a través de los descuidos de cada día, semana o mes. Es ésta misma formación la que afecta a las escuelas, puesto que con la pandemia se han mostrado todos los problemas que se encontraban ocultos debajo de los pupitres, los escritorios, las situaciones socioeconómicas particulares, la planeación y el currículo de cada escuela, dejando entre ver un problema que ya no se trata sólo de limpieza superficial, si no del enfoque y prioridades escolares.

Martinez de la Mora Nallely Marisol
Con la pandemia aprendimos a ser aún más autónomos con nuestro proceso de aprendizaje, debido a que nuestros profesores y compañeros están al otro lado de la pantalla, y resolver dudas o dar explicaciones se ha vuelto un poco complicado, así que se ha tomado como tarea primordial de los estudiantes dar más de lo que aportábamos de manera presencial. Concuerdo con mis compañeras: aprendimos a realizar nuevas actividades, la mayoría de ellas de carácter formativo.

Rentería Macías Karina
Con la pandemia aprendimos a valorar la función tan importante que tiene un docente; darnos cuenta que para estar frente a un grupo son horas de planeaciones y no siempre se puede realizar lo planeado debido a ciertas situaciones que se presentan. Aprendimos a reconocer que los docentes nos brindan los conocimientos para crear los pilares de nuestra formación académica y también lecciones de vida. Aprendimos la importancia que tiene estar unidos en un aula de clases e interactuar con nuestros compañeros y docentes.

Solorio Herrera Fernanda Jacqueline
Con la pandemia aprendimos a mirar desde otra perspectiva distintos ámbitos de nuestra vida (la educación, la familia, el trabajo, etc.) y a llevarlos de manera diferente, con ello también aprendimos a valorar a la familia, el trabajo, los amigos, la educación y la salud. Nos enfrentamos a momentos difíciles y nuevas realidades que nos ayudaron enormemente a crecer como personas, a ser autodidactas, valorar todo a nuestro alrededor; encontrando nuevos aprendizajes aún en la dificultad.

López Arzate Edith Iaznaia
Con la pandemia aprendimos a seguir reglas, a tomar mejores medidas de higiene, a ser disciplinados. La pandemia, a pesar de su impacto negativo, nos enseñó a disfrutar los amaneceres y esperar con ansias los atardeceres. Aprendimos a apreciar nuestra soledad, al igual que a disfrutar la compañía. Con la pandemia aprendimos que nunca es tarde para acercarnos a los que queremos, a solidificar sentimientos, a comprender las ideas de otros. Gracias a la pandemia, aprendimos a mejorar personal y espiritualmente, a comprender nuestro valor y finalmente, a amarnos a nosotros mismos.

Amezcua Romero Jatziry Magaly
Con la pandemia aprendimos a ser conscientes de que todo puede cambiar, que un día podemos estar tranquilos en nuestro salón de clases pero al siguientes nos encontramos encerrados en nuestros hogares, que un día podemos estar abrazando a alguien muy importante de nuestra vida, pero al siguiente sólo será un recuerdo. Aprendimos a valorar nuestras vidas y lo que tenemos, a mirar más detalladamente lo que se encuentra alrededor, a tomar decisiones por nuestro bien, pero sin afectar a los que nos rodean. Aprendimos a encontrarnos a nosotros mismos, pero sin desviarnos de la realidad.

La semana próxima compartiré la segunda parte y la reflexión final.

La última charla del año

Esta mañana pasé dos horas conversando con estudiantes de pedagogía de la Universidad Tecnológica de México. Fue una experiencia muy agradable; estimulante, para ser preciso. Preparé una pequeña presentación, que no fue tan breve como deseaba, pero la parte central fueron las opiniones de unos quince estudiantes, mujeres casi todas, con preguntas y comentarios muy relevantes, que reconfirman lo que pienso durante esta pandemia: las instituciones que no escuchan a sus maestros y estudiantes están desaprovechando el caudal de ideas que tienen sobre la situaciones real, posible y deseable en la educación.

Me pidieron una reflexión sobre la educación en el marco de la pandemia, mirando hacia el futuro. Eso pretendí, desterrando cualquier perspectiva fatalista y procurando incentivar el pensamiento sobre lo que llamé “lecciones positivas” de esta época de confinamiento, abreviadas en un decálogo. Terminé con dos preguntas para el grupo de más de 110 asistentes y con base en ellas se deslizaron sus intervenciones.

Con esta sesión cerré mi agenda de conferencias durante el año. No tengo más y no pretendo aceptar una sola. Me queda la presentación del libro conmemorativo por los 35 años de Pedagogía en la Universidad de Colima el lunes próximo. Luego, adiós a la vida pública por ahora.

En las semanas siguientes, mientras llega el parón por las vacaciones, habrá que encerrarse a concluir proyectos. El año ha sido extenuante, por la situación de confinamiento y el hartazgo que produce, con temor y duda al lado, y por la cantidad de actividades.

