Un apreciado periodista me invita a escribir del tema principal de mis artÃculos: la educación. Y luego me desgrana algunas de las lÃneas que considera relevantes en su jerarquÃa, que comparto en buena medida: formación de valores y el papel de la escuela, cuotas, corrupción en los centros educativos (con las cuotas y las parcelas escolares, especÃficamente) y la situación de las escuelas multigrado.
El coctel que me ofrece el periodista y amigo es apetitoso, pero también campo minado. Tengo por costumbre hilar mis artÃculos con ideas que puedo sostener y defender, con argumentos y eventualmente suposiciones o interrogantes. Opino cuando sé del tema, o creo saber; y cuando lo hago, asumo consecuencias.
Ante el temario sugerido me sorprendo por la precariedad de mis argumentos. Las cuotas están prohibidas y no se me ocurre pensar que un director de escuela en Colima, con tres dedos de frente, se atreva a implantarlas con disfraces o subterfugios; si es el caso, agradecerÃa datos, pruebas, pistas.
En el asunto de las parcelas escolares quisiera pensar que siguen teniendo la vigencia pedagógica que las originó, como territorio natural para aprendizajes reales, de subsistencia vital y colectivas. Más allá de eso, no me atrevo a insinuar malos manejos; podrÃan decirme que peco de ingenuo, y lo acepto; repito: las pruebas son bienvenidas.
La formación de modales y valores en la escuela es un territorio para análisis que desbordan una página breve; y las escuelas multigrado también, aunque aquà caben primeras y firmes posturas: la escuela multigrado es, desde mi punto de vista, la expresión de sociedades injustas y polÃticas educativas obsoletas y rebasadas por la realidad y la legalidad.
Si la educación de calidad es un derecho de todos solo por haber nacido en el paÃs, la escuela multigrado no deberÃa existir como funciona habitualmente, fincada en el trabajo solidario y comprometido de sus profesores, pero sin proyecto educativo y curricular sólido, sin profesores preparados ni materiales ad hoc. No es un problema de voluntades o capacidades inherentes a la decisión de los maestros, es deficiencia estructural del sistema.
La invitación del citado colega y periodista es tentadora y la acepto, pero la iré desgranando con argumentos, con datos y no solo con las suposiciones que también caerán, por supuesto, pero con alguna evidencia.
