Novedades

¿Materias nuevas?

Algo me perdí en las discusiones y deliberaciones por la reforma de la reforma educativa. Leo el acuerdo que modifica el artículo 3º y las infografías que presentó el secretario de Educación Pública; me falta una pieza para comprenderlo todo.

Seré breve y explícito: en la propuesta de reforma señalan que a la nueva escuela mexicana se incorporan civismo, artes, educación física e historia, entre otras materias. Y se anuncian con bombos y platillos. ¡Pero esas materias ya existen! Las veo en las boletas de mi hijo, tercero de primaria. Incrédulo voy a buscar una evidencia contundente. Lo confirmo con la boleta oficial de sexto de primaria. En efecto, las materias que se van a «agregar» ya están en el plan de estudios; se llaman: Historia, Formación Cívica y Ética, Educación Física, Artes, Educación Socioemocional.

¿Entonces?

 

Alianza estratégica por la educación colimense

Cuando se publicó en 2018 la convocatoria para el Fondo INEE/Conacyt, la Dirección del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en Colima invitó a las instituciones públicas dedicadas al campo educativo, a reunirnos para analizar la posibilidad de presentar proyectos interinstitucionales. Durante varias sesiones, entre agosto y septiembre, tuvimos la asistencia de representantes del Instituto Superior de Educación Normal de Colima (Isenco), la Unidad 61 de la Universidad Pedagógica Nacional y varias áreas de la Universidad de Colima, así como de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado.

El ánimo en todos los participantes era propositivo, de compromiso con las instituciones y la educación estatal. No fue posible concretar los proyectos colectivos para competir en la convocatoria, pero esbozamos distintas posibilidades de colaboración. El primer producto ya se concretó: la Red de Evaluación Educativa de Colima, anunciada el 11 de febrero en la Universidad de Colima.

El segundo reto parecía más ambicioso, porque implicaba un compromiso formal, pero fue posible por la voluntad del rector de la Universidad, ante quien expuse las bondades del acuerdo; el secretario de Educación, por su parte, expresó también la decisión de sumarse en el acompañamiento y a través del Isenco. Con los directores del Isenco y de la UPN, colegas y amigos, la gestión fue fácil porque había convencimiento de las posibilidades.

El jueves pasado se firmó el documento en la Sala de Juntas de Rectoría, y en los discursos se palpó la decisión de que sea un hecho histórico para la educación colimense. Gracias al compromiso de las partes, serán factibles, entre otras acciones, la movilidad de estudiantes, un ejercicio cada vez más indispensable para completar la formación profesional; así, por ejemplo, los alumnos que estudian pedagogía en la UdeC podrán cursar un semestre o materias en las otras instituciones, para profundizar su preparación en el campo docente, ámbito esencial de la UPN y el Isenco. Y viceversa, por supuesto.

Los profesores podrán realizar movilidad académica, desarrollar investigaciones conjuntas, asesorar tesis, publicar artículo o libros, y de forma muy necesaria, emprender programas para la formación y actualización de los maestros en ejercicio, a través de cursos, talleres, especialidades, diplomados o maestrías.

El territorio para la cooperación no tiene fronteras; la voluntad de sumar enriquece. Estoy seguro: la firma del convenio no será solo una imagen para la foto o la nota periodística; es punto y aparte en la historia reciente de la educación en Colima. Las autoridades hicieron su parte; toca a los actores centrales la suya.

Debates y pobrezas

En estos días intenté actualizarme en los debates sobre el artículo 3º constitucional. Preferentemente usé los videos disponibles en la red, pues las fuentes escritas que habitualmente consulto estaban registradas. Me sorprendieron dos cosas, que ya intuí en otros momentos. Por un lado, que se concentra en los académicos y actores de la capital del país, como si solamente allá existieran capacidades y argumentaciones racionales para un debate necesariamente nacional.

Por otro lado, aprecié con más claridad (y un dejo de preocupación) el nivel de conocimientos de los actores políticos sobre el campo educativo. La cosa no es menor. Que los diputados y senadores, por ejemplo, deban decidir sobre aspectos torales, los tendría que comprometer a conocer un poco; no parece así en muchos casos. Tampoco es un mal generalizado, quiero suponer.

Me resulta imposible no recordar una experiencia que viví hace más de 10 años en Argentina, en un congreso organizado al alimón por los diputados provinciales y la Universidad Nacional de Catamarca. La conclusión más sorprendente, al respecto, es que yo era incapaz de diferenciar quién era un académico y quién un diputado, por los niveles de argumentación, solvencia profesional y conocimiento de los asuntos educativos.

No es el caso nuestro, tristemente, y eso quizá es señal de agotamiento de la vida política nacional y, de alguna forma, de la responsabilidad política de las universidades que formaron a dichos personajes.

Promover la escritura

Las dos colaboraciones más recientes del Diario de Educación, mi columna en medios periodísticos locales, se ubican en una línea indispensable: promover la escritura entre los más jóvenes en la profesión pedagógica, estudiantes aún.

Digo indispensable, desde la perspectiva en que ejerzo el oficio, convencido de la responsabilidad formativa con las nuevas generaciones.Estoy convencido, también, que el quehacer pedagógico, como en otras profesiones, es impensable sin la escritura, un vehículo de comunicación y del pensamiento, de expresión y deliberación colectiva, de crítica y compromiso.

Incentivar la escritura no es función solo de los maestros de literatura o español. Nos corresponde a todos, en alguna medida. Como profesor universitario así lo asumo. Con buenos alumnos enfrente la tarea es relativamente fácil: elegir un tema atractivo, la circunstancia propicia y dedicarle un poco de tiempo.

En esa clase de tareas, el resultado siempre será positivo: uno, dos, tres, cinco estudiantes podrían interesarse y continuarán explorándola, o tal vez ninguno persevere, pero ya no es nuestra decisión.

Por ahora, los estudiantes, como yo, estamos motivados y dispuestos a continuar. ¡Que así sea!

Lo que me enseñaron los niños 2

La semana pasada se publicó en este espacio la primera parte de un ejercicio colectivo con estudiantes del sexto semestre grupo A de la Facultad de Pedagogía en la Universidad de Colima. Cada uno escribió un párrafo a partir del enunciado que titula esta colaboración. Esta es la segunda mitad.

Los que nos enseñaron los niños

Los niños transmiten la alegría que a veces nos falta a para ver el mundo de colores. Siempre pueden enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar ocupado en algo y a exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.

Los niños son el motivo para continuar luchando por el futuro; inspiran para trasmitir una sonrisa frente a situaciones adversas.Son la alegría de un salón de clases y se aprende de ellos, como ellos de nosotros.

Un niño es increíble; te pueden sacar mil sonrisas con el simple hecho de verlos, escucharlos, convivir, jugar, entenderlos. Cuando me preparo para trabajar con niños, en ocasiones entra mi desesperación por no saber qué actividades elegir, con la preocupación de que no les gusten. Mi hermana dice: «acuérdate de lo que te gustaba hacer cuando eras niña»; y aparecen ellos, porque tienen el poder de hacerte retroceder el tiempo, de hacerme pensar como cuando era niña para lograr comprenderlos; no es fácil, porque he trabajado tanto en ser adulto que me olvido que en algún momento fui niña, pero ellos lo consiguen.

Los niños me enseñan a vivir el presente; no les importa lo que pasará mañana o después. Disfrutan el momento y mientras vamos creciendo nos va importando más el futuro, tenemos más preocupaciones de qué sucederá y no disfrutamos el día a día.

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