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Muertes infames

Confieso con pena que cuando leí la noticia de un hombre atrapado en una noria de Montitlán me enfadé. Montitlán es un pueblo cercano al mío, más pequeñito, fresco, agradable, hacia donde solía correr por las tardes en años juveniles, y en cuya carretera aprendí a manejar cuando pude comprarme un auto. Pueblo de gratos recuerdos.

Pensé que la noticia no era algo trascendente. Pensar es un decir. Estaba equivocado, supongo. Los días fueron pasando y me desesperaba leer que todavía no podían sacarlo; luego supe que el infortunado se llamaba Julio César y tenía 36 años. Imaginé a la familia, a la madre, a la esposa e hijos, a los hermanos que lo extrañaban.

No creo haberlo conocido, aunque me daba vueltas por la cabeza su identidad. Varios días después, anoche, la noticia me cayó como un elefante en el cuerpo. No lo podía creer. Todavía no entiendo qué pasó, aunque no he leído ninguna nota posterior al anuncio del fallecimiento. Sólo pude imaginar la terrible desgracia de pasar cinco días enterrado en un pozo, sin poder salir y sintiendo perderse las esperanzas a cada hora. Maldiciendo el momento, lamentando el error o la mala suerte, llorando la pena de no ver más a los queridos. Muriendo de nada.

La dificultad de entender al gobierno

Se consumó la desaparición de 109 fideicomisos con la votación del Senado. Después, se anunció que pronto terminarán las auditorías y se denunciará a los responsables. Primero el castigo, luego el juicio.

A este gobierno federal hay que entenderlo antes de juzgarlo, para comprender su lógica. La nuestra, o la mía, es que primero debieron ser las indagatorias y los juicios justos, enseguida, las decisiones y sanciones correspondientes.

Insisto: a este gobierno, primero debemos entenderlo. Cortan de tajo 109 fideicomisos sin diseñar o hacer públicas las alternativas para incentivar, por ejemplo, la ciencia, la tecnología y la innovación, o la articulación entre universidades, centros de investigación, empresas y gobiernos.

Repito. No es fácil comprenderlo. Se mueve con otra lógica. El discurso del secretario de Educación Pública es reiterativo hasta el cansancio: apuesta a la dignificación del magisterio, pero a la hora de los presupuestos, cuando la demagogia se pone a prueba, recortan brutalmente el dinero para desarrollo docente y formación de nuevos maestros.

Con estas decisiones que desde alguna racionalidad parecen desconcertantes, no asoman buenos tiempos para las universidades públicas.

Esta semana, las instituciones de educación superior de la región centro occidente, agrupadas en la Asociación Nacional de Universidades, emitieron un comunicado con título elocuente: Por el rescate de la educación superior.

Sus titulares confiesan con cuidadosa oratoria: “vemos con gran preocupación y desánimo las políticas presupuestales” de los últimos dos años.
Hacen cuentas: de 11 fondos para las universidades en 2015, sólo quedan 3. De una bolsa de 6,900 millones de pesos, se redujo a 1,374 millones. Afirman que están operando con menos recursos que hace 5 años.

Sombrío panorama, dicen los rectores.

Algunos celebrarán los recortes bajo el discurso de la austeridad, o la corrupción. Que la segunda se investigue y castigue, de acuerdo; que la primera se produzca sin regatear lo esencial. ¿Es mucho pedir?

Los presupuestos recortados no castigan a los rectores o autoridades, atentan contra maestros y estudiantes.

Aunque nos cueste entender la lógica de este gobierno, la educación no es un adorno, y no se educa desde la demagogia o la incoherencia.

 

¡Hasta siempre, Pepe!

Con una mezcla de nostalgia y alegría reposada escuché el último discurso del Pepe Mujica al retirarse del Senado uruguayo.

¿Qué más se puede decir del personaje?

Fue guerrillero, prisionero y luego emprendió la lucha política. Su vida, con las imperfecciones humanas, evita que le rindamos tributo como santo, porque no lo es. No sería coherente levantarle una iglesia.

