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Fin de cursos en la Universidad

Terminaron las clases en la Universidad. Esta mañana hice algunos balances del semestre. Encuentro muchos aprendizajes: cosas buenas y no tanto. Claroscuros. Tareas que pulir, prácticas evitables.

Una actividad extrañé mucho durante el semestre. Explico. Suelo comenzar mis clases de pie frente al grupo, con libro entre las manos y dedicando unos minutos a la lectura. Casi nunca elijo textos relacionados directamente con la materia. Son más literarios que pedagógicos. José Saramago o Eduardo Galeano, por ejemplo, son invitados habituales.

Me gusta levantar la cara de las páginas y mirar el rostro expectante de los estudiantes, de la mayoría; verlos concentrados. Verlas. La gran mayoría son mujeres. Me gusta escuchar el silencio que se instala con las pausas. Siento ese momento como especial, lo disfruto.

Quiero imaginar que al final de la clase alguno, alguna de ellas buscará ese libro, querrá saber algo más de los autores que nos acompañan. Y que tal vez, llegando a su casa, hará lo propio con la familia en la hora de la cena o la comida.

Este semestre, como no me ocurría hace muchos años, no hubo esos minutos de lectura ningún día.

Cada día me siento menos incómodo con las pantallas. Se vuelve habitual esperar a los alumnos en Classroom, pero no me atrevo al sacrílego acto de leerles a los estudiantes sin mirarles a la cara, sin escuchar la respiración del grupo, sin palpar el silencio entre nosotros. Nunca me acostumbraré a una clase sin lectura.

Tal vez el próximo semestre sea posible volverles a leer. Tal vez.

Nueva etapa en la UdeC

En veinte días la Universidad de Colima comenzará formalmente otra etapa en su historia, con el rectorado de Christian Torres. En una periodización distinta, basada en los acontecimientos mundiales y locales, esa etapa se podría ubicar nueve meses atrás, con el confinamiento que paralizó las actividades de más de 1,500 millones de estudiantes en la mayor parte de los países.

La pandemia exige a las universidades mexicanas replantearse a fondo en un escenario global y nacional inéditos, con factores que desafían su sobrevivencia, entre muchos, con el diseño de modelos pedagógicos alternativos, sin menoscabo de la calidad o el rigor formativo.

No será suficiente con las medidas anunciadas para mantener la continuidad a mitad del año pasado. Se requieren nuevas formas, no variaciones sobre el mismo molde, rebasado por las circunstancias desde hace tiempo, pero que la pandemia exhibió. El debate sobre el sentido de la universidad en el siglo XXI es anterior, pero cobra mayor relevancia hoy.

Un entorno económico precario reta a las universidades a cumplir sus funciones sin perspectivas de crecimiento presupuestal. Esa condición no es privativa de México, pero la petición que recientemente hizo el presidente de la República a las universidades, de aumentar la capacidad de ingreso de estudiantes, sin exigir más recursos, sino mejorando esquemas y reduciendo ineficiencia o despilfarro, deja claro que es vano esperar aumento de recursos financieros en el sexenio. Las universidades no podrán darle vuelta a este llamado, por la aprobación de la educación superior como derecho de los personas y obligación del Estado.

La Universidad de Colima habita la misma burbuja. La coyuntura del nuevo rectorado es una buena oportunidad para valoraciones profundas e identificar los logros, en especial durante la última década, así como los desafíos para construir la institución de calidad y avanzar en el tablero global de las instituciones educativas.

Los puntos cardinales del mapeo de problemas y avances son claros, desde mi punto de vista. Abrevio. El bachillerato como punto de partida de cualquier proceso de transformación de la Universidad, pues es de ahí de donde egresan la mayoría de sus estudiantes de licenciatura. Un salto cualitativo en la enseñanza superior, replanteando la formación con base en las necesidades sociales; el vertiginoso desarrollo científico, tecnológico y profesional, así como la vinculación con el mundo laboral.

En la investigación científica la Universidad tiene nichos de excelencia que debe consolidar, al mismo tiempo que empuja otros. El compromiso social de la Universidad, es decir, su tercera gran función sustantiva, la extensión y difusión de la cultura, precisa formas novedosas. Esta función implica que los beneficios del trabajo universitaria sean accesibles para la sociedad, con mecanismos no ensayados todavía.

En todos esos ámbitos, las lecciones de la experiencia aquí y en otras latitudes son inestimables. Habrá que abrevar de ellas con humildad y apertura, con ganas de inyectar vitalidad.

Todo eso será posible por la convocatoria del rector entrante a construir un proyecto de largo aliento, donde quepan todas las opiniones y se admitan distintas interpretaciones. Miguel Ángel Aguayo, en su rectorado, solía decir una frase que tiene mucho sentido: en la universidad cabe todo, menos lo absurdo. El proceso de confección del plan de desarrollo institucional será propicio para un acuerdo que renueve compromisos. El ejercicio a que convocó Carlos Salazar Silva es buena muestra.

