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¿Por qué no educamos bien?

¿Qué hacen los mejores sistemas educativos para que sus estudiantes aprendan y obtengan buenos resultados en los exámenes internacionales? Unos, como Corea del Sur convierten las escuelas en cuarteles. Otros, como Finlandia, no riñen el aprendizaje con el juego. ¿Saben ustedes como se educan los niños y jóvenes finlandeses? La respuesta es un poco penosa: hacen casi todo lo contrario que México.

En una entrada reciente en su blog, la educadora ecuatoriana Rosa María Torres resume algunos porqués del éxito finlandés, con base en un texto que describe 26 “hechos sorprendentes” sobre el sistema educativo de ese país. Les comparto algunos.

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Una llamada de atención a los mayores

Recibí hace algunas semanas un paquete con dos libros que había solicitado a un amigo mexicano que estudia en España. Uno de los libros, aun inconcluso en su lectura y del cual hablaré con detalle en otra ocasión, tiene por título “Una llamada de atención. Carta a los mayores sobre los niños de hoy”, cuyo autor, Philippe Meirieu, es un sabio profesor francés que enseña en la Universidad Lumière-Lyon 2.

De Meirieu he leído todo lo que he encontrado, desde su “Frankenstein educador”, porque me resulta uno de los expertos más provocadores y originales, y su sencillez rigurosa es una invitación ineludible para quienes nos dedicamos a la docencia.

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La educación prohibida

 Les invito al cine. La película se llama “La educación prohibida” y puede verse en el canal de videos Youtube. No tiene costo y, aunque dura más que un partido de futbol, es una buena inversión. No es una película como las que se ven en el cine o en la tele, con una historia de amor entre hombres y mujeres, o de muertes por montones; tampoco de aventuras, suspenso o terror, menos de héroes fantásticos.

Hay un poco de todo ello: la profesión de educar es un oficio que reclama pasión, y los educadores, como dice Fernando Savater, deben ser optimistas, creer que su tarea tendrá un efecto positivo sobre otras personas. Educar también es una aventura que, así asumida, es fascinante y desafiante. No es un oficio de héroes, pero trata de evitar el horror de la mala educación que se convierte en mutilación de la curiosidad.

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El rezago educativo en Colima

El 8 de septiembre, al conmemorar el Día Internacional de la Alfabetización, el Instituto Estatal de Educación para Adultos informó que en Colima existen 23 mil 865 personas analfabetas y 61 mil con primaria incompleta. En  total, el organismo estima que 179 mil colimenses mayores de 15 años sufren rezago educativo, el 38.35 por ciento de la población.

En marzo pasado, el director del Instituto había declarado que 94 mil colimenses tienen secundaria incompleta. Las estadísticas no son edificantes. A pesar de las condiciones del Estado, el rezago escolar de Colima es ligeramente mejor al nacional.

La dimensión del rezago en México es digna de análisis frente a la aprobación del decreto que establece la obligatoriedad del bachillerato. Para alcanzar su universalización habría que considerar a los millones de ciudadanos que no terminaron la secundaria, esos 94 mil en Colima. Es un esfuerzo descomunal, cierto, pues si se lograra que el diez por ciento terminara secundaria y luego fuera al bachillerato, necesitaríamos solo en nuestro estado una infraestructura semejante a la que hoy tiene la Universidad de Colima con sus 32 bachilleratos.

Si esa es la magnitud del reto, hay preguntas inquietantes: ¿conviene escolarizar a los millones de rezagados en este país? ¿Hay voluntad –y recursos, por tanto- para esa tarea?

Pero cuidado, el analfabetismo no es un problema lingüístico, pedagógico o metodológico. El analfabetismo es una cuestión política. Y, como afirmara Paulo Freire, constituye una manifestación de sociedades injustas; en otras palabras, debemos terminar con el, por supuesto, pero sobre todo debemos terminar con la injusticia que impide que todas y todos puedan leer y escribir.

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Delirios

Para que algunas cositas pudieran ser mejores en el mundo, me temo que debemos tomar decisiones radicales. Pensarlas y ejecutarlas de otra manera. Quizá imitando malos ejemplos y malas personas nos deje un saldo favorable. ¡En la historia habrá ejemplos dignos de copiarse!

Nos contaba un profesor y amigo que la papa se introdujo a Francia en un momento de terrible hambruna. Fue muy simple: la gente no quería comer papa, entonces, en los terrenos donde se sembró pusieron letreros anunciando que las personas que osaran invadirlos serían castigados por el Rey, dueño y señor de las tierras. Propensos como somos los seres humanos a sucumbir a la tentación, empezaron a meterse y robarse las papas. Fue un éxito.

Ya es tiempo de intentar, por lo menos, cambiar lo que no funciona pero con otro discurso y otros modelos, lejos de la moralina y los mandamientos. Creo, por ejemplo, que tenemos que decir, hasta el cansancio, que no es bueno ser bueno, que es malísimo ser buena persona. Hay que decir que es buenísimo tomar coca cola, o pepsi cola. Que el cigarro limpia los dientes y las drogas exorcizan la imbecilidad. Podríamos difundir que no es bueno caminar por caminar, ni respirar el aire limpio. Tenemos que decir que las cosas lindas de la vida están prohibidas, o cobrar impuestos por cuidar el cuerpo, apreciar los atardeceres y disfrutar los amaneceres caminando.

Tenemos que difundir con campañas -y todas las desviaciones de recursos que se conocen los partidos políticos-, que el planeta no se agotará y que el agua es un recurso infinito, que el planeta no dejará de ser verde o azul, aunque quememos todos los bosques y selvas del mundo.

¿Les parece una mala idea?

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