Apareció de repente. No me percaté ni por su olor. No sé si ya me estoy acostumbrando, como a los olores del jardÃn, del polvo corriente, del humo que lanzan las rutas, pero estaba ahÃ, frente a
Volvió el loco. El loco de la banca y el otro, el habitante de esta plaza. Esta vez yo leÃa. No lo esperaba, es decir, nunca lo espero. Llegó sigiloso, me alcanzó por la espalda y emitió un
Es lunes. Llego a la banca arrastrando los pies. Me pesó despertar. Me costó moverme por la casa, preparar el desayuno y el café. Aquà estoy ya en la plaza, con cara desencajada y ánimo
Mientras converso animado con el viento y las ramas que juguetean con los pájaros, una presencia me alerta. Se sienta a mi lado en la banca de la plaza. Su olor es desagradable. Apesta. Su presencia
En el reposo por la comida busco en el canal donde escucho a veces los partidos de fútbol de la Champions. La oficina está abandonada. La gente salió, o estará durmiendo en alguna parte que no he
