Lecciones desde el confinamiento y la escuela

Cuando estudiaba la licenciatura en educación superior, Emilio Tenti Fanfani era imprescindible en los cursos de sociología de la educación. Así fue en los primeros años de mi ejercicio docente ahí mismo. Hoy no creo que se lea más, a pesar de ser un activo profesor argentino en la Universidad Pedagógica Nacional.

Hace un par de días publicó un artículo en La Nación, con el título de “La escuela cerrada, costos pedagógicos desiguales”. El título es una tesis y augura contenido.

Por su vigencia en nuestro contexto, comparto algunas de las lecciones que me resultaron más notables.

-En la escuela las nuevas generaciones aprenden cosas que la familia no puede enseñar, porque no tiene los recursos necesarios [competencia pedagógico/profesional] y el tiempo y otros recursos didácticos.

-Ojalá que la emergencia nos recuerde que hay cosas importantes que solo se pueden aprender en esas instituciones que llamamos escuelas, colegios o universidades.

-La emergencia también permite tomar conciencia que la escuela no solo enseña, sino que también cuida de los niños y adolescentes, función que en una etapa anterior correspondía a la familia y en especial a las madres. Cuando la escuela suspende su funcionamiento, la mayoría los niños quedan “abandonados a su suerte”, ya que sus madres se han incorporado al mercado de trabajo.

-El reconocimiento social del valor de la escuela debería favorecer un plan de inversión en su estructura física con el fin de garantizar un piso común de calidad e higiene.

-Lo que se tuvo que hacer por necesidad deberá potenciarse y mejorarse en tiempos normales.

-La situación excepcional que vive el mundo obligó a las instituciones y agentes escolares a desarrollar una oferta de educación a distancia, la mayoría de las veces en forma apresurada y con recursos insuficientes e inadecuados.

-Más allá de estos esfuerzos dignos de apreciación, las condiciones objetivas conspiran contra los intereses de aprendizaje de los sectores sociales más desfavorecidos. Es probable que para estos sectores lo más oportuno sea ofrecer materiales (audiovisuales, impresos, etc.) de interés para adultos, niños y adolescentes con el fin de fomentar la lectura recreativa, desarrollar el gusto por la misma, así como la realización de juegos.

-Sería bueno divulgar las 10 cosas que el pedagogo italiano Francesco Tonucci sugiere hacer a los padres con sus hijos. Cosas simples: cocinar juntos, explicar cómo funciona el sistema eléctrico de la casa, construir muñecas o pelotas de trapo, reconstruir la historia familiar revisando un álbum de fotografías, leer juntos un periódico o un cuento… que educan más allá del curriculum escolar.

-El tiempo que vivimos nos debe inducir a reflexionar por qué las nuevas generaciones se sienten más atraídas por los ambientes virtuales que por los reales. ¿Por qué nos cuesta tanto que nos atiendan en la casa y en las aulas y dejen de lado su celular?

-La emergencia puede ser una oportunidad para repensar la realidad escolar con sus tiempos y espacios fragmentados entre aulas, grados, materias, horarios preestablecidos, etc. Estos son momentos en que ciertas transformaciones que en tiempos normales tardan mucho tiempo en concretarse, se pueden precipitar por la fuerza de la necesidad.

-Pasada la emergencia, habrá que analizar qué pudimos aprender de la improvisación, qué debemos perfeccionar, qué retener, qué rescatar y cómo articular la realidad espacio-temporal de la escuela con las posibilidades que ofrece la realidad virtual.

-Más allá de lo que se hace y pueda hacer en estas circunstancias y la creatividad desplegada por padres de familia, maestros y niños, es preciso ser realistas. Una vez más, los más perjudicados son los sectores desposeídos, ya que en su caso se conjugan dos pobrezas: la oferta de educación a distancia y la de recursos familiares.

-El sistema escolar también tiene amplias zonas de pobreza.

-Desde ya habrá que reflexionar sobre el tiempo de post-emergencia y redefinir las políticas tendientes a fortalecer la escuela pública para dejarla en mejores condiciones que contrarresten la fuerza de las inercias que reproducen desigualdades sociales de todo tipo.

 

 

 

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