Su ejemplo es inmenso. Llegó al poder sencillo de equipaje, sobrio, y se fue así. Ahora, que se retira, no lo hizo distinto. A sus 85 años creyó que el fin de su carrera era ya. Se va a su chacra, ya famosa y visitada por las televisoras de todo el mundo, a tomar mate y acariciar a sus perros, cultivando flores y haciendo tareas sociales.

No es fácil encontrar otro personaje como él en este mundo de fatuidades, donde importan más las apariencias. El respeto del pueblo uruguayo es universal, o casi. Raúl, el guía de turistas que me trasladó de Montevideo a Punta del Este, en conversación personal, me confesó no ser adepto al Frente Amplio, pero reconoció que el respeto es de todos, porque es un líder genuino y generoso.

¡Hasta siempre, querido Pepe! ¡Aguante muchos años más!

La Ley General de Educación Superior

Este lunes nos reunimos para analizar la propuesta de Ley General de Educación Superior, a invitación del senador Joel Padilla, integrante de la Comisión de Educación del Senado. La reunión contó con la participación virtual del presidente de dicha Comisión, Rubén Rocha Moya.

A la sesión asistieron casi todas las instituciones públicas y un buen número de las privadas. Fue un ejercicio plural, abierto, donde los representantes expusieron opiniones sobre la propuesta de Ley y otros asuntos de índole más operativa, o peticiones al senador Padilla.

La magnitud del subsistema de educación superior en Colima es adecuada para emprender un proyecto innovador ejemplar para México, aunque tal vez sea difícilmente replicable por las condiciones.

Un par de propuestas contenidas en la Ley podrían instrumentarse el margen de la inminente aprobación: el programa estatal de educación superior y la vigorización de la comisión estatal para la planeación de ese tipo educativo, como órgano deliberante que oriente, ordene, acompañe y evalué su transformación.

Muchas de las intervenciones expusieron irregularidades o deficiencias más de carácter procedimental, que no pueden subsanarse desde una Ley, prueba para sostener que un ordenamiento jurídico es insuficiente para concretar las aspiraciones colectivas.

Sobran argumentos para afirmar la necesidad de una Ley General de Educación Superior. En mi turno expuse varios de ellos. No son sencillos de resolver, como las dificultades para asegurar el derecho a la educación, la calidad deficiente o los modelos de enseñanza y evaluación predominantes, que están arraigadas en el sistema educativo y en las culturas institucionales; otros, como el financiamiento precario, que se asientan en otros territorios igualmente complejos.

Por esas y muchas razones, al principio de la tercera década del siglo, resulta ineludible comenzar ya la transformación más profunda de la educación superior mexicana, cuando se cumplirán 100 años de haberse creado la Secretaría de Educación Pública, de la mano de un ilustre rector de la Universidad Nacional.

Un hombre que duerme

El ajetreo intenso del fin de semana, las noches de insomnio y la primera media jornada de trabajo presencial en muchos meses pasaron factura impagable este lunes. Apenas terminar la comida, la somnolencia aplastó. Habría deseado caer dormido y despertar mañana, pero sería error fatal. Preparé café frío y tomé el libro que comencé el sábado: Un hombre que duerme, de Georges Perec. Curioso y paradójico título para un hombre que evita dormir en el calor colimense, por ahora.

El libro es bellísimo como objeto artístico; tiene una portada en papel sobrio, y se adorna con una pintura del siglo XVII de Domenico Remps, llamada “Pequeña tienda de curiosidades”, que abarca tapa y contratapa, cubiertas por una camisa con la misma obra.

A Georges Perec debo la inspiración para escribir Elogios de lo cotidiano. Mi gratitud me convierte en lector permanente de su obra; no puedo serle infiel en la lectura. Así, entre sus páginas, trataré de retornar a la lucidez vespertina para el resto de la jornada.