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Sabina por Sabina

Afuera el mundo no marcha demasiado bien. La pandemia por COVID-19 sigue. La epidemia de estupidez crece. En Estados Unidos siguen las notas sobre el capitolio; en México, la intolerancia política en redes sociales ya puede reclamar ciudadanía. Hará huesos viejos, por las señales que van quedando. Las próximas campañas electorales lo constatarán.

Adentro es distinto. He pasado unas horas de la noche fría escuchando música. Diversa. Algunas de las voces de siempre, luego otras. Así llegué al Tributo a Sabina. Ni tan joven, ni tan viejo. Algunas canciones de Joaquín no me gustan en otras voces. Son pocas, en realidad, las voces que disfruto mientras cantan a Sabina. En esa lista pongo a Serrat, Ana Belén o Rozalén, por ejemplo.

Hoy agrego uno: Ismael Serrano, con la letra de Eclipse de mar. No sé si por la canción o por alguna circunstancia extraña, pero lo disfruté y repetí.

Pese a mis lealtades, sigo prefiriendo, sin dudarlo, a Sabina interpretando a Sabina. O a Sabina interpretando a José Alfredo Jiménez. Poco más.

Educación: desafíos para el 2021

La mirada aguda, apertura y humildad serían ingredientes para que las autoridades educativas realizaran una valoración rigurosa de lo sucedido en el año en que enseñamos y aprendimos en casa.

Muchas lecciones de la pandemia saltan a la vista. Una de ellas, fácil de enunciar y complicada de emprender por tradiciones, es que la transformación más profunda de la escuela requiere tocar otras áreas de la acción gubernamental y las políticas públicas.

Es verdad que los cambios pedagógicos deben ocurrir en las aulas, porque muchas reformas no se acercaron al entorno escolar o carecían de estrategias para intervenir en los salones; fueron reformas de papel. Pero muchos cambios son posibles por lo que sucede fuera de ellas, no sólo en tiempo presente, sino como resultado de acciones acumuladas a lo largo de periodos más amplios.

La Secretaría de Educación Pública y las autoridades educativas de los estados podrían examinar con cuidado qué nos enseña la pandemia, los logros y desaciertos, para trazar nuevos escenarios y construir lo que en el discurso llaman la Nueva Escuela Mexicana, todavía un cascarón sin contenido.

Para 2021 ya la SEP anunció otra versión de Aprende en casa, en un momento complicado, porque la pandemia no cesa, porque las vacunas todavía están lejos de las escuelas y por la extraña transición que observamos entre un secretario en funciones y una secretaria designada.

El periodo de Esteban Moctezuma deja algunos resultados positivos, como una nueva Ley para la educación superior, que incluye el derecho de los ciudadanos a cursarla en forma gratuita y la obligatoriedad para el estado de garantizarla. Es un avance, pero insuficiente ante los retos y retrocesos.

Rebasado el primer tercio del gobierno federal, nadie podría esperar saldos espectaculares en educación, porque mover un sistema tan robusto es complicado, pero ya cabría exigir señales más claras del rumbo.

A este paso, con la pandemia encima, no veremos ni el proyecto para la transformación del sistema educativo y cabría, apenas, conformarse con que no zozobre la nave.

Lista de propósitos para 2021

No soy afecto a las listas de propósitos cuando comienza un año. Si acaso, a veces, me propuse algunas metas que no escribí ni conté a nadie. Con frecuencia me fue mal en los balances.

Con los años uno va marcándose objetivos cada vez más profundos y sin temporalidad. O por lo menos, es mi caso.

Si hoy redactara una lista de buenas intenciones para compartir, me alcanzaría con los primeros dígitos.

Pondría, por ejemplo, leer mucho más y mejor. Escribir mucho mejor y un poquito menos. Perder poco tiempo en redes sociales e invertirlo más en meditar. Ejercitarme más y comer con austeridad. Opinar casi nunca de los otros, para juzgarme más severamente. Estar menos tiempo ante la pantalla y recorrer las calles de las ciudades donde habito. Y cosas por el estilo.

Cerraría mi lista con las palabras de Eduardo Galeano: vivir cada noche como si fuera la última y cada mañana como si fuera la primera.

El principio del año

5 de enero
Acontecimientos inesperados e involuntarios me obligaron a cancelar dos invitaciones en este principio de año. No son la mejor forma de arrancar laboralmente, pero no tuve opción.

En la primera se trataba de escribir el capítulo de un libro con dos colegas de otros estados, pero un cambio de tema lo puso distante de mi órbita; la segunda era para una conferencia que debía presentar a una audiencia nacional de directores de secundaria.

Me pesa la doble decisión, pero sopesé factores individuales, cargas de trabajo, proyectos y prioridades. Supongo que es una señal de madurez, y del paso de la edad que arrolla la necesidad de decirle a todo que sí, a veces a costa de uno mismo.

6 de enero
Un 6 de enero nacieron dos buenos amigos. Rubén Carrillo Ruiz, a quien conocí en la Universidad de Colima como director de Información, hace un montón de años, y con quien trabé amistad y proyectos comunes desde la infancia de nuestra relación. Hoy persiste. Es un severo juez de mis libros y proyectos cuando están en el taller de escritura; siempre asertivo e instigador. Conversador diestro de casi todo y generoso en las ideas.

También un día como hoy nació otro querido amigo, Josué Reyes Rosas Barajas, quien se nos adelantó dolorosamente por la pandemia hace pocos meses. En días así pasamos veladas increíbles de alegría y amistad sin imaginar que alguna vez, más temprano de lo deseable, estaría él en otra parte y yo lamentando su triste partida frente a mi pantalla, recordando sus risas sonoras y consejo agudo.

Cuaderno 21

Después de varios días de descanso casi absoluto, volví el fin de semana tímidamente al trabajo. Mi programa de lecturas es vasto y debo administrar con cuidado tiempo, presiones y emociones.

Hoy volví también al trabajo de escritura para prensa, con mi columna semanal que lleva por título Diario de Educación. Apenas una semana descansé de ese compromiso pero ya quise regresar. Mañana debo enviar el primero para otro medio. El miércoles grabaré mi opinión para radio.

El 31 de diciembre cerré el Diario 2020, como correspondía. Con esta página abro también un nuevo Cuaderno que, a diferencia del Diario, no se propone sino apariciones esporádicas.

El tema de hoy saltó de algún baúl perdido en la memoria. No recordaba, hasta que escribía un tuit que, con este, llegaré a 30 años de escribir de forma ininterrumpida en la prensa, principalmente de Colima, aunque desde hace algunos años tengo el privilegio de escribir en España para dos medios especializados en educación.

Podría sentirme muy orgulloso de estos 30 años. Pero no lo sé. No tengo en un archivo ordenado los artículos escritos durante ese tiempo, ni siquiera estoy seguro de tenerlos todos.

Podemos saber cuándo y cómo empezamos una aventura, pero no siempre cuándo y cómo terminará. Espero contarles cómo cerró esta que hoy comienza, y que tenga final feliz.