No espero que el 2021 sea mejor, sólo más cierto y confortable. Sano y un poco más divertido.

Los estudiantes del Tec: ¿pagar todo o menos?

Anoche leí con interés la carta (fechada el 20 de julio) que firman estudiantes del Tec de Monterrey, en la cual piden el auxilio a sus autoridades para una reducción del 35% en el costo de las colegiaturas en todos los programas y carreras, al margen de las becas que reciben.

Los estudiantes comienzan su carta aludiendo a los estragos de la pandemia: “una fuerte crisis económica que ha afectado los ingresos de todas las familias mexicanas y ha mermado la capacidad que tiene la población para satisfacer los pagos y obligaciones a su cargo”.

Luego van al foco:“las autoridades del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, de manera anticipada, decretaron un cambio en la modalidad en que se estaban impartiendo las materias conviertiéndose en un modelo educativo flexible, digital y a distancia, situación que orilló a los alumnos a tener que cursar casi tres cuartas partes del semestre ya empezado por medio de videoconferencias, dejando de hacer uso de las instalaciones universitarias y recluyéndose en sus respectivos hogares.”

Introducen enseguida un pasaje para análisis profundos acerca de la calidad de la enseñanza por vías remotas, cuando los sistemas no están diseñados ad hoc: “Dicha modalidad ha sido considerada por las autoridades institucionales como un rotundo éxito para darle continuidad a las materias impartidas, pero esta es una opinión que los alumnos que hoy suscribimos el presente no compartimos.”

Profundizan: “siendo los principales usuarios de los servicios educativos, en el mismo sentido en que se nos ha enseñado a ser críticos en cuanto a los contenidos que aprendemos, hoy manifestamos que hemos sido testigos de los efectos negativos que este modelo tiene sobre nuestro aprendizaje y cómo ha disminuido la calidad educativa de los cursos”.

Su petición es triple; solo transcribo la primera: “Exigimos la reducción del 35% del monto de la colegiatura en el semestre ‘Agosto-Diciembre 2020’, pues al no mantenerse los altos estándares de calidad educativa, resulta una injusticia pagar las mismas cantidades por servicios que no se están prestando…”

En la segunda pide que no haya sanciones, presiones o cualquier forma de violencia contra los firmantes. Por último, exigen la apertura de canales de comunicación para el seguimiento de todas las denuncias hechas.

No sé si tendrán una respuesta positiva o no, pero siempre valoro que los estudiantes asuman la defensa de sus derechos, incluida la libertad de expresión, y traten de hacerla respetar.

ALUMNOS O ESTUDIANTES

En México se celebra hoy el Día del Estudiante. La ocasión es propicia para la reflexión sobre ellos, desde un ángulo inédito: estudiantes sin escuela, estudiantes en casa, estudiantes con enseñanza remota en situación de emergencia.

Jorge Larrosa, en un estupendo libro, P de profesor, diferencia entre jóvenes, estudiantes y alumnos. Desde su punto de vista la frontera es nítida: la juventud es una condición biológica, una edad, una etapa de la vida. Crítica la “juvenilización” de los jóvenes, como un proceso “por el que algo o alguien se convierte en un cliché, en una máscara, en una imagen, en una especie de doble convencional de lo que es”.

Los alumnos lo son a partir de que se inscriben a la universidad (ese es el ámbito de sus reflexiones, pero podríamos extenderlo): “es una condición puramente administrativa. Y se constituyen en alumnos, también, en el momento en que atraviesan la puerta de la sala de aula y ocupan su lugar”. Les preocupa su calificación, la forma en que deben presentar sus trabajos; toman la materia como trámite.

Estudiante es una condición “existencial y pedagógica”, a la cual debe llevar el profesor a los alumnos, quienes ya en ese papel asumen una actitud y compromiso más allá de notas y pruebas.

Aplicado al lenguaje nacional, caricaturizaría: el alumno se conforma con pasar de panzazo y solo por cumplir requisitos o cubrir créditos.

Con esas disquisiciones, podríamos concluir: alumnos son todos, ser estudiante es un proceso o un camino.

¡Felicidades a los estudiantes!

La nota color esperanza

El fútbol alemán volvió a las canchas la semana pasada, sin aficionados. Hoy la nota genial la brindó el club Borussia Mönchengladbach, en su estadio, el Borussia-Park: 13 mil aficionados del club pagaron 19 euros para apoyar a su equipo con su fotografía pegada a un cartón en el graderío. Para darle un tono más delirante a la idea, abrieron también espacio para aficionados del equipo contrario que, en menor proporción, también estuvieron presentes y sonrientes. Hoy cambio mi concepto de la frialdad con que conocí a la poderosa maquinaría teutona.