Las finanzas de la Universidad son tema crucial, por lo dicho antes, y por el problema (también nacional) de las pensiones y jubilaciones que padecen varias universidades. Ingenio, honestidad, mucha capacidad y disciplina deben conducir el rediseño de las estrategias.

El nuevo rectorado es plataforma para la transformación que exigen las condiciones actuales. Será posible por el liderazgo del rector, su tino en la elección del equipo cercano y por la participación de quienes laboramos en la Universidad.

La responsabilidad no es sólo con el presente. La universidad es siempre un compromiso con el futuro. La universidad colimense de los próximos veinte años será producto de lo hecho en el rectorado que termina pero, sobre todo, de la historia que empezará a escribirse unos días antes, cuando se conforme el equipo que conducirá la Universidad en un momento incierto.

Fin de ciclos

Hoy presentamos en dos momentos el libro 35 años de Pedagogía. Balances y perspectivas para la comunidad estudiantil de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Colima.

No sé si tiene algún impacto en los muchachos que cursan la carrera. Me gustaría pensar que sí. Por ejemplo, que se acercan al libro y husmean entre sus páginas. No me propongo una aspiración más compleja y lejana. Me bastaría con que elijan un capítulo u otro por el título, o sólo porque tienen unos minutos para la tarea. Luego, que pensaran algo a partir de la lectura.

Personalmente, con esa actividad cierro mi agenda del 2020. Es el final de varios ciclos.

Hoy grabé también mi última cápsula para Radio Recuerdo 102.1 FM. Al enviarla me informaron que será la última; que la sección donde participo entrará en pausa por las elecciones. Ojalá los análisis y discusiones por el tema educativo no sigan la misma lógica. Si algo nos falta, es que los ciudadanos discutamos más en serio, con pasión y argumentos, el tema educativo. Nunca que la pongamos en pausa.

Lunes 30. Último día del penúltimo mes. El fin de un ciclo siempre es el comienzo de otros. Siempre. Salud.

35 años de Pedagogía. Balances y perspectivas

El lunes 30 de noviembre presentaremos ante la comunidad de la Facultad de Pedagogía, en la Universidad de Colima, el libro conmemorativo con el título de esta columna. La tarea de coordinación fue de su director, Francisco Montes de Oca, y de quien escribe. A continuación, les comparto el texto introductorio.

Presentación
En 2015 la Facultad de Pedagogía cumplió 30 años. La primera escuela superior que fundó la Universidad de Colima fue Derecho, pero la primera con el rango de facultad es la nuestra, al ofrecer estudios de posgrado en educación. Conmemorar el acontecimiento ameritaba un ejercicio colectivo de reflexión. Así lo hicimos en el libro Memoria y presente. Tres décadas de Pedagogía en Colima, en el cual varios profesores escribimos capítulos desde diversos ángulos. Por su naturaleza no cabían todos los temas, pero dejamos constancia de progresos y desafíos.

En 2020 la Facultad sigue madurando: la licenciatura permanece como programa acreditado por su calidad; los resultados de los egresados en el examen general de egreso la mantienen en el padrón del Centro Nacional para la Evaluación de la Educación Superior, y a la oferta se sumó la Maestría en Innovación Educativa, incorporada recientemente al Padrón del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Los avances son notables, pero los desafíos también crecieron, especialmente en este año en que el mundo se sacudió y sigue perplejo ante los efectos devastadores de la pandemia provocada por el COVID-19, cuyo saldo en infecciones y muertes en el país desbordó todas las predicciones, incluso, las más catastróficas que suponía el Gobierno Federal.

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Día del Libro, nuevo libro

No soy afecto a la celebración del Día de…, pero hoy, Día Nacional del Libro en México, pasé por Puertabierta para recoger la edición de nuestro libro 35 años de Pedagogía. Balances y perspectivas, que coordiné con el director de la Facultad de Pedagogía, Francisco Montes de Oca Mejía, para conmemorar el aniversario de nuestra escuela.

Es una obra colectiva en la que trabajamos durante más de un año y suspendimos temporalmente por la pandemia y el confinamiento, pero que al fin, por suerte, y gracias a la editorial, pudo ver la luz en este mismo 2020.

En unos días comenzaremos las presentaciones. Por lo pronto, tenemos motivos para celebrar un nuevo logro.

Han valido la pena la iniciativa y las muchas muchas horas invertidas entre la escritura, reescritura, revisiones y correcciones. También, porque al cuerpo de 21 autores se sumaron varios estudiantes y egresados recientes de la Facultad que tendrán pronto su primer libro entre las manos y, supongo, sobradas alegrías.