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Fin de ciclos, comienzo de otros

El lunes envié al editor del Diario de la Educación en España mi última colaboración de este curso; a lo largo de once meses la remití periódicamente, siempre a tiempo conforme al calendario que recibo con el inicio del año escolar español.

Puse por nombre “Lecciones de la pandemia”, un intento de recoger las enseñanzas que podría tomar el sistema educativo mexicano y algunas de sus tareas pendientes en el proceso de creación de lo que han denominado la Nueva Escuela Mexicana.

Concluir un ciclo es siempre satisfactorio. En junio de 2017 recibí la invitación de Pablo Gutiérrez para incorporarme al equipo de colaboradores, con un punto de vista desde América Latina. Sin dudarlo acepté, aunque eso implicaba dejar el Periódico Escuela, donde había colaborado durante varios años, también bajo su coordinación.

En estos tres años escribí más de 30 columnas con temas que he pretendido de vigencia no tan efímera, procurando una mirada más allá de México. Ahora tendré un reposo de dos meses y, si no sucede algo desafortunado, en septiembre retornaré al compromiso y privilegio de una tribuna lejos de casa.

¡Bienvenido el fútbol!

Sin buscarlo, a la hora de la comida, encontré en la tele el partido del regreso de la liga española de fútbol. ¡Y qué partido! Claro, en otras circunstancias. Jugaron Sevilla y Betis, el clásico de la capital andaluza. Lo vi con gusto, no todo, porque había otros compromisos, pero con júbilo inusitado.

Me alegra muchísimo la vuelta del fútbol a ese país, sobre todo, porque reconfirma la remontada a la época negrísima que les sacudió en las semanas pasadas, convulsionados entre las disputas políticas y los actos heroícos de sus médicos y enfermeras, de todo su personal sanitario.

Más allá de que volveré a disfrutar los partidos del Barça y Messi, celebro la reanudación del asunto más importante entre los menos esenciales.

¡Bienvenidos el fútbol, los goles y la indispensable alegría de cada fin de semana!

MANIFIESTO POR OTRA EDUCACIÓN

El Diario de la Educación, espacio periodístico español donde colaboro desde hace tres años, difundió el Manifiesto por otra educación en tiempos de crisis. 25 propuestas, redactado por el Foro de Sevilla.

El Manifiesto advierte un riesgo; dice:

Se pide al alumnado confinado que siga actuando como si estuviera en la escuela… al mismo ritmo y con mayor exigencia si cabe, como si nada pasase, cuando en realidad todo es diferente y más si tenemos en cuenta los desiguales contextos sociales y familiares.

Por su trascendencia y espíritu reflexivo comparto aquellas propuestas cercanas a nuestra realidad.

Se dividen en dos tiempos: qué hacer en la situación actual y cómo construir el futuro. Rescato algunas sobre el presente.

  • La educación escolar no va a ser igual tras una experiencia que confirma las diferencias del trabajo escolar en casa, porque no todo el mundo dispone de los mismos medios ni de la misma situación habitacional, familiar y social.
  • Si la educación es un derecho, una situación de emergencia no debería destruirlo, especialmente para aquellos niños y familias con más necesidades.
  • En esta situación de emergencia y confinamiento las medidas tomadas deberían ser más flexibles considerando los derechos de la infancia.
  • No sabemos cómo será el futuro de la educación, pero sí deseamos y nos gustaría que fuera otro.
  • Cuando se regrese a las aulas habrá necesidad de cercanía; el alumnado necesitará conversar, expresarse, abrazarse… El espacio y tiempo de la escuela lo debería facilitar sin presión de resultados, evaluaciones o tareas.
  • Nos hemos obsesionado con calificaciones y resultados y no por los aprendizajes que sirven para una vida digna… es  momento de resaltar los valores que estamos aprendiendo como solidaridad, empatía, generosidad, afectividad, apoyo, cuidado mutuo y cooperación.
  • Que el primer trimestre del próximo curso sea un periodo de adaptación y transición entre los dos cursos, con acompañamiento intensivo.
  • La experiencia de crisis nos invita a repensar los tiempos, espacios y recursos de que disponemos, y la función de apoyo que podrían desarrollar televisión, radio, redes sociales y tecnologías.
  • Tenemos que vivir la vida con más calma también en la escuela, dando tiempo y respetando los procesos de aprendizaje de cada persona…
  • Todo lo que está sucediendo pone en cuestión el actual modelo educativo para avanzar hacia un modelo alternativo… porque esta situación nos está mostrando que hay otras maneras de educar.

Votando corruptos

Casi paralelamente llegaron a mi computadora dos poderosas imágenes, reveladoras de sendas realidades. Desde España, El Roto, uno de los dibujantes satíricos más prestigiosos, publicó en El País la imagen de una mujer tirada en el piso, encadenada, con un texto lacónico pero contundente: Últimamente las votaciones son para elegir tirano.

Al mismo tiempo en México circuló profusamente con gran atención mediática seria y humorística, la fotografía del presidente de la República en el arranque de su gestión, con los entonces gobernadores de su partido. El saldo acumulado de corrupción en la imagen desborda cualquier previsión y avergüenza hasta los más tímidos.

Si cruzamos imágenes podríamos concluir, jugando con las palabras de Andrés Rábago García, El Roto: Últimamente las votaciones son para elegir corruptos.

Es paradójico, tristemente paradójico, que cuando el país ha instalado oficialmente la “cultura de la legalidad y la transparencia”, la corrupción camine incesante y vigorosa, apadrinada por la reina de todos esos males: la impunidad.

Educando en el circo

grancircoalaskaEn cada generación de estudiantes de la Facultad de Pedagogía encuentro razones para alentar la vocación, para seguir confiando en que tenemos posibilidades de ganar la batalla contra la mala educación que se instala peligrosa y masivamente en las escuelas mexicanas, públicas y particulares.

De casi cada uno de los grupos recuerdo los nombres; pero no miento, ni quiero ser descortés, si admito que algunos alumnos tienen un sitio aparte, porque a la memoria adhiero afectos y agradecimientos. En ese grupo ahora recuerdo a Marina Espada, estudiante malagueña de intercambio que vino por un semestre y se quedó un año, con Gloria, en Colima, estudiando y conociendo parte de México, regalándonos, además de amistad, la generosidad del buen corazón que la mueve.

Marina, como Gloria, también española, tomaron un par de cursos conmigo y la experiencia de cada clase fue muy enriquecedora para el profesor que escribe. Y lo sigue siendo, tanto, que Marina leyó por petición expresa un ensayo que dos años después se convirtió en libro colectivo (Memoria y presente. Tres décadas de Pedagogía en Colima) para honrar los treinta años de la primera facultad universitaria de Colima, la de Pedagogía. Un párrafo entusiasta y desafiante que envió en su comentario cierra los epígrafes que elegí para mi capítulo